Por: Laura Panqueva

Así arrancó Arco Colombia

Por estos días el arte colombiano marca la agenda cultural de la capital española. La muestra nacional se ha convertido en el abrebocas de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo.

2015/02/22

Por Laura Panqueva


Por: Laura Panqueva

Las exposiciones colombianas, que se inauguraron entre el 19 y el 20 de febrero, destacan la diversidad de lenguajes y aluden a la cotidianidad de los artistas, a sus comienzos y trayectorias, pero sobre todo a la concepción que tienen ellos de las dinámicas sociales populares, urbanas y rurales que habitan en nuestro país.

Lo más llamativo de esta primera etapa de Arco Colombia es ver cómo las obras de arte se integran a ciertos espacios que parecen deshabitados, pero que viven en una constante marcha cultural. Esto sucede, por ejemplo, en La Tabacalera, un centro que conlleva historia y que permanece abierto a todo el que quiera crear. Allí, en uno de los pabellones del primer piso comienza “Acorazado Patacón”, la exposición de un grupo de artistas colombianos emergentes, que produjo la mayoría de sus obras con ciertos objetos olvidados en algún rincón de la edificación.

José Olano, por ejemplo, construyó su obra con muebles inutilizados. El artista contó que estuvo paseando en el segundo y tercer piso, viendo qué elementos encontraba. “Con las sillas y mesas que escogí –cuenta– hice estructuras inestables, que pueden evolucionar. En esta ocasión, algunos elementos quedarán suspendidos en el aire”.

Por su parte, Juan Sebastián Cárdenas, comisario de la exposición, le contó a Arcadia que tanto Olano como Felipe Arturo –quien fabricó una suerte de baldosas pequeñas con el tabaco olvidado–, y Alejandro Mancera –autor de la intervención caracterizada por patrones geométricos de la arquitectura popular nacional–, jugaron con los elementos dispuestos en el espacio, pues la idea era hacer, tanto con ellos, como con los demás artistas, “un pequeño muestrario de los distintos lenguajes que conviven ahora mismo en el arte contemporáneo emergente”.

 
Por: Laura Panqueva

Cárdenas explicó que el título de la obra consiste en un juego de palabras que, además de aludir a la película del cineasta ruso Sergei Eisenstein, El acorazado Potemkin, se refiere a “esa especie de condición extraña de nuestro país de extraer las materias primas, y a esa idea de producción que se refleja en la noción del arte contemporáneo”.

Los frutos y riquezas que nacen de la naturaleza colombiana y en esencia de los paisajes que allí se despliegan, también, en “Muestrario”, la exposición del dibujante José Antonio Suárez, ubicada en la Casa Encendida, uno de los centros culturales más concurridos por jóvenes artistas.

La exposición, colmada de detalles, se puede descubrir si se mira de cerca. Una joven estudiante manifestó que estaba encantada porque la obra “es directa y contiene arte intelectual que, además de ser bello, conlleva a una reflexión”.

Ella miraba la serie 365, que nació en 1994 del diálogo entre el escritor Héctor Abad Faciolince y José Antonio Suárez. El proyecto consistía en que Suárez realizaría un dibujo diario que Abad Faciolince acompañaría con sus escritos. Y aunque la colaboración no llegó a completarse, según el artista “porque el segundo mes el escritor se fue de viaje y después le pareció que 60 dibujos eran demasiado”, la serie quedó finalizada.

 
Por: Laura Panqueva

Otras de las obras que se reactualizan en estos espacios pertenecen a la exposición “Todo está muy caro. Declaraciones de mercado”, del maestro Antonio Caro, pionero del arte conceptual en el país.

La muestra que, según la guía, “traza una mirada crítica-cínica sobre las sociedad del “tercer mundo” y su afán por seguir modelos de consumo foráneos”,  se ubica en el Espacio Trapézio, del Mercado de San Antón.

En esta tienda la claridad se abre paso por los ventanales, lo que permite vivir un contraste intencional entre los alimentos que se venden allí y las manifestaciones artísticas de Caro, relacionadas con los precios de la comida y los nombres de algunos de los elementos que hacen parte de las culturas autóctonas de Colombia, como el maíz y el achiote.

Caro, quien deambulaba por la exposición, contó por qué escogió estas creaciones y no otras: “Comencé a diseñar una exposición antológica con las obras que tuvieran una fácil lectura para el público español, pues aunque tenemos el mismo idioma las situaciones son muy diferentes. Lo mío está pegado a la realidad colombiana y por eso se escogió algo que tuviera una lectura fácil, en el sentido lingüístico”.

Así como el artista, quien desea aprovechar su visita a Madrid para recorrer ARCO, los espectadores que asistan a este gran encuentro cultural tendrán la oportunidad de ver lo que Caro valora más: la creatividad.

 

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