En Pereira, del 16 de septiembre al 14 noviembre, el Salón Nacional de Artistas.

Inquietudes (sin preguntas ni respuestas) sobre el 44 SNA

En Pereira se inauguró el evento de arte más importante del año, que irá hasta el 14 de noviembre. En su inauguración un personaje se robó la atención del público. Luis Apolinar y su ataque al Salón.

2016/09/19

Por Sergio Rodríguez

Luis Apolinar llegó con un pequeño parlante. Conectó una memoria USB. Encendió el reproductor y esperó. Sentados, los asistentes escuchaban las palabras del moderador de la inauguración de AÚN 44 Salón Nacional de Artistas, quien invitaba a cada uno de la mesa sobre el escenario del auditorio del Museo de Arte de Pereira, a tomar el micrófono y decir algunas palabras. Todos tenían sus discursos preparados. Todos comenzaban igual. La ministra de Cultura, Mariana Garcés; el gobernador de Risaralda, Sigifredo Salazar; el alcalde, la directora artística. Insoportable protocolo, insoportables discursos. Luis Apolinar, un artista que no calificó al salón, seguía esperando. En una de sus manos, un montón de papeles cafés. Subió el volumen al máximo. “¡Eres epopeya de un pueblo olvidado!” y las cabezas del público giraron buscando el sonido. En el escenario se miraban unos a otros, sin saber qué pasaba.

En el acto condecoraron a la ministra de Cultura dos veces: Orden Cruz de los Fundadores en el Grado de Caballero y la Gran Cruz en la Orden Orquídea. ¡Dos veces! Incluso la ministra dijo que no era necesario tanto reconocimiento. Solo está cumpliendo con su trabajo. Agradeció y las incómodas caras del gobernador y del alcalde se reunieron en una mirada mientras el público aplaudía la sinceridad de Garcés.

Citando a Marta Traba, el gobernador afrimó: “el salón es el termómetro del arte contemporáneo en Colombia”. Luego, en contravía, habló Rosa Ángel, directora artística del Salón. Recalcó: “este no es un termómetro. Es un salón que invita a pensar, donde los artistas muestran sus versiones de la realidad frente a la política, cultura, sobre todos los temas que ellos quieran plasmar". Ya estuvo bien, la argentina lo dijo hace 40 años, ya no es un termómetro (que bien alto estaba en Pereira), ya no es una vitrina: es un salón que busca reflexionar y consolidar procesos y proyectos artísticos en el país, que busca descentralizar al arte y su influencia.

Mientras tanto, Apolinar entregaba a los asistentes un panfleto

Luis Apolinar presenta:
HILARIDAD
Con la inclusión de los desplazados "ARTISTAS MARGINADOS"
CRONOGRAMA:
1. Cosificar a los artistas (un arte de base sin artistas).
2. Curaduría Salones Regionales (Curators)
3. Corografía del salón “Ministerio de cultura”.
4. Inquietudes (sin preguntas ni respuestas).
5. El salón Nacional casi se pierde. “Falso positivo”.
6. Puro arte de consumo. Diagnóstico: Continuar con la terapia “una nueva exposición colectiva”

Algunos aplausos y nadie sabía qué pasaba. No sabían de dónde venía ese pintoresco personaje con su sombrero y camiseta negra. Le dieron un par de segundos y el maestro de ceremonias, haciendo mala cara, habló duro y trató de seguir con el orden del día. Aún faltaban las últimas palabras y quedaría instalado el 44 Salón Nacional de Artistas. Pereira, desde 16 de septiembre hasta el 14 de noviembre, es la sede del Salón Nacional de Artistas; la primera vez que el salón llega -y se limita- a una ciudad intermedia.


Panfleto de Luis Apolinar

*

Un taxista decía que Pereira es una finquita, una vereda, no una muy grande. Hablar de una ciudad sería sólo una impresión, el remedo de una postal desdibujada por la falta de memoria. ¿Cómo poner en palabras sus calles atiborradas?. Plaza de Bolívar, Plaza de la Libertad, parques pequeños de nombres grandilocuentes. Bolívar y las palomas en su eterno idilio, sobre su cabeza, sus manos, su torso desnudo. Andenes truculentos, tramposos, atiborrados de zapatos, películas, libros, cigarrillos, gaseosas en neveras, sillas de ruedas motorizadas -sobre ellas sus dueños recorren la carrera Séptima buscando compradores-, chucherías, casinos en cada cuadra (conté 8 en una pequeña caminata), panaderías, droguerías y para qué seguir enumerando. Dicen que Pereira es comercio, yo diría que el comercio no deja caminar en Pereira.

El Salón tiene seis sedes y la mayoría quedan en el centro, se puede ir de una a otra caminando. Un recorrido sencillo que podría comenzar así: en la carrera Séptima con calle 17 está el edificio del Antiguo Club Rialto que reúne obras en sus tres pisos de paredes blancas. Obras en el piso, en medio de la sala. Obras cuelgan del techo. En el primer piso, una horrorosa limusina envuelta en papel regalo rojo y un moño amarillo, unos troncos en pequeños pedestales se movían vibrando, también había guadañas de motor con azadones en vez de su hojas de corte. Pretenden reflexionar sobre el paisaje y el territorio. En el segundo piso un paisaje negro de varios metros cubre una pared, una obra gigantesca de un mar o un cielo ofuscado en oscuridad. Frente a este un par de llantas, a su lado varias serigrafías que cuentan los procesos subversivos de Sendero Luminoso en Perú. Algunas fotografías y una acuarela de Débora Arango. En el tercer piso dos salas maravillosas, una rosada que muestra el trabajo de dos artistas peruanos que buscan resignificar el arte como ente participante en la violencia sobre el cuerpo, sobre los otros y sobre las instituciones. Frente a las fotografías, espectadores de vistas rápidas y caras sorprendidas no se quedaban mucho tiempo ante hombres desnudos o con hábitos de monjas que violentos y fornicadores incomodaron. En otra pequeña sala, varios televisores proyectaban un documental sobre la prostitución en zonas de conflicto.

Después hay que caminar, hasta la carrera 6 con calle 22, al Centro Colombo Americano, que tiene una muestra más pequeña. La obra de 6 artistas se reúne bajo la premisa ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo, un relato desde las cosas’. En una pequeña casa de madera -un cubo, más bien-, varias casitas pequeñas aparecen en estanterías, territorio dentro de un territorio, memoria en la memoria. A su lado, una obra de Luis Roldán en la que anuncios de venta de casas sobre una pared se conectan con hilos rojos. También un video en el que una puerta abierta ve pasar la luz cambiante de una ventana.

Saliendo y a dos cuadras, la Alianza Francesa rinde homenaje a dos de los pioneros del performance en el país, Álvaro Herazo y Alfonso Suárez, quienes en los años setenta y ochenta en Barranquilla irrumpieron con sus curiosas acciones. Por ejemplo Proyecto para sellar el mar, en el que Herazo vacía costales de cemento en la playa. Dos costales de cemento y cuatro fotografías quedaron del performance. De Suárez también hay fotografías de Pesadillas e un Hombre Rana, en las que se ve la metamorfosis del personaje. En medio de la sala, una cruz de tierra y una lápida: ‘Tierra Sagrada’.

Ahora hay que coger taxi y después de 4.500 pesos llegar al Museo de Arte de Pereira. En la entrada del museo un James enorme con la cara en el pecho, una guarrada kitsch. Dentro del museo, en el sótano, un videoarte reflexiona sobre el agua y las represas que se unen al paisaje con los años. Una montaña de cemento y baldosas hace las veces del Parque de los Nevados. En la sala principal del primer piso, un mural sobre las minas en Marmato, una instalación de Luis Roldán y un objeto escultórico de Juan Fernando Herrán, ganador del premio Luis Caballero del año pasado. En el último piso del museo, una pared es derruida por partes para formar un mapamundi, en el suelo los escombros, una bella obra de Mario Opazo que muestra los yacimientos de oro explotados por el hombre. En medio de la sala tres: esculturas de Fredy Alzate que recuerda la topografía de esas minas ilegales que debajo de casas buscan oro, siempre oro.

*

Apolinar seguía repartiendo sus panfletos, su parlante hablando solo. Quería despotricar del salón, de lo acartonado del acto y de sus acartonados discursos. “Veo que el Salón Nacional se convirtió en un mercado del arte. Sólo es compra y venta. Quería catalogarlos como unos mercaderes de arte. Los pongo en alta categoría y los bajo a lo más bajo, que es el perifoneo”, me contaba un par de horas después. Habla un poco rápido, sin acento. Ya no se veía su camiseta negra, la cubría con un saco gris. Le sudaba la frente y miraba con desconfianza a su alrededor, caminaba por el edificio del Antiguo Club Rialto, que tiene la muestra más grande de las obras participantes en el Salón. Repartía sus panfletos, sudaba.

Uno que otro cuchicheo se escuchaba y nadie prestaba atención al maestro de ceremonias. Estaban concentrados en Apolinar, en su parlante lanzando puyas a la organización del salón, a los curadores, esos que le dijeron estaría en el Salón Nacional después de participar en los regionales. Apolinar preparó por 8 meses su intervención. Rosa Ángel dijo: “demos la bienvenida a los artistas” durante su discurso y era la oportunidad para este hombrecito de no más de 1,65 de altura. Pero la policía llegó, siempre la policía. Primero uno se le acercó y le dijo que debía retirarse, que apagara el parlante. Llegó otro y le quitó la memoria del aparato. Nadie decía nada y un asistente aplaudió. Nadie quiso seguirlo y la policía sacó del recinto a Apolinar. Le dijeron que se dejara de ‘chistesitos’, que ya estaba muy grande para esas cosas.

Es como una fiesta de 15, le escuché decir a un periodista a la salida del acto inaugural. "Es como cuando el papá y la mamá de la niña preparan la fiesta, endulzan a todos y todo es dicha, condecoraciones van y vienen hasta que llega el borracho y daña la fiesta". Apolinar pareció dañarles la fiesta, pero seamos sinceros, fue lo más lindo de la inauguración de AÚN 44 Salón Nacional de Artistas. No las condecoraciones.

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