Historias Wiwa I (2015). Papel de colgadura. Beatriz González. Foto: Cortesía Casas Riegner.

Beatriz González, repetir para no olvidar

El jueves 18 de febrero se inaugura Reiteraciones (1981 – 2015) en la galería Casas Riegner. Una retrospectiva de Beatriz González que refleja el esfuerzo de la artista por luchar en contra del olvido.

2016/02/18

Por César Rojas Ángel

El 6 de octubre de 2014, un grupo de indígenas wiwa en la Sierra Nevada de Santa Marta se reunió en la Maloka de la comunidad para discutir el plan de salvaguarda indígena. Aunque la maestra Beatriz González recuerda que le contaron que los wiwa discutían si debían acoger la tecnología o no, si deberían tener teléfonos celulares, por ejemplo.

Afuera había una tormenta eléctrica. Un rayo impactó la Maloka. El taita Marcos, cuenta la maestra González, vio una luz blanca y luego vio todo rojo. Murieron 14 indígenas. La foto de la Maloka hecha cenizas salió en el Diario Hoy del Magdalena y la maestra Beatriz González, fiel a su estilo, la convirtió en ícono, en la repetición gráfica de un episodio para que no se olvide tan fácilmente: Historias Wiwa I.

Pero el episodio le exigió a González ir más allá. Buscó unas fotos previas a la tragedia para representar otro momento, cuando los indígenas estaban celebrando que eran candidatos a convertirse en patrimonio de la Unesco. También buscó en sus vidas cotidianas, en el desplazamiento, en las caminatas en la Sierra.

En medio de esa búsqueda, la maestra se encontró una foto de Guillermo Torres, reportero gráfico de Semana, en un artículo de Semana Sostenible:

El trueno está bravo

"Habrá mayores desastres naturales si los hermanos menores no le devuelven a la naturaleza todo lo que le han quitado"


A la izquierda, la foto de Guillermo Torres publicada en Semana Sostenible, a la derecha, Historias Wiwa II de Beatriz González.

González tomó la imagen que acompañaba este artículo en el que los mamos pronosticaban tiempos difíciles  y la reinterpretó, la convirtió en Historias Wiwa II  e Historias Wiwa II, Papel de colgadura.

Estas piezas hacen parte de Reiteraciones (1981 – 2015), la retrospectiva de la artista que se inaugura el jueves 18 de febrero en la galería Casas Riegner.

“Las reiteraciones son para la reflexión. Yo siempre me pregunto por qué la reportería gráfica, tan maravillosa que tenemos y tan premiada universalmente, no tiene efecto en el público. Uno mira el periódico, ve una imagen maravillosa, y al otro día uno lo bota tranquilamente”, dice la artista.

“Yo pienso que al reiterar esa imagen de la prensa, al partir de la reportería gráfica, y hacer no solamente un cuadrito al óleo, sino volverla papel de colgadura, volverla lápidas, volverla una cantidad de cosas, eso obliga a una reflexión”, añade.

De ahí la idea de Reiteraciones, que como explica Paula Bossa, curadora de la muestra junto a José Ruiz, siempre ha estado de una forma u otra en la obra de González. No en vano hay tres versiones de Los suicidas del Sisga, la obra que disparó su carrera en 1965.  

Pero su trabajo también es una constate reflexión estética desde la cultura popular. Por eso toma referentes nacionales como la imagen de Julio César Turbay o Belisario Betancur. Por eso, también, su principal fuente de trabajo son las imágenes que se encuentran en los diarios.

“Me inspiro, no en la reportería gráfica extranjera, sino en la reportería gráfica del país. De los periódicos, particularmente de Santa Marta, donde paso bastante tiempo. Y ahí nació la reflexión sobre los wiwas”, cuenta la artista. Esta comunidad, añade, es una de las más antiguas y las más afectadas por las siembras del narcotráfico.

Con respecto al periodo escogido para la exposición que se inaugura el 18 de febrero en Casas Riegner, Bossa explica que en los ochenta la maestra González asumió un tono crítico, irónico y quizá burlesco. Este se evidencia en el Plumario Colombiano (1983), en el que se repiten una y otra vez, en una serigrafía de 0.5 por 5 metros, las imágenes de un líder indígena junto a las fotografías de Belisario Betancur, Julio César Turbay Ayala y Carlos Lleras Restrepo (todos con coronas de plumas indígenas).

Pero algo cambió. “A ella la impactó la toma del Palacio de Justicia”, cuenta Bossa. Ahí deja de reírse y empieza a llorar. Desde entonces su crítica es más directa, quizá cruda.

Dentro de esta nueva exposición, por ejemplo, además de la tragedia de los wiwa, hay una serie de cenefas y otras piezas que están inspiradas en el drama de los colombianos expulsados de Venezuela el año pasado. Y en parte esa revisión constante al día a día es su mejor herramienta para mantenerse vigente. "Es una artista que le afecta lo que el país ha vivido -añade Bossa- y eso logra transmitirlo en su trabajo".

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