'Erre' artista urbana / Foto: Ana Vallejo

Tras las nuevas facetas de Nariño

A través de una intervención urbana a cargo de los grafiteros Toxicómano, Erre y Lesivo, la Biblioteca Nacional presenta una reinterpretación de la figura de Antonio Nariño. ¿Conocía usted estas tres facetas del prócer?

2015/08/16

Por Mónica Jaramillo Arias

No es extraño que gran parte de las nuevas generaciones no recuerden en toda su magnitud el legado que dejó al país la figura de Antonio Nariño, un personaje  que además de político y militar, fue conocido por traducir la Declaración de los Derechos del Hombre. Este personaje también fue un ávido periodista, pensador, lector, impresor y humanista. Y aunque la mayoría lo recuerdan como el gran prócer de la independencia, en sus años de adolescencia Nariño fue como muchos jóvenes de hoy: apasionado por explorar las ideas modernas y  por desarrollar su espíritu librepensador en un país donde no existía la libre expresión.

250 años después de su nacimiento, sus pensamientos aún siguen vigentes. Por esta razón, la Biblioteca Nacional de Bogotá, en compañía de tres artistas urbanos, decidieron renovar el imaginario que se tiene sobre él, transformándolo en un joven del siglo XXI. La nueva figura del prócer, que se encuentra personificada en los tres murales del pasillo central de la Biblioteca Nacional, presentan con una mirada fresca sus facetas de periodista, lector e impresor.

“Ahora o nunca. Las ideas son para divulgar”

Aunque antiguamente ya se han realizado dos intervenciones artísticas en el hall central de esta biblioteca, el homenaje a Antonio Nariño es el primero que ha estado en manos de artistas urbanos. Con una experiencia de al menos cinco años en proyectos a gran escala, Erre, Lesivo y Toxicómano se encargaron de la producción artística y gráfica del conjunto de murales que llevan por nombre “Ahora o nunca. Las ideas son para divulgar”.

Según los artistas, además de homenajear al prócer, la idea de la exposición es invitar a que la gente divulgue sus ideas, pues ahora que “hay tantas herramientas, la gente debe aprovecharlas”. Para Lesivo y Erre, Antonio Nariño fue un ejemplo de ello y consideran lamentable que “con los instrumentos que existen hoy día, los medios se desperdicien o se llenen de información basura”.

Es así como en tres muros de doce metros de alto y nueve de ancho, cada uno de los artistas retrató una faceta del librepensador a través de la técnica del esténcil.

'Toño’, el periodista


Foto: Ana Vallejo

El Nariño periodista es el mural central de la exposición. Lleva como eje principal la comunicación, pues aunque no se le recuerde principalmente por esto, el santafereño jugó un papel muy importante en la creación de la prensa y periodismo en Colombia. Se dice que el libertario, cuando apenas superaba los veinte años, fue uno de los personajes anónimos que hizo parte de La Gaceta, uno de los primeros informativos que circuló en el país y al que se le atribuye la posterior conformación de la opinión pública. Años después, Nariño estaría al mando de La Bagatela y Los Toros de Fucha, diarios que pronto entraron en conflicto con los ideales virreinales y por los que tuvo que ir a la cárcel.

Honrando esta lucha por la libertad de expresión, y con un predominante color amarillo, Toxicómano construye al personaje de Toño, un joven punk que lleva colgados en su chaqueta una cantidad de símbolos. Frases como ‘Leer es sabroso’, ‘Book’s not dead’ y ‘Carpe Diem’ evocan, mediante un lenguaje moderno, la continuidad a través del tiempo de las libertades y los derechos que promulgó Nariño.

‘Toño’, el  lector


Foto: Ana Vallejo

Erre, la única mujer del grupo, crea también su personaje basada en las culturas urbanas e inspirándose en el hip-hop. Es así como alrededor de su personaje están presentes elementos musicales: audífonos, reproductores y una grabadora. De igual manera, se puede ver un retrato del pensador francés Montesquieu intervenido con una gorra. En el diseño, donde predomina el color rojo, el personaje de ‘Toño’ se encuentra leyendo, rodeado de una cantidad de libros que en su lomo permiten ver el nombre de los escritores y pensadores que inspiraron al Nariño del siglo XVIII.

Como se conoce, Nariño era considerado uno de los personajes más ilustres de la época. Entre las bibliotecas de su tío, Manuel de Bernardo Álvarez y la que heredó de su padre, el prócer pasó la mayor parte de su niñez desarrollando su educación autodidacta. Como provenía de una de las familias más importantes y adineradas de Santa Fe, era dueño de una  de las doce bibliotecas más grandes de la ciudad, cuyo número de títulos oscilaba entre los 3.000 y 6.000 ejemplares. A diferencia de las demás bibliotecas de la época, la suya se caracterizaba por la compra y venta de libros. Además era el lugar donde se reunían los personajes de la élite que posteriormente presidieron las guerras de independencia. Allí también se atesoraban libros prohibidos por la inquisición.

‘Toño’, el impresor


Foto: Ana Vallejo

El tercer bosquejo intervenido por Lesivo representa la faceta de impresor. Allí se reconstruye el momento justo en el que Nariño traduce la Declaración de los Derechos del Hombre, el papel por el que tuvo que pagar cárcel y por el que sacrificó la mayoría de sus bienes y familia. Bajo un azul que hace honor a nuestra bandera, el artista dibuja a Nariño en su imprenta y se pueden apreciar en la obra pequeños extractos del texto.

Con respecto a esta faceta del pensador colombiano, es importante resaltar que fue uno de los primeros colombianos en tener una imprenta. Desde que vio por primera vez el invento, este personaje se propuso montar un taller donde pudiera imprimir sus propios textos. Nariño abrió las puertas de la Imprenta Patriótica, la segunda de la ciudad y la primera en divulgar un contenido laico que no era financiado por la iglesia ni por el virreinato. Allí imprimiría la Declaración de los Derechos del hombre en 1793, acto que le costaría muchos años de persecución política.

*

Bajo las premisas de "Infórmese, imprimase y publíquese” se sintetiza la idea de la exposición. Esta estará acompañada de unos fanzines y una selección de 17 fotografías donde los artistas traducen, a través de un lenguaje urbano, los Derechos del Hombre. El tríptico permanecerá en las paredes de la Biblioteca Nacional hasta marzo del próximo año y tendrá su inauguración oficial el próximo martes 18 de agosto.

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