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Cali es Cali

¿Que del Cali de los años setenta no queda nada? A partir del próximo 20 de noviembre hasta finales de enero del próximo año, la ciudad será sede del Salón Nacional de Artistas. Una exposición que promete cambiar el panorama cultural de la capital del Valle del Cauca.

2010/06/30

Por María Alejandra Pautassi

Andrés Caicedo y Óscar Muñoz coincidieron por primera vez en el coliseo del Colegio Santa Librada de Cali. Era 1965 y ambos debutaban en un Festival Estudiantil de Artes, el primero representando un monólogo político, La piel de otro héroe, parodia de Alberto Lleras Camargo, el otro con una serie de dibujos hechos por un aficionado. Años después, siendo ya amigos se convertirían en los símbolos de una época. La época del Museo de Arte Moderno La Tertulia (cuyo modelo —todavía se oye decir en la ciudad— fue el mismo que años después Marta Traba usó en el mambo); la época de las Bienales de Artes Gráficas, la de los Festivales de Vanguardia de los Nadaístas, de lecturas en el sótano de la Librería Nacional en el Parque Caicedo; la época del cine caleño, de Luis Ospina cuando llegó de estudiar en Los Ángeles, de Enrique Buenaventura y su escuela de teatro, de la generación de artistas de la galería de arte Ciudad Solar. De esa época, si embargo, hoy no queda sino el recuerdo. Los años 80 y el arrasador fenómeno del narcotráfico no solo cambiaron la arquitectura de la ciudad, la forma de hacer y comprar arte, sino los protagonistas. El espectáculo y el dinero fácil monopolizaron la ciudad.

Este año, Cali será la sede del 41 Salón Nacional de Artistas, el primero de su tipo desde la recordada época. Diecisiete exposiciones de los 12 salones regionales que durante este año han recorrido toda Colombia, estarán expuestos en 22 casas culturales del centro de la ciudad hasta enero del próximo año. Lo mismo, básicamente, del pasado Salón Nacional de Artistas. Lo mismo, salvo un par de cambios. Además de asociarse con el ya tradicional Festival de Performance de Cali, a estas exposiciones se les sumaron otras de los mejores artistas colombianos y extranjeros. Artistas colombianos como François Bucher, los mejores que ha dado Cali como el fallecido Fernell Franco, Pedro Alcántara y Ever Astudillo, y artistas extranjeros controvertidos y recordados como la argentina Marta Minujin (la que perfumó las calles de Buenos Aires poco después de que cayera la dictadura) exhibirán al lado de las curadurías regionales.

Desde noviembre del año pasado, un comité curatorial conformado por Óscar Muñoz, Wilson Díaz, José Horacio Martínez, Bernardo Ortiz y la argentina Victoria Noorthoorn, curadora de distintas bienales de todo el mundo, han visto las curadurías regionales, muchas veces en sus lugares de origen, las han estudiado y han discutido las distintas propuestas para dividirlas en tres núcleos temáticos y conceptuales. El primero, títulado La imagen en cuestión, incluye obras que problematizan la noción de arte como representación de la realidad; el segundo, Presentación y representación, las que tratan la posibilidad que tiene el arte de representar una realidad socio-cultural; el tercero, Participación y poética, sobre las prácticas artísticas que muchas veces se confunden con la acción social; y todas, problemas y reflexiones del arte contemporáneo.

La idea es que cada uno de estos núcleos se lea como capítulos de un mismo libro, que el público tenga una imagen clara de la totalidad —y diversidad— de las curadurías regionales por separado y en conjunto, y que no se repita el caos y desorden del 40 Salón Nacional de Artistas de hace dos años en Bogotá. Después de todo, dice Jaime Cerón, encargado de la producción, “como las realidades culturales de cada una de las regiones de Colombia son distintas, sus agendas de trabajo también lo son”. Pero añade: “Aún falta por ver si este ejercicio de trabajo es exitoso o si dentro de un mes vamos a estar pensando qué es lo que hay que hacer dentro de dos años”. Y como él, la comunidad artística de Cali (incluidos los miembros del Comité Curatorial) están de acuerdo con que aún está por ver si este Salón tiene la claridad y la acogida esperadas.

En realidad no es difícil afirmar que este es un proyecto ambicioso. Tampoco es difícil asociarlo con el MDE07 (el Festival Internacional de Arte de Medellín que se realizó en el 2007). Si el año pasado en Medellín se realizaron más de 65 exposiciones en 20 museos, galerías y casas culturales durante tres meses, además de unas 30 intervenciones en la ciudad, el Salón está planteado para mostrar una gran cantidad de obras que, por su magnitud, solo pueden ser exhibidas en distintas salas. Pero más que por su despliegue geográfico y temporal, en el desarrollo de este Salón se ven las lecciones que dejó el MDE07, especialmente en la novedosa propuesta de acercar el público general al arte conceptual —que siempre se ha visto como arte para unos pocos. “Nos dimos cuenta —dice Jaime Cerón— de que el público real de este tipo de muestras es local, a diferencia de lo que ocurre en las muestras de arte similares en otros países”. Colombia no es un centro del mundo del arte, como lo son, por ejemplo, Venecia y Kassel con sus tradicionales bienales y muestras internacionales, y pareciera que aquí la cultura no es para todos.

Por eso, además de las muestras regionales y las complementarias, este año el Salón incluye 20 estaciones pedagógicas. El objetivo es preparar al público caleño para el encuentro. Desde hace más de ocho meses un Comité Pedagógico ha formado 180 mediadores de arte que, a diferencia de los guías de las anteriores versiones del Salón, no esperan a que el público vaya a las salas para explicarle de qué se trata el asunto, sino que desde hace unos meses ellos mismos van a las comunidades (desde los barrios más pobres y violentos de la ciudad hasta las facultades de Arte) para prepararlos en la experiencia del arte contemporáneo (en Cali, hay que saberlo, y dentro del núcleo Participación y poética, se está hablando de un tipo de arte vivencial en contraposición al arte contemplativo). Según Florencia Mora, coordinadora de este comité, estas estaciones no solo nacieron de la necesidad de preparar a los caleños para la muestra, sino de “dejarle una base social a la ciudad”, cuya autoestima estaba por el suelo, una de las tantas secuelas que dejó el narcotráfico.

Aunque todavía faltan 20 días para que se inaugure el Salón, en la ciudad se respira optimismo. No solo por parte de las instituciones que lo han promovido, sino en el ámbito artístico, académico y hasta en los ciudadanos. Todos, sin excepción, esperan que el Salón Nacional le deje a Cali algo. “No podemos apostarle todo a una contingencia”, dice Luz Adriana López, profesora de la cátedra “Arte y Conflicto Armado” en la recién creada Facultad de Artes de la Universidad Javeriana de Cali. “Con este Salón Nacional de Artistas no queremos que pase lo mismo que en los Juegos Panamericanos de los años 70 en los que se gastó mucha plata, se invirtió en infraestructura, se creó una gran parafernalia para que todo pasara sin dejar rastro”. Y aunque sus resultados no son del todo tangibles ya se percibe que el Salón algo le dejará a Cali. Óscar Muñoz, por ejemplo, dice que se han creado redes institucionales, académicas y artísticas que no se veían desde hace tiempo en la ciudad. Pero lo más importante es que la vida cultural que en otra época hizo famosa a Cali se ha reactivado. Y con algo de suerte se mantendrá. Si algo le dejó el MDE07 a Medellín fue que se abrieran y se hicieran más visibles espacios y proyectos culturales como La Casa del Encuentro, La Jícara, Taller 7 y Tres Patios, que hasta el día de hoy se mantienen activos.

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