La obra Reflejo. Foto: León Dario Pelaez.

El artista que ‘desbloqueó’ la Nacho

El portugués Carlos Bunga interviene espacios de manera particular. Sustrae, añade y copia los elementos más desapercibidos de los museos. Desde el 24 de septiembre se presenta en el Museo de Arte de la Universidad Nacional.

2015/09/25

Por Mónica Jaramillo Arias

Quienes visiten por estos días el Museo de Arte de la Universidad Nacional encontrarán un patio destruído y una  suerte de excavación arqueológica. Una intervención que se apodera con fuerza del lugar y deja latente en el inconsciente  la idea de que algo está fuera de su puesto. Tanto el curador como el artista los llaman “acontecimientos”.

¿Qué están arreglando? ¿Qué están buscando? Son preguntas que pasarán por la mente del espectador.  En realidad, no se trata de ninguna de las dos. Son obras de arte,  más específicamente, intervenciones in situ del artista portugués Carlos Bunga que obligan a prestar más atención a la arquitectura del lugar. Durante años, su trabajo se ha caracterizado por  la necesidad de reinterpretar esos espacios arquitectónicos, a veces olvidados.

João Fernandes, curador de la exposición, explica que al artista portugués le interesa modificar el interior de los sitios a los que lleva su obra. "Carlos trae a ellos la energía de las ciudades y  de lo que ocurre en la vida cotidiana, construye y reconstruye los espacios”. Es por ello que la exposición, inaugurada el 23 de septiembre, lleva por nombre Desplazamientos Síquicos. Un calificativo que según el mismo artista interpela la idea preconcebida que tenemos del concepto desplazamiento. “De una manera u otra, todas las obras que se exponen aquí las desplazo. Es una analogía bonita, teniendo en cuenta el país en el que estamos y el significado que adquiere la palabra aquí”, explica Bunga.


Desplazamiento, Carlos Bunga.

En exposiciones anteriores, el artista acostumbraba a crear monumentos anti-monumentos, a poner objetos en los espacios, pero en esta intervención introduce nuevos elementos. En vez de instalar objetos, lo particular de las obras de Desplazamientos Síquicos es que se caracterizan por substraer, quitar o copiar detalle del mismo espacio.  Donde se subrayan características como las de quitar en vez de añadir. Un aspecto que potencializa la arquitectura del museo y atrae la atención del público, su dos principales objetivos.

“Mi trabajo consiste muchas veces en aceptar un riesgo. Acepto las casualidades que vienen con el espacio. En este proyecto, en particular, el museo me dio la oportunidad de utilizarlo todo. Por eso el resultado es más que todo experimental. Yo nunca había hecho piezas en un lugar abierto,  esta fue mi primera vez y obras como Desbloqueo y Corte son el resultado”.

La exposición funciona como un reflejo y un eco de la propia arquitectura del Museo. Cada obra es un espejo de otra cosa, y en muchos casos, elementos a los que, por lo general, no se les presta atención en los museos (como los techos, las ventanas, e incluso el suelo) son los que inspiran el trabajo del artista. Es así como mediante una interpretación concienzuda y paciente de los espacios, el portugués logra crear un recorrido que juega con el inconsciente del espectador. De modo que los detalles de una sala son cruciales para entender lo que se encontrará en la próxima.


Corte, Carlos Bunga.

La primera obra del recorrido, Desbloqueo, recibe su nombre a partir de la sustracción.  Como explica el artista, “literalmente los bloques han sido sacados y transferidos a otro lugar”. Es una intuición de Dunga por proyectar la sensación de ausencia de un objeto y de destrucción. “Si extraigo un elemento de acá, tendrá que verse reflejado allá”.

Corte, el segundo trabajo de la exposición, también hace referencia a la ausencia, pero más que nada a la obsesión que, según Dunga, tiene nuestra sociedad con la búsqueda de respuestas. Nuestro origen y nuestro futuro.  Así simula un campo arqueológico donde sustrae un fragmento del césped y que de manera instantánea “nos transporta a otra época”, como explica el curador.

Sus siguientes obras se caracterizan por  activar los sentidos de la sensibilidad, y por la idea de expandir la pintura al espacio real. Fascinado por los fragmentos, Bunga obliga al espectador a completar mediante la imaginación algunas de sus obras. “Tendemos a asumir lo que estamos viendo, pero los fragmentos de las cosas nos hacen pensar en algo más que ya ha existido y no vemos. Por fuerza lo intentamos completar, eso nos activa un inconsciente, nos motiva a terminar la imagen y de por sí la obra misma.  Como las pinturas griegas que no tienen algunas partes del cuerpo e instantáneamente las completamos. Eso me parece fascinante”.


En últimas, la obra de Bunga invita a redescubrir el espacio. A crear nuevas relaciones que antes no veíamos. El espectador puede incluso pasear dentro de las obras y, como dice Fernandes, “ vivir una experiencia humana de la arquitectura”.

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