La cubana Omara Portuondo participó en la versión de 2011.
  • Heriberto Fiorillo dirige la Fundación La Cueva y el Carnaval de las Artes.

El otro carnaval de Barranquilla

Hace una década nació un proyecto en el que el acorazado mundo de los festivales culturales toca tierra para interactuar con todo tipo de públicos. Una apuesta que desde entonces ha privilegiado la espontaneidad por encima de la formalidad.

2015/12/11

Por John Better* Barranquilla

En enero de 2007, Barranquilla debutó con un evento que marcaría un antes y un después de los festivales culturales en el Caribe colombiano. El Carnaval Internacional de las Artes surgió como un proyecto que buscaba darle a la ciudad la posibilidad de ser intervenida durante cuatro días por una serie de artistas de diversas escuelas para que compartieran cercanamente sus sentires creativos con los espectadores.

El génesis de este evento nos lleva a una vieja conversación entre el reconocido cronista y director de cine Heriberto Fiorillo y el empresario Antonio Celia. Sentados en un café de la ciudad de Cartagena, Celia se preguntó por qué en Barranquilla no había un evento cultural notable al igual que en Cartagena. Fiorillo, de la manera más espontánea, respondió: “Hagámoslo”. Y en cuestión de un año, estos dos hombres tendrían listo lo que sería el primer Carnaval Internacional de las Artes.

Aquella primera versión nos trajo tímidamente a personajes peculiares de la escena latinoamericana, como la Tongolele, cuya cadera seguía bien aceitada a pesar de su avanzada edad, o el escritor Carlos Monsiváis, que aterrizó a la puerta del oro con su chaqueta cubierta con los pelos de Pio Nonoalco, Carmelita Romero, Evasiva, Chocorrol, Posmoderna, Fetiche de Peluche, y el resto de los 22 mininos que fueron la compañía permanente de este hito de la crónica en español.

Desde ese debut, sus gestores (Heriberto Fiorillo, director de la Fundación La Cueva, y el empresario Antonio Celia) estaban convencidos que de ahí en adelante los invitados que a futuro formarían parte de esta fiesta del pensamiento, que se celebraría en los días anteriores al Carnaval de Barranquilla, tenían que ser personajes únicos e irrepetibles.

“Este es un evento en el que nadie se queda por fuera, una fiesta de locos, de gente creativa, algunos muy conocidos a nivel mediático, otros no tanto, pero no menos importantes, y por ello merecen todo nuestro apoyo”, comenta Fiorillo, mientras sorbe un helado jugo tropical, instalado en una de las mesas de su querida Cueva.

He aquí otro de los fuertes del Carnaval de las Artes. Ante los interrogantes de los asistentes que veían en cartel una serie de nombres que no les eran familiares, Fiorillo se inventó uno de los eslóganes que identifican este evento: “Cuando sepas qué hacen, no querrás perdértelos”. A diferencia de otros eventos que manejaban este tipo de perfil, el Carnaval de las Artes mezcla lo académico con lo carnavalesco, el periodismo en vivo con performances y muestras folclóricas extraídas de nuestra cultura popular.

En 2008, por ejemplo, en el teatro Amira de la Rosa, que estuvo a reventar por la presencia del escritor Femando Vallejo, que esa noche les explicaría a los presentes que nunca renunció a ser colombiano sino a ser paisa, nadie se esperaba que el escritor de La virgen de los sicarios de repente abandonara la charla para sentarse a tocar el precioso piano de cola que la producción del evento había dispuesto “supuestamente” como parte del decorado del escenario.

Quizá ese ambiente de euforia carnavalera permite que ocurran este tipo de cosas imprevistas y espontáneas, o que lo diga el mismo Fiorillo cuando fue sorprendido por la cantante Omara Portuondo, quien lo sacó a bailar en plena charla con ella, o la vez que de un biombo en plena tarima del teatro aparecía una sensual Amparo Grisales para el deleite de sus seguidores.

Otro punto a favor del Carnaval de las Artes es que no está sujeto a que una junta de especialistas imponga un cartel de invitados. Por el contrario, muchos de los creadores (periodistas, productores, cantantes, etcétera) que ya han pasado por allí proponen a su director nuevos nombres para futuras ediciones. Eso ha servido para conocer a maravillosos personajes como el músico brasileño Vítor Ramil, el enigmático escritor mexicano Mario Bellatin, la otrora sensual Sylvia Kristel o la octogenaria cantante cubana Juana Bacallao, que con su desparpajado espíritu burlón y cierta arrogancia puso en verdaderos aprietos al reconocido periodista Antonio Morales Riveira.

Y con el paso del tiempo fueron arribando a Barranquilla una serie de personajes que aun los espectadores recuerdan con agrado, humor o melancolía, como a los fallecidos Pedro Lemebel o Roberto Fontanarrosa. Cómo olvidar al incendiario cronista chileno, encaramado en el escenario con unos tacones de 20 centímetros gritando su escandalosa arenga que “ser pobre y maricón es peor que cualquier cosa”, o al argentino más divertido de la historia reciente, satirizándose a sí mismo desde una silla de ruedas.

Lo estrafalario y la llamada “intelectualidad” danzan la misma cumbia durante cuatro días en la Arenosa. Por ello no es raro que usted pueda ver al legendario director de cine Tinto Brass bailando una puya con quien se oculta bajo el disfraz de la “fundillo loco”, o todavía más insólito: los más serios periodistas del país y Latinoamérica persiguiendo a la superfreak cantante peruana, Judith Bustos, más conocida como la Tigresa del Oriente, para hacerse una foto a su lado.

A un tipo de evento que por su naturaleza se asocia con salones y helados teatros donde señores vestidos de blanco o gris ratón van a hablar durante horas como “cotorros mojados” y cuya parla termina siendo el más efectivo de los somníferos, Fiorillo le ha impreso al suyo color, alma y ritmo.

“Con el Carnaval de las Artes, si bien hemos querido que la gente descubra otros mundos a partir de nuestros invitados, o creadores de carnavales de otras latitudes, deseamos que vuelvan a conocer el carnaval propio, que se adueñen de su fiesta, que sepan de dónde viene y hacia dónde se dirige, que redescubran la importancia del disfraz, ese otro que percibe al mundo desde la mascarada”, comenta Fiorillo.


La cubana Omara Portuondo participó en la versión 2011.

Un valor agregado de este espectáculo artístico está en que sus organizadores han atraído la atención del público no solo con una atractiva nómina de invitados cada año, sino que han establecido con este una serie de pactos que le permitan disfrutar de manera gratuita los diferentes momentos que se viven durante su ejecución. Por ejemplo, los estudiantes universitarios y de colegios tienen prioridad a la hora de entrar a las funciones; también los disfrazados, cuyo atuendo carnavalero equivale a lo que en otros eventos sería dinero contante y sonante por una entrada.

Fantástico carnaval

En 2009, durante la tercera edición, Fantástico vio la luz.

“Había que pensar en los futuros hacederos de las fiestas y las reflexiones: los niños. Y por ello nace Fantástico, una forma de involucrarles desde temprano en estos movimientos”, comenta Fiorillo.

Fantástico es un festival alterno al Carnaval de las Artes, con una programación especial pensada para los niños, donde la lúdica y el aprendizaje son los motores que impulsan su creación. Un pequeño mundo de las maravillas en el que el público menor de edad puede interactuar junto a sus padres y las diversas expresiones artísticas que allí se dan cita desde entonces.

Para esto fue necesaria la concertación de un grupo de artistas especializados residentes en de distintas partes del país y el extranjero. Títeres, ventrílocuos, magos, niños músicos del folclor Caribe han compartido con padres e hijos sus saberes. Es preciso mencionar que los menores asistentes a estas actividades son premiados con libros, cuadernos y material didáctico.

Que diez años son nada…

El Carnaval Internacional de las Artes cumple en 2016 una década desde su creación. Su director, Heriberto Fiorillo, lo toma con calma. Se distancia un poco de la idea de “tirar la casa por la ventana”; para él no hay afanes.

“Será la décima versión. Hay invitados increíbles, como en las ediciones anteriores. Puedo adelantar a uno de los que más hemos esperado: el comediante Ennio Marchetto, a quien le insistimos durante cinco años consecutivos, un genio. Solo miren sus performances en YouTube. Otros invitados son Ángeles Mastretta; Xavi Ayén (Aquellos años del boom); el músico, escritor y humorista uruguayo Leo Maslíah; la escritora argentina de historias antiprincesas Nadia Fink; el salsero portorriqueño Johnny ‘el Bravo’ López; el comediante italiano Leris Colombaioni; Las Reinas Chulas, artistas mexicanas de cabaret; Robinson Díaz; Álvaro Barrios; Carlos Duque; Victoria Sur; Bugs Bunny; Sidestepper; Aníbal Velásquez...

Con o sin velitas de aniversario, el X Carnaval Internacional de las Artes se acerca con sus artistas, sus disfrazados, sus músicos, sus freaks y su bembé. Una vez más, la ciudad que “florece para todos”, según su clase política, se sentará a reflexionar y después a gozar, o ambas cosas al tiempo.

¿Por qué no hay que perderse esta décima versión?

“Porque es un festival único, interdisciplinario, académico e informal, a la vez que se parece más a lo que somos: seres humanos, curiosos y cambiantes. Un festival que es carnaval, figúrate, donde la reflexión es espectáculo y está prohibido aburrirse”, dice Fiorillo y se acomoda sus célebres gafas oscuras.

El Carnaval Internacional de las Artes es un evento sin divismos, sin la inmaculada aureola de la intelectualidad acorazada. Aquí, El pensador de Rodin se levanta de su sueño de bronce de hace siglos, se ciñe un tocado de congo y sale a la calle; luego regresa, quizá con resaca, y se sienta sobre su piedra para reflexionar sobre todo lo que en cuatro días de arte y carnaval le ofreció una ciudad que, más que florecer, renace para todos.

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