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Cerca de la revolución

Una generación reunida alrededor de una revista de arte alemana cambió la manera de abordar el arte e impuso lenguajes que hoy parecen corrientes. Parte de los artistas allí reunidos, con nombres hoy de sobra conocidos como Joseph Beuys o Gilbert & George, exponen su obra en el Museo de Arte del Banco de la República.

2010/03/15

Por María Natalia Paillié

En 1968, durante una de las primeras ferias de cine que se realizaban en la ciudad de Colonia, el gobierno alemán les pidió a algunos artistas, entre ellos Wilhem Hein, que participaran de alguna manera en dicha feria. Estos artistas encontraron una estación de tren a medio terminar, y decidieron que ese era el espacio idóneo para programar una serie de proyecciones, conciertos musicales, talleres y exposiciones de arte y video. A la noche de la inauguración asistieron más de 2.000 personas. El caos fue total. La policía se vio obligada a cerrarlo indefinidamente. La gente del barrio se pronunció respecto al incidente, abogando por la reapertura del espacio, pero el gobierno se negó a conciliar algo con estos “locos, incitadores” y “revolucionarios”.

En junio de ese mismo año se inauguró en la ciudad de Kassel, Alemania Occidental, la cuarta versión de la Documenta que, desde su primera versión en 1949, se había consolidado como la manifestación plástica más influyente del mundo por el carácter “actual” de las obras que se encontraban en ella y que, a lo largo de la década de los 50, se había convertido en aval del auge del expresionismo abstracto norteamericano. El consejo de esta exposición, encabezado por Arnold Bode, fue confrontado con un manifiesto realizado por un grupo llamado Interfunktionen Team for Art Psychological Studies, de la ciudad de Colonia. El grupo manifestaba su descontento frente a los criterios de selección de la Documenta, por considerarlos autoritarios y excluyentes, exigiendo la participación de un arte interdisciplinario, de relevancia social y política.

La selección de obras para aquella cuarta versión de Documenta incluía las de los artistas norteamericanos afiliados a las corrientes del Expresionismo Abstracto y el Pop Art, tales como Roy Lichtenstein, Robert Rauschenberg, Andy Warhol y Robert Indiana, entre otros, excluyendo por completo a movimientos como Fluxus y a otras nuevas manifestaciones de formas artísticas que revolucionaban la idea de arte, incorporando diferentes disciplinas y medios de expresión, que no incluían pintura, escultura o instalación.

Lo que no se ve en la exposición

De esta protesta artística e intelectual surgió la revista Interfunktionen, editada en Colonia entre 1968 y 1975, con doce números publicados. En torno a ella se reunió una buena parte de la actividad artística europea de los años 60 y 70. Artistas que en su gran mayoría se encontraban investigando y experimentando (ya fuera de manera individual o en compañía) sobre otros posibles espacios de exposición y creación artística, puesto que no estaban interesados ni en los espacios, ni en los medios tradicionales para exponer y hacer arte.

El fundador de la revista, el psicólogo Friedrich Heubach, la concibió como un espacio libre de discursos críticos y de comercio cultural, abierto a propuestas y escritos de artistas interesados en experimentar bajo el precepto de la improvisación sobre otros medios de aproximación. Con el afán y la necesidad de salir del marco de lo “actual”, estos artistas tomaron el riesgo de liberarse de las garantías que en ese momento ofrecía la modernidad pictórica del imperio cultural norteamericano, herencia de los movimientos de vanguardia que habían transformado la práctica a principios del siglo XX. El carácter interdisciplinario de Interfunktionen, abierto a distintos géneros artísticos y sin restricciones en lo relativo a los medios de configuración plásticos y visuales, permitió la convivencia de diversos objetivos, resaltando y justificando la apertura del arte a todos los campos de la actividad humana, reivindicando así, desde los primeros números, la aproximación creativa europea para establecer una plataforma de diálogo con las tendencias del arte norteamericano. La revista fue un lugar de expresión en el que los artistas pudieron evidenciar su compromiso individual (tanto artístico como discursivo), ejerciendo total libertad de criterio.

Fueron esos siete años en los que se publicó la revista, los que le sirvieron a la historiadora Gloria Moure como marco de referencia cronológico para encerrar el contexto de una generación de artistas experimentales, en una exposición que se encuentra en el antiguo sótano del edificio del Museo del Banco de la República: Tras los hechos. Interfunktionen 1968–1975. Una generación que cuestionó la naturaleza objetual del arte, experimentó abiertamente con el cine, las revistas y el video como espacios y formas válidos de creación y divulgación artística. Una generación de artistas con claras y fuertes posturas políticas, con ánimo revolucionario e incitador, que gravitaron alrededor de los doce números publicados de la revista.

Las obras presentadas en este sótano no pretenden ser una ilustración directa del documento (no correspondan a las que salieron publicadas en la revista), sino que son referentes que lo acompañan. Según Moure, “(las obras) ponen de manifiesto la unidad de espíritu que caracterizaba la época.” La premisa de la exposición es que el corto periodo de aparición de Interfunktionen coincide con un proceso de gestación en el que se concretaron en el mundo del arte unos cambios y aproximaciones que dejaron su huella. Huellas que hoy se pueden rastrear, gracias a su contemporaneidad. Y debido también a que esos cambios, según Moure, siguen presentes en muchas de las actitudes, inquietudes y motivaciones que hay detrás de la creación plástica actual. “Tal vez más que nunca convenga arrastrarlos con su entorno cultural hasta nuestro presente para descubrir lo que hubo detrás de ellos, ya que ese trasfondo no ha variado sensiblemente hasta nuestros días, aunque su visibilidad ha disminuido tras los decorados de un inmenso espectáculo y debido al absentismo de los que no quieren ver”.

La muestra trata de rescatar el aspecto y el material originario de las obras, permitiendo, en algunos casos, que continúen siendo fieles a su soporte original. Incluye proyecciones de cine y video, documentación de acciones, fotografía, instalación, y otras contribuciones de los principales protagonistas de la Academia de Arte de Dusseldorf, como Joseph Beuys y Sigmar Polke así como otros artistas, tanto europeos como norteamericanos, a la vez inquietos y reflexivos, como Marcel Broodthaers, Bruce Nauman y Dan Graham. “El propósito de la muestra es subrayar la importante transformación cultural en la que estas obras se apoyaron como creaciones genuinas que son, a fin de contribuir a que pueda evitarse la alienación de la realidad que amenaza con poseernos y encaminarnos a la decadencia del espíritu, pues esas obras fueron y son ante todo una afirmación de supervivencia a través de la creación”. La exposición incluye más de 100 obras, de aproximadamente 40 artistas, jóvenes en ese tiempo, que luego se convertirían en pioneros de nuevas formas de entender la práctica artística. Esos artistas siguen activos hoy en día, e incluso tres de ellos (Dan Graham, Malcolm Le Grice y Wilhem Hein) estuvieron en Bogotá, colaborando con el montaje de la exposición y participando de una abierta e inquietante conversación en donde pudieron hablar tanto de las motivaciones individuales como de las motivaciones de la época, del sentimiento, la ideología y los intereses en común, de la amistad, de las tecnologías sobre las que indagaban, de las presentes generaciones y el espacio tanto artístico como político que les tocó vivir. Recordaron anécdotas, cantaron canciones, hablaron de los ya desaparecidos y del “club social” que supuso una revista que fue mucho más que eso. Por esto es una lástima que en la exposición no se logre hacer una conexión con la revista diferente o más allá de su función de marco de referencia cronológico, planteado por la curadora, como excusa para poder situar en siete años a una generación completa.

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