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Ciudad invisible

Veinticinco años después de ganar el premio de la Primera Bienal de La Habana, en esta nueva edición que concluye este 30 de abril, se le rindió un homenaje a uno de los grandes de la fotografía en Colombia.

2010/06/11

Por María Wills Londoño

Fernell Franco creció en los años cincuenta y una década después asistiría a la sacudida de una ciudad agitada culturalmente en la que confluyeron experimentos como Ciudad Solar, el Cineclub de Cali y el Museo La Tertulia. Deambulando por Cali en bicicleta, en su primer trabajo como mensajero, hizo recorridos sin rumbo fijo que le permitieron apropiarse simbólicamente de los espacios que luego quedarían impresos en sus fotografías. La vida de barrio en efervescencia le permitió a Franco registrar sus series de galladas, billares y prostitutas para mostrar una ciudad que no existía en los planes urbanos de nadie. Esas escenas, que desde la perspectiva de muchos eran marginales y que por lo tanto debían desaparecer, se preservaron gracias a la memoria de un fotógrafo que logró integrar a la historia de una ciudad las diversas particularidades de sus habitantes.

El caso de Franco no es único: las artes visuales de nuestro continente han manifestado de manera reiterada un rechazo por los intentos de homogeneización e imposición de modelos externos. Múltiples artistas han registrado las cicatrices que deja en el entorno latinoamericano un intento ciego por entrar en la modernidad, y ese, también, es el caso de Fernell Franco.

Con la curaduría de Maria Iovino, se presentó en la Fototeca de Cuba hasta el 30 de abril, la serie Los amarrados, realizada como la mayoría de los trabajos de Franco en un proceso de más de 10 años, entre 1982 y 1995, en diversos recorridos por mercados y plazas de Latinoamérica. Franco, al igual que muchos otros reporteros con corazón de artista, sacó de cada uno de sus viajes de trabajo periodístico una toma más personal que revelaba su interés por investigar conceptos más abstractos que superaban la fotografía tradicional. Así, por ejemplo, se interesó en el silencio de la imagen producida por el juego de la luz y la sombra, e investigó con un ojo absolutamente poético los límites entre una y otra en imágenes muy íntimas casi siempre en espacios urbanos.

Los amarrados es uno de sus trabajos más relevantes. Le sirvió como proceso para la recuperación de su memoria y como tregua con la muerte que lo marcó en su juventud de desplazado por la violencia y en su profesión como reportero de masacres. Las imágenes retratan lo que desde la perspectiva del fotógrafo surrealista Brassaï podría ser una escultura involuntaria, en donde el artista disocia el elemento representado de la realidad y deja una amplia cabida a la reflexión. Estas torres de aglomeraciones de alimentos y objetos cubiertos y atados se tornan signos y desubican al espectador que no sabe que se esconde detrás de la forma.

Esta ambigüedad visual se hace evidente al leer el testimonio biográfico recopilado por Iovino en el libro Otro documento. La infancia de Fernell estuvo marcada por condiciones de adversidad política y muerte. A los ocho años, en 1950, en plena etapa de violencia entre partidos, Franco huyó con su familia de su vereda natal en Versalles hacia Cali: su padre salió escondido y envuelto en mantas. Franco cuenta que esos bultos fotografiados lo hicieron volver a esa imagen y desde su perspectiva son una metáfora para empacar la muerte, para aislar la realidad atemorizante en la que creció y en la que maduró en el mundo de la reportería.

La vida de Fernell Franco fue una existencia de contrastes. Quizá por ello el interés por estudiar esos cambios drásticos que se producen entre la luz y la sombra en las ciudades tropicales, que según él, es tan fuerte que hay que cambiarse de acera a ciertas horas del día. De igual manera desarrolló su carrera, con cambios de andén permanente y cruces reiterados entre el brillo de la publicidad y la penumbra de las desigualdades sociales y la violencia registradas para la prensa. Finalmente, en los años ochenta consolidó su trabajo como artista y desempolvó archivos que revelaron su ojo cinematográfico alimentado por el cine popular mexicano y el neorrealismo italiano, además de un marcado interés por la ciudad que en los años setentas era un tema central para los artistas, cinéfilos e intelectuales de la capital del Valle.


De la misma manera, se interesó por la arquitectura, sus series de Retratos de ciudad y Demoliciones denuncian simbólicamente esa invasión que se convirtió en la construcción de una identidad urbana en donde no importa la historia, sino el dinero, y donde como señala el artista, "se vive una violencia contra la ciudad comparable a la que se vive contra los hombres".

Aunque existen tradiciones fotográficas desde mediados de siglo XIX, en donde las empresas encargadas de realizar demoliciones comisionaban archivos fotográficos para dejar documentos sobre la arquitectura de ciudades históricas, en Cali ninguno de los "nuevos constructores" tuvo conciencia de conservar la memoria. Esa tarea, como suele ocurrir en Colombia, correspondió a los artistas. Fernell Franco, mas allá de monumentalizar, o convertir en fetiche los espacios urbanos, retrató el paso del tiempo y en una suerte de proceso documental, y también analítico, señaló el descontrol del crecimiento de esa Cali mutante, en donde a partir de finales del los años setenta el fenómeno del narcotráfico y el dinero fácil hicieron estragos en un horizonte donde las montañas y la brisa que venía del pacífico se reemplazaron por moles interminables de concreto.

El trabajo de Franco, fallecido en el 2006, refleja entonces la necesidad de generar un testimonio para afirmar la importancia de la memoria y la identidad. La altísima calidad de sus imágenes de autor ha sido reconocida internacionalmente. Entre otros, ganó el Premio Internacional del David Rockefeller Center for Latin American Studies de la Universidad de Harvard ,el cual ha sido un incentivo para que la Fundación liderada por su familia logre conservar y catalogar el archivo de su obra. Dicho trabajo culminará con un importante homenaje en el 2010, en el cual se realizará una merecida publicación y una importante exposición que se mostrará en Estados Unidos y cerrará en el Museo Nacional de Colombia.

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