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Con sentimiento

Seis artistas, en diversos momentos de sus carreras, exponen su obra en la prestigiosa Photographer’s Gallery de Londres. Dos curadoras británicas son las encargadas de promover un acercamiento distinto a la fotografía colombiana.

2010/03/15

Por María Claudia García

El pasado viernes 18 de abril, The Photographer’s Gallery en Londres inauguró la exposición Once more, with feeling - Recent photography from Colombia [Nuevamente, con sentimiento]. Seis artistas colombianos fueron los elegidos. Nueve las obras que componen una muestra de fotografía y de video que introduce al público inglés y a sus inclementes críticos a las diversas representaciones de fotografía producidas en un territorio que, insistentemente, está siendo señalado por críticos culturales desde varias esquinas del planeta. La muestra colectiva de fotografía contemporánea colombiana es promovida y organizada por iniciativa y financiación británicas.

Cuatro años atrás, dos reconocidas curadoras inglesas especialistas en fotografía, Camilla Brown (curadora del Photographer’s Gallery) y Pippa Oldfield (curadora de la galería Impressions en Bradford), quisieron responder a la tendencia limitante de los espacios de exposición en el Reino Unido: hacer visible al público local el trabajo fotográfico producido por fuera de los centros mundiales del arte. Porque no solo en el plano artístico sino en general, los procesos internos de la mayoría de los países latinoamericanos han pasado inadvertidos para el público británico. Y no por razones geográficas, sino por la ausencia de lazos históricos y culturales que no se establecieron durante las colonias del siglo XIX, o las alianzas económicas y militares en siglos pasados, al contrario de lo ocurrido con países del Lejano Oriente, Asia y África. En consecuencia, las prácticas artísticas en Colombia han sido casi invisibles para el gran público europeo, en este caso el británico.

Colombia apareció en el mapa de estas curadoras cuando la organización Visiting Arts?de Inglaterra le ofreció a Pippa ?Oldfield, en el 2004, visitar el Salón Nacional de Artistas. Según ella, el resultado de su visita fue inspirador e inmediatamente comprometió la agenda de la notable Photographer’s Gallery (la única galería pública dedicada a la fotografía en Londres). “Debo admitir que yo, como muchas personas, era profundamente ignorante sobre lo que sucedía en el escenario artístico en Colombia […] De mis dos visitas a Colombia regresé conmovida con la calidad y el nivel de actividad artístico, especialmente en términos fotográficos”.

La selección de artistas cuenta con nombres desconocidos para el público multicultural británico. La muestra no es extensa. Su fuerza radica en la calidad y variedad de contenidos, discursos y formas que existen entre una obra y otra. Juan Manuel Echavarría, después de ahogarse en palabras cuando se dedicaba a la escritura (según él), ahora ahoga en dolor y poesía al espectador con su video Bocas de Ceniza. La obra obsesiva y acumulativa Miss Foto Japón de Juan Pablo Echeverri, seguramente tendrá eco en una ciudad en donde se despliegan sobre la superficie innumerables identidades que luchan en coincidir .

El título de la exposición es difuso. Es conocida la discreción inglesa en el ámbito emotivo, pero quizá los cuatro años que ha durado el proceso de realización de este proyecto con artistas colombianos, de reconocer y sumergirse en las obras, sus orígenes y contextos, produjeron ese título. El lazo que comunica las obras entre sí es interesante pero también algo disperso, al hacer referencia a temas como identidad, memoria, repetición, retorno, performatividad. Cada trabajo seleccionado es por sí solo un poderoso archivo visual realizado sin predeterminaciones o concesiones estéticas, de formato o contenido; muy diferente a lo que el circuito de arte internacional está acostumbrado. Precisamente, ninguno de los seis artistas es fotógrafo de profesión. Pero este medio, cada vez más disponible y menos estratificado, contribuyó al registro utilizado por cada artista en Colombia de un modo particular. En Plano transitorio, Milena Bonilla cose con delicadeza la cojinería averiada o vandalizada de varios buses en Bogotá durante el tránsito de alguna de sus exhaustivas rutas. La labor final de costura se asemeja a heridas cerradas quirúrgicamente con puntos en color. A pesar de que el registro fotográfico no es el núcleo del proyecto, las imágenes digitales cuelgan en la galería como evidencia de una práctica que, con cierto humor, sana los efectos del tiempo o eventos agresivos sin desaparecer la evidencia, en un acto útil, simbólico y reconciliador. El puente, de Óscar Muñoz, consiste en la recolección de cientos de fotografías de billetera en blanco y negro no reclamadas, tomadas por “fotocineros” a los transeúntes de Cali, entre los años cincuenta y setenta en el puente Ortiz de la capital del Valle. Décadas de imágenes de personas suspendidas en un momento único, de una ciudad en su época dorada, justo antes de la abismal recaída de la que todavía intenta recuperarse. Una obra de autores desconocidos y de pasajeros en tránsito extraviados que Muñoz intenta ubicar, que estudia minuciosamente en un intento por trazar una versión de la historia de su ciudad, su gente y las paradojas que se lleva el olvido.

Desde adentro, de la artista María Elvira Escallón, es una obra que no surge dentro de los procesos de su trabajo más habitual, pero que marcó su vida y constituyó un capítulo reciente de la historia de violencia en Bogotá. Las fotografías ampliadas a escala humana revelan marcas impresas en negativo, muestras de desesperación, angustia y desaparición dentro del club El Nogal en el 2003. Escallón, quien en ese momento era curadora del área cultural, había salido por un café y escapó al ataque. El archivo visual lo registró cuando, días después, tuvo que regresar a recuperar la colección de arte. Lo que recuperó fue de mayor valor para la sociedad y para las familias de las víctimas en el complejo proceso de enfrentar la realidad y sobrellevar el duelo. Con un matiz muy diferente, el interés de María Isabel Rueda en la subcultura o moda gótica juvenil colombiana crea un lazo con comunidades de otros lugares. En Vampiros en la sabana, el público ha encontrado interesantes y atractivos los procesos de coexistencia y resistencia cultural en contrastantes y alejados territorios.

Dos obras más, Guerra y paz, de Juan Manuel Echavarría y Re/trato, de Óscar Muñoz, reafirman la madurez y profunda percepción de estos dos artistas que desdoblan con prudencia y belleza temas oscuros de la realidad social colombiana como las desapariciones forzosas y las masacres.

No obstante, las curadoras evitaron desde un principio no enfocar la exposición con contenidos directos al conflicto interno, con el fin de no limitar las interpretaciones sobre estas. Insisten en que varias de las obras contienen estrategias o síntomas de repetición, retorno a lugares ya visitados, contrarrespuestas a la amnesia colectiva frente a los problemas de un país que continúan sin ser resueltos. Así mismo, pareciera que existe una sincronización no intencional con la labor periodística: cada obra invoca la comprensión de un proceso social determinado y lo clasifica para el espectador; unos visibles pero inadvertidos, otros en las neblinas de la memoria que algunos artistas no permiten que se entierren en el olvido.

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