Jornada de cierre Comunidad-es en Monteria.

Construyendo comunidad a través del arte

En 2014, el Ministerio de Cultura, la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, UARIV, y la Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza Extrema, ANSPE, unieron esfuerzos para crear el proyecto Comunidad-es arte, biblioteca y cultura.

2015/02/24

Por Juan Sebastian Barriga

La iniciativa busca, a través de la cultura, el arte y la promoción de lectura, integrar y fortalecer la convivencia en las familias que habitan las Viviendas de Interés Prioritario que entrega el Gobierno Nacional. Hasta ahora se han beneficiado más de 10.000 personas con esta propuesta.

En el barrio Llano Verde, ubicado en el oriente de Cali, hay fiesta. Desde la tarima, el grupo de hip hop Llano RAP anima a los vecinos, que entusiasmados corean las canciones. Al otro lado del país, en Cúcuta, el parque central del barrio San Fernando de Rodeo se encuentra lleno de gente que busca un buen puesto alrededor de una pantalla gigante; esta noche es el estreno del primer cortometraje realizado por los miembros de esa comunidad. En Barranquilla, en el barrio Nueva Esperanza, los niños se alegran al recibir el disco que grabaron contando sus experiencias en su nuevo hogar.

Estos barrios no solo tienen en común un ambiente de fiesta y alegría. Todos son barrios VIP, pero no por su exclusividad sino porque pertenecen al programa de Viviendas de Interés Prioritario del Gobierno Nacional. La gente que vive en estas casas o apartamentos son víctimas del conflicto armado, damnificados de la última ola invernal, reinsertados y personas que viven en extrema pobreza. La mayoría viene de otros departamentos y nunca antes habían vivido junto a gente de otra raza, ni en un edificio, ni en una ciudad.

En 2012 el Gobierno Nacional aprobó la construcción de 100.000 de estas casas. Según datos de la página web del Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, hasta ahora se han edificado 80.362 en 29 departamentos. Los asesores y colaboradores de Comunidad-es aseguran que la mayoría de estos complejos están ubicados en la periferia de las ciudades, carecen de una infraestructura cultural y recreativa, y están marcados por el estereotipo de ser barrios peligrosos donde no existe la convivencia.

En vista de esta problemática, el Ministerio de Cultura, la UARIV y la ANSPE decidieron intervenir para generar un ambiente de integración y unión. El Proyecto Comunidad-es tiene tres enfoques principales: fomentar la lectura y la escritura, crear proyectos artístico-culturales y trabajar la parte psicosocial de las personas.

“Durante 2014 generamos toda una estrategia para reconstruir el tejido social y potenciar las habilidades y destrezas culturales que tienen las comunidades”, explica Lucía Quijano, Coordinadora Nacional de Comunidad-es, quien agrega: “la gente no sólo tiene necesidades sino un gran potencial, que es lo que uno llega a dinamizar.”

Este proyecto nació con la entrega de la biblioteca básica familiar Leer es mi cuento, compuesta por nueve títulos. A esto le siguió un proceso de formación de lectura y escritura y jornadas socioculturales. Ahora la gente está en un proceso participativo dentro de este acompañamiento, el cual derivó en una serie de producciones culturales, pensadas y elaboradas por la comunidad, que van desde la recuperación de espacios y formación de clubes de lectura hasta grabaciones de discos de champeta, hip hop y vallenato.

 

 

Durante 2014 se implementó el proyecto en 55 comunidades de 16 departamentos. En cada una de ellas trabajaron equipos conformados por entre seis y siete facilitadores culturales, artistas de las regiones con experiencia en trabajo comunitario y sicólogos. Estos se caracterizaban por sus chalecos rojos y además contaron con el apoyo de varios voluntarios, que de martes a sábado impartieron cursos y talleres a las personas que se animaban a participar.

Cada intervención inicia con un análisis de la cantidad de gente que vive en el barrio, porque muchos están construidos pero no habitados y se busca impactar positivamente al mayor número de personas posible. Después se pasa a hablar con los líderes comunitarios de cada territorio para identificar cuáles son las necesidades, ideas, destrezas y preferencias de cada comunidad, para luego iniciar con las jornadas socioculturales. “No podemos decirles lo que tienen que hacer. Las propuestas son muy flexibles y están en constantes acuerdos con las comunidades para no llegar a imponer algo”, comenta Quijano.

Cada proyecto varía dependiendo del clima de la región, la cantidad de personas, la procedencia, e inclusive la ubicación de las viviendas. Por ejemplo, en Valledupar está el barrio Nando Marín, el cual no aparecía en las tablas de las rutas de los buses. La solución fue colgar en los edificios dos pendones gigantes con el nombre del barrio y los niños hicieron nuevas tablas para los buses que ahora incluyen la parada Nando Marín. Esto le da visibilidad a la comunidad y genera en sus habitantes un nuevo sentido de pertenencia.

“Nosotros hemos marcado nuestro territorio como un territorio de paz. Con estos murales queremos decir que aquí no aceptamos ningún tipo de violencia contra nosotros ni contra nadie”, cuenta Ana Yaneth Rubio, habitante del barrio San Fernando de Cúcuta.

Jornada de cierra en Villas de Aranjuez, Cartagena

Pero entrar a los barrios, a veces, es muy complicado. En general sus habitantes no se conocen, provienen de lugares distintos y existen varias fronteras invisibles. El primer paso para romper las barreras se da a través de la biblioteca, ya que se vuelve algo que los vecinos tienen en común. Los libros son una excusa para hablar y a través del diálogo las personas se dan cuenta de las similitudes que tienen. Empiezan a interactuar y los encuentros terminan en la elaboración de textos de recetas o murales.

“Cuando llegamos al barrio Villas de Aranjuez, en Cartagena, había fronteras invisibles, y a través del trabajo que realizamos con la comunidad eso se ha ido acabando”, asegura Amaury Elles, coordinador del proyecto en el departamento de Bolívar.

La violencia es un factor común en estos lugares, pero a pesar de cualquier adversidad ha habido cambios, los cuales se evidenciaron en los cierres de trabajo del año, donde se mostraron los proyectos elaborados. Estos eventos fueron fiestas llena de danza, teatro y música. La mayoría de las comunidades grabaron un rap y un video clip homenajeando a su barrio.

“Bailando nos empezamos a conocer aquí”, cuenta María Catalina, una habitante del barrio La Gloria de Montería. “Cuando llegamos nadie hablaba con nadie, pero cuando empezamos a bailar comenzamos a realizar diferentes actividades.”

Según María Claudia López Sorzano, Viceministra de Cultura, se han logrado modificar varios de los imaginarios negativos que se tienen dentro de las comunidades y darle nuevos significados a la vida y la convivencia en esos territorios. “A través de diferentes historias de vida se puede evidenciar que el proyecto realmente ha sido muy exitoso y positivo para la forma de vida de las comunidades. En la comunidad de Cereté, por ejemplo, nos dimos cuenta de que los niños antes tenían malas conductas, ahora son más receptivos, tienen amigos y juegan juntos, lo cual indica que a través de este proyecto de arte, cultura y de promoción de la lectura en voz alta las comunidades pueden vivir mejor”, señaló la Viceministra.

En la mayoría de los barrios las asociaciones comunitarias se han hecho cargo de las jornadas socioculturales e inclusive han innovado en nuevos proyectos. Muchos de estos territorios no tienen acceso a colegios; lo que han hecho las madres comunitarias es adecuar salones de clases en las casas. Según Edwin Roa, coordinador de Comunidad-es en Cali, lo más gratificante es que, “la gente ya no nos pregunta qué nos van a dar sino qué podemos hacer.”

Para este año, las tres entidades involucradas en este proyecto buscan continuar con los procesos ya empezados y ampliar el proyecto a nueve departamentos más. También se espera que las VIP en construcción incluyan bibliotecas, salones comunales y áreas de recreación. Todo con el fin de que miles de personas puedan recuperar su estabilidad, su comunidad y sus vidas apoyadas en el arte y la cultura.

 

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