Carlos Salas (izquierda) y Hernán Sansone (derecha) sostuvieron una correspondencia mientras el artista preparaba su exposición Cartografías de la nada.

Conversaciones que no se evaporaron

A raíz de la reciente exposición de Carlos Salas, Cartografía de la nada, que estará abierta hasta el 28 de agosto en la Galería Mundo de Bogotá, su amigo Hernán Sansone, artista también y diseñador gráfico, decidió tratar de capturar sus conversaciones en e-mails.

2010/09/21

Por Hernán Sansone

Mis largas conversaciones callejeras con Carlos Salas siempre terminan por evaporarse. Desde el taller de Carlos por los atajos que nos llevan a la plaza de Lourdes, nos perdemos en los laberintos a los que nos enfrenta el trabajo. Hablamos de artistas, de técnica, de pasión; de las lecturas y de la música que nos acompaña; de las huellas y de las heridas de nuestra historia personal. Las últimas charlas se centraron en su exposición Cartografía de la nada. Intentando solidificar el vapor comenzó este intercambio de correos.

Date: Wed, 3 Feb 2010 11:04:13 -0500

Subject: Principio

From: hsansone@gmail.com

To: carlos.salas.silva@hotmail.com

Carlos, el otro día cuando me contabas sobre algunas variaciones en tu metodología de trabajo me quedé pensando en dos cosas: ¿cómo influye el tiempo en estas obras?y ¿cómo se relaciona tu cuerpo con ellas?

h.

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Date: Wed, 3 Feb 2010 21:49:36 -0500

Subject: Re: Principio

From: carlos.salas.silva@hotmail.com

To: hsansone@gmail.com

Hernán

Hoy tuve una especial percepción del tiempo. Cerca al mediodía después de trabajar varias horas en mi taller interrumpí mi trabajo para ocuparme de?otros asuntos y comprendí la diferencia entre el transcurrir del tiempo mientras estoy pintando y el otro. El del taller es continuo, el otro es fragmentado. El del taller se alarga, el otro corre veloz. Quise en un momento detenerlo. Además estaba pendiente de los minutos, mientras que cuando pinto me olvido de ellos. Tal vez con Marcas del sentimiento se intensifica esta experiencia del tiempo. Lo fragmentado de la obra es de otra naturaleza al de los quiebres en nuestra rutina diaria. La concentración que me exige la obra es muy intensa. Colabora para ello cierta música. He encontrado en los cuartetos algo muy intimista que es lo que requiere y exige la obra.

Hay una especial compenetración del cuerpo con las pinturas que conforman Marcas del sentimiento. Y la experiencia del tiempo tiene que ver con ello. Así mismo lo intimista de la obra. Se conjugan una serie de factores que hacen algo milagroso. Fuera de lo habitual, de lo que yo mismo me sorprendo. Creo que he regresado después de todos estos años de dudas y pasos en falso al origen de mi obra, a sus raíces pero ya con más bagaje, con más capacidad de afrontar las dificultades.

Por eso ha sido motivo de asombro para mí encontrarme con que mi cuerpo tiene leucemia. La enfermedad es tan abstracta como mi obra y ocupa cada rincón de mi cuerpo como los elementos que invaden cada rincón del cuadro. Tal vez por eso he vuelto a acudir a la cuadrícula, pero esta vez a veces torpe y difusa. Pero cada centímetro cuadrado del cuadro es significativo e indicativo de la totalidad del cuadro. ¿La cuadrícula simularía una biopsia? Es intrigante todo esto.

C.

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Sí, es muy intrigante. Y es impactante tu claridad para describirlo. El cuerpo es un instrumento, una caja de resonancia, que influye directamente sobre lo que hacemos y sobre lo que pensamos. Tú hablas de un cuerpo ocupado. ¿Piensas que esta ocupación desafina el instrumento o por el contrario le da mayor tensión a las cuerdas?

Siempre encontré en tu obra una combinación exacta de racionalidad e intuición. Podría decir una combinación musical o mejor dicho armónica.

La cuadrícula además de una biopsia también podría ser un pentagrama.

Aparte de ayudar a concentrarte, ¿hasta dónde penetra la música en esta obra?

h.

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Así como lo planteas el cuerpo sería el instrumento de resonancia.?Mi relación con mi cuerpo es similar a la que tengo con mi pintura. A veces me ocupo de él, a veces lo olvido. Pero es autónomo como lo es también mi pintura y su capacidad de resonar a veces queda en suspenso. Tan sólo cuando penetro mi pintura, ella vuelve a cobrar significado. Cuando la veo desde afuera ella se apaga. Me pregunto cómo podría llegar a resonar en el espectador cuando cada vez se vive la experiencia artística de una manera desapegada, muy controlada por la razón.

Creo que un símil que podría ser significativo es el de la obra-cuerpo como el instrumento mágico y el espectador como el intérprete.

Hoy aprobaron el medicamento. Me da muchísima tranquilidad. Hace poco le decía a mi padre que una opción es no tomar el medicamento. Claro que por mi parte lo tomaré rigurosamente. ¿Qué tanto deteriorará mi cuerpo? Mi pintura es enfermiza. Hoy lo comprendí con claridad. Decía Rembrandt que sus cuadros no se podían ver por mucho tiempo porque su color era enfermizo. Pero en el caso de mis pinturas es donde se vive la enfermedad. En su interior, en su hacerse y rehacerse constantemente.

Decía Menuhin de Bach que lo que hacía de su música algo tan especial era que tenía armonía propia. De pronto eso es lo que he anhelado con mi trabajo. Serrano escribió en Semana citando a Kant —a quien, me doy cuenta ahora, siempre he asociado a Bach— lo que tu planteas sobre racionalidad e intuición. Pienso que la intuición es uno de los privilegios de la razón lúcida. Si no caeríamos en la locura. Me gusta repetir algo que se me ocurrió hace años: “El pintor es un idiota iluminado que comete aciertos desconcertantes”.

Me sentía incómodo al comparar la cuadrícula con la biopsia, pero en el fondo no creo estar muy equivocado. Lo del pentagrama nunca había pasado por mi cabeza. Pero si me siento muy atraído por ellos, por su calidad gráfica.

Coincidencialmente estaba escuchando en YouTube a Rostropovich interpretando una de las suites de Bach mientras te escribía. Ahora he puesto a Menuhin. Creo que mi pintura está tan impregnada de lo que escucho que cobra resonancia visual cuando se “toca” al tiempo con esa misma música u otra cercana. Así como ocurre con Bach puede ocurrir con Philip Glass.

C.

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No son buenos tiempos para la pintura, y menos para la abstracción.¿Cómo ves el arte actual? y ¿cómo ves a tu obra dentro de esta época?

h.

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Mi primera reacción frente a tu pregunta es defensiva. ¡Y, luego ¿cuáles han sido los buenos tiempos para la pintura? ¿Son buenos éstos para qué?! Pero así, en cierta forma, estoy evadiendo la pregunta.

¿La sociedad pide o el medio le impone? ¿Quiénes definen si un medio es adecuado a una época o no?

En este preciso momento hay en el Thyssen una gran exposición: “Monet y la abstracción” y en el centro Pompidou una de Soulages. En la lista de las obras mejor subastadas hay un buen número de pinturas abstractas. De pronto nos hemos vuelto muy pasivos frente a algunas situaciones de poder. Pero son tan solo algunas.

La pintura al igual que la escritura es una forma de expresión del hombre que desaparecerá cuando desaparezca la raza humana. Veo a mis hijas pintar y noto que en ella encuentran una manera de expresarse similar a la de la palabra y a veces con más magia.

De pronto, para bien de la pintura, dejó de ser la superestrella como con Picasso y Matisse. O menos comercial de lo que lo fue hasta 1989. De pronto ha ocupado el lugar que le corresponde, uno donde se tocan más las fibras del sentimiento y del pensamiento, de relaciones de comunicación más lúdicas, más lúcidas, más exigentes con nosotros mismos.

c.

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Carlos, el cuento de Yourcenar que te leyó Salmona me da vueltas por la cabeza hace varios días. ¿Crees que el arte puede vencer a la muerte?

h

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Salmona se levantó del piso donde estábamos sentados y empezó a relatar el cuento, lo que recordaba de él. A veces yo perdía el hilo por atender más a sus gestos. En cierta forma lo veo ahora como premonitorio. A Rogelio lo asediaba la muerte desde hacía un tiempo. Recuerdo que en el taxi, camino a la exposición, le pregunté al ver que llevaba consigo el libro Koba, el temible, que si ya iba por el primer millón, él me mostró que apenas estaba comenzando y me dijo: “Por ahí voy”. Al hablar de la muerte en una forma tan impersonal, era una manera de hacerle el quite.

Salmona era Wang-fo y él se veía ganándole la batalla a la muerte, repasando la historia de Yourcenar en el cubo?escénico?que yo había montado con mis pinturas en el Convenio Andrés Bello.

Sí, pienso que la experiencia estética, en algunas ocasiones, vence a la muerte.

c.

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Spinoza dice que todas las cosas quieren persistir en su ser. Y alguien, que ahora no recuerdo el nombre, que el arte no vence a la muerte pero logra confundirla por un largo tiempo.

En estas pinturas creo percibir una actitud más espiritual, más trascendente, como si le hubieras dado un descanso a la racionalidad.

h.

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Le mostré tu mensaje a Luis Fernando Valencia, ya que había divagado casi dos horas con las obras y entre sus reflexiones estaba la de lo racional y lo no racional. Él lo veía como estratos, planos paralelos que se interrelacionaban en movimientos aleatorios. Coincides tú con Valencia en que la racionalidad se va diluyendo. Para ti está posiblemente en una actitud hacia lo trascendente, para Valencia en una nueva espacialidad.

De pronto la respuesta hay que rastrearla a partir del título de la obra, Marcas del sentimiento. En un momento pensé que podría ser más apropiado Arqueologías del sentimiento. Que se explorara la obra como capas arqueológicas, donde además del fósil, está todo un mundo, toda una historia, una capa extensa, que se prologa a partir de lo hallado. Se podría hablar de marcas que hay que indagar arqueológicamente, de los sentimientos. Y un lugar donde racionalidad e irracionalidad se enfrentan en franca lid: es el de los sentimientos.

Creo que, en parte, lo trascendente tiene que ver con una nueva conciencia del cuerpo. Ya no como un instrumento de la razón, sino como un interlocutor activo.

c.

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¿Cómo apareció el nombre de esta serie?

h.

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Tal vez sea así. Dentro de las cosas que he leído recientemente me ha llamado la atención la relación continua entre el cerebro límbico y el corazón. Se especula que el corazón tiene neuronas. Eso me obligó a cuestionar algo que tenía como una certeza, que el cuerpo era el instrumento con el que el cerebro se desplazaba. Actualmente considero más mi cuerpo, tengo más conciencia de él. Mi pintura tiene algo de corpóreo. Se asemeja a la de hace casi treinta años. Hay muchos elementos de mi pintura actual que han sido recobrados de diferentes períodos de mi trabajo.

Esta serie se inició con unas especies de cartografías que vinieron después de la exposición Camino. Con grafías que se asemejaban a las últimas escrituras y dibujos de mi madre cuando se vio muy afectada por lo que se creía inicialmente una isquemia y que en realidad se trataba de un tumor en el cerebro. Mi madre dibujaba con una inmensa concentración y eso que parecerían trazos gratuitos, eran el fruto de un poderoso y doloroso proceso. En mi caso ocurre algo similar, donde cada línea me exige un gran esfuerzo que va más allá de la conciencia y que surge del sentimiento. Son marcas del sentimiento.

c.

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Carlos, el texto de Valencia está muy bueno, pero yo prefiero hablar de cosas menos teóricas. Pensaba en tus rutinas y tu oficio en el taller y la cotidianidad que lo rodea. Últimamente nombras recuerdos determinantes en diferentes momentos de tu vida. Tu madre, tus parejas, tus hijas, tus viejas pinturas. ¿Esos recuerdos crees que tienen alguna penetración en estas obras?

h.

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Valencia se opone a colocar la vida del artista dentro de la lectura de la obra. En este momento pienso que hablar de mi vida daría elementos muy importantes para penetrar a la corteza tan fuerte con la que mi trabajo se ha recubierto. Esto por un lado, por otro está lo que tú llamas la penetración en la obra, que considero acertado.

Lo que ha penetrado se ha recubierto con una capa difícil de atravesar, generada en la formalización en el plano pictórico.

Hablar de estos temas me crea contradicciones. A veces pienso que es importante y de repente me digo que no y me cierro a esa posibilidad, pero es evidente que los recuerdos y la manera como se desenvuelve el destino en mi vida afecta esencialmente mi manera de trabajar y por ende mi obra.

Están los fantasmas. La mayoría del tiempo estoy solo en mi taller pero visitado, atacado, rodeado de distintos fantasmas. Son los de los recuerdos, los de las obras del pasado, los de mis angustias, los de mi trabajo en la galería. También están las presencias de lo ausente. Las de mi madre, las de los que ya se han ido.

Y están mis hijas, que pasan poco tiempo en mi taller pero están por todas partes en fotografías, dibujos, escritos en las paredes, en las mesas, en los estantes. Es una presencia constante que percibo con claridad.

Sin todo esto mi obra no sería lo que es.

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