Bill Balaskas, ÉCANOMIE, 2011, instalación con medios mixtos en un sitio específico (pintura, brochas, baldes plásticos, bases de madera), dimensiones variables. Cortesía del artista y las Galerías Kalfayan, Atenas – Thessaloniki.

La cultura resiste ante la crisis griega

El arte, el teatro y la literatura en Grecia no solamente resisten en tiempos austeros, sino que se alimentan de su acontecer. La pobreza, el estrés y la precariedad motivan iniciativas culturales que cuestionan a una sociedad mitificada, ahogada por las deudas y repleta de etiquetas.

2016/02/23

Por Laura Panqueva

Los artistas griegos Bill Ballaskas y Anna Lascari han plasmado en algunas de sus obras un sentimiento crítico y reflexivo sobre los valores de una sociedad encasillada en una cultura espectáculo. Esa que ha estado caracterizada, de manera simple, por monumentos ancestrales como el Partenón o la Acrópolis. El argumento de sus instalaciones insinúa, además, las nefastas consecuencias que ha dejado un sistema basado en el capital económico.

Ballaskas (Tesalónica, 1983) asegura que la crisis transformó la manera de comunicar sus ideas y emociones. Tras el recrudecimiento de la situación financiera, este economista experimentó otros canales para acercarse a la audiencia y abordar diversos temas sociales, económicos y políticos.

Comenzó, entonces, a crear instalaciones con diferentes tipos de materiales, “una tendencia muy actual”, asegura el artista, que le permitió exteriorizar varios aspectos de la crisis griega y cuestionar al espectador sobre los orígenes de cualquier recesión.

Sus trabajos se interesan por la actualidad y exploran con ironía y humor, sobre todo, los elementos que definen la naturaleza humana. Escritor y editor del diario digital LEA, especializado en publicaciones académicas de arte y diseño, afirma que el Creciente Partenón (Parthenon Rising) es el trabajo que “más se asocia con los acontecimientos de la crisis en Grecia”.

 

Parthenon Rising (II) from Bill Balaskas on Vimeo.

La obra es un vídeo que se filmó en 2011 durante el único día del año en el que la Acrópolis ateniense está abierta al público por la noche y cientos de personas, en su mayoría extranjeros, suben a la antigua colina para fotografiar las reliquias.

Ballaskas, radicado en Londres desde 2005, califica este momento como “un espectáculo que revelan a las multitudes del mundo, de pie en frente de un templo ancestral, tratando de capturar la imagen y quizás parte del mito”.

El autor, que ha participado en más de cien exhibiciones a nivel internacional, muestra uno de los símbolos de la herencia griega como una celebridad caminando por la alfombra roja, mientras es iluminada por los destellos de las cámaras.

“¿Todavía, bajo las circunstancias de la crisis, este mito puede ser el producto de un símbolo profundo y real? ¿Puede el Partenón ser algo más que una superficie simplemente? ¿Cuáles son los valores que pueden sobrevivir a la crisis? ¿Cuáles son los que se podrían perder o quedar atrás?”, se cuestiona el artista.

Casualmente, una de las obras más recientes de la artista audiovisual Anna Lascari, quien ha vivido en Atenas desde que se disparó la crisis, también relaciona el Partenón con los síntomas de una sociedad sometida a la austeridad.

 A la izquierda del Partenón (Left of the Parthenon) representa, de manera simbólica, una imagen del sufrimiento y las penurias que se han desatado en el país mediterráneo durante el crac económico.

Left of the Parthenon from ANNA LASCARI on Vimeo.

La instalación audiovisual, creada en 2015, retrata, a través de un gato, un sentimiento de encierro y abandono que le agrega, como dice Lascari, “nuevas etiquetas a un país que se ha convertido en una marca y que se suele relacionar con palabras emblemáticas como el "Partenón", "la Acrópolis", y "la cuna de la democracia"”.

A estos términos, la artista agrega otros como "inseguridad", "miedo", "ira", "agitación social" e, incluso, "prácticas comunales de solidaridad".

Lascari, que fue invitada a la I Bienal del Sur en Venezuela hace unas semanas pero no pudo asistir por falta de recursos, asegura que, a pesar de que las ventas en las galerías han decrecido y que el Gobierno no tiene dinero para subvencionar proyectos culturales, “los artistas seguimos produciendo”. 

Desde hace más de cinco años, las duras políticas de austeridad han eliminado casi por completo el apoyo que el país heleno ofrecía al desarrollo cultural.

Entre 2009 y 2011 Grecia declaró una disminución de sus planes presupuestarios de -26%, según el documento La crisis financiera y sus efectos en la financiación pública de la cultura, escrito por el Instituto Europeo de Investigación Comparativa de la Cultura (ERICarts, por sus siglas en inglés).

En 2014 los presupuestos se conservaron “muy modestos y los recortes más evidentes”, según la Fundación Alternativas, que además advirtió que Grecia –junto con Rumanía y Chipre– registra las menores tasas de consumo de cultura.

Entre las medidas más radicales aparece el debilitamiento y la casi desaparición del Centro Nacional del Libro. En 2013, esta entidad pasó a ser una sección más del Ministerio de Cultura. Editores, libreros y escritores manifestaron estar en desacuerdo con la medida, que ha propiciado el abandono de varios proyectos digitales creados para incentivar la lectura y el libro en Grecia, como Biblionet.

Ante esta situación, varios intelectuales y escritores griegos como Takis Fotopoulos, fundador del movimiento “Democracia inclusive”, o Vangelis Raptopoulos, considerado el “pionero de la generación 1980” y autor de La increíble historia del Papa Joan (2000), han salido en defensa de la cultura que, aseguran, sirve como enmienda y reflejo de la crisis.

Hace unos meses Fotopoulos afirmó para la revista española El Cultural, que la cultura tiene un papel crucial: “el de desmitificar y poner de relieve las causales reales de los problemas actuales”.

Para ello, dijo el filósofo y economista, “urge una nueva cultura ‘desde abajo’ real, en oposición a la impuesta ‘desde arriba’”.

Esa “cultura alternativa”, según el novelista Vangelis Raptopoulos, ya existe. Nació después de un momento en el que “la literatura y el arte en general se habían transformado en elementos decorativos, en simples mercancías”, afirmó.

 “La crisis –sostiene Raptopoulos– creó la necesidad de nuevos valores que solo podían ser espirituales, y propició la aparición de obras politizadas, con inquietudes sociales e incluso creaciones que tratan la crisis económica”. 

La creatividad repotenciada

En lo que respecta a las industrias culturales, los cambios se han dado en términos más técnicos y prácticos. Es el caso de las pequeñas librerías y cinemas del barrio Exarchia, el seno de los grupos anarquistas, las revueltas juveniles y las vida universitaria e intelectual en Atenas.

Naftilos es una de esas librerías casi de culto que, si bien ofrecen buenos precios, no pueden competir con los descuentos que realizan grandes tiendas nacionales como Ianos o Protoporia. Sus dueños aseguran que han resistido a este impacto debido al selecto contenido de títulos antiguos, entre los que destacan ediciones únicas, especializadas y muy bien cuidadas.

Giorgos Makris, un joven pintor y cliente recurrente, dice que, si bien algunas librerías del barrio han tenido que cerrar, no cree que locales como Naftilos vayan a desaparecer, entre otras razones porque todavía existen lectores que, como él, se interesan en conseguir y coleccionar publicaciones históricas.

Makris insiste en que, si bien la inestable situación económica ha impactado negativamente al negocio de la cultura, obligando a los libreros y a los editores a ser más selectivos con sus contenidos, también “ha motivado el trabajo de algunos artistas y escritores que ahora se cuestionan más sobre el acontecer social”. 

Agrega, además, que conoce a varios actores de teatro “que pasan por dificultades” pero que, al igual que otros artistas, “todavía trabajan en su campo, pese a la falta de apoyo estatal y de oportunidades”.

Para atraer al público, los cinemas aplican la misma estrategia de las grandes librerías, promocionar sus contenidos con descuentos. Por ejemplo, en época de estrenos invitan a pagar una boleta entre dos personas.

Nitsa Ralli, la encargada de vender las entradas en el cinema Elli, explica que los miércoles el tiquete cuesta cinco euros (dos menos de lo usual), pero que lo que realmente les garantiza el aforo es su selecta cartelera, compuesta por películas extranjeras, galardonadas en varios festivales internacionales.

La crítica de cine Phoebe Lekka, quien asiste regularmente a este lugar, cuenta que varios cinemas del centro de Atenas han cerrado, sin embargo no está de acuerdo con la idea de que, debido a la crisis, la gente ya no va a cine. “Al contrario –dice– creo que los griegos buscan una buena película para alejarse de los problemas”. 

Personas como Lefteris Ganos, un ingeniero de sistemas y también activista, conoce varias iniciativas culturales que han nacido a raíz de la escasez.

En el ámbito de las artes escénicas destaca el Teatro Frontal, un espacio autogestionado de entrada gratuita o de libre contribución, que contempla un modelo participativo en el que cualquier persona puede proponer y organizar su acción, bajo unos parámetros establecidos.

Este centro cultural ofrece refugio a los grupos de músicos, actores, bailarines y demás artistas que no tienen cómo financiar sus proyectos y que quieren desarrollar nuevas propuestas culturales.

La decisión de ocupar esta edificación, considerada como patrimonio histórico, ha ocasionado confrontaciones entre la Policía y los grupos que lideran la iniciativa. Dos de sus integrantes, por ejemplo, fueron detenidos en 2013 por resistirse a desalojar el edificio.

Los miembros de la Asamblea y demás usuarios que participan en el proyecto aseguran que no van a marcharse de este espacio que estuvo abandonado y casi derruido hasta 2011, cuando lo reactivaron. Ellos se niegan, además, a que lo privaticen y argumentan que el recinto está destinado para el uso público y el fortalecimiento independiente de las artes.

La agenda del teatro es amplia. Hay espacio para todo tipo de manifestaciones y encuentros que fortalezcan la cultura. Obras de teatro, exposiciones, debates, actividades sociales, festivales, performances, foros, talleres, clases de salsa, de yoga y de comunicación creativa, componen el calendario de esta organización multifacética. Los ocupantes se empeñan en hacer de esta obra una resistencia y un modelo autónomo dispuesto a promocionar el arte sin depender del dinero.

Noche tras noche, estas voces se cuelan en los oídos que también buscan algo. Deleitarse con la creatividad, transitar otros espacios, conocer nuevos personajes, alejarse de la realidad, quedarse inmersa, anclada en ella para desbaratarla, configurarla, aborrecerla, o simplemente mirarla sin ojos, sin cuerpo, sin necesidad.

Las letras en la imágenes, o las imágenes en las letras. El movimiento sobre el escenario, el sonido de las guitarras escondidas, voces foráneas, locales, jóvenes, adultas, sensibles, críticas, intelectuales, desentendidas, burlescas, categóricas, incesantes.

En todo caso, la crisis no es nunca la perdición. La ambigüedad, el detrimento y la escasez que tan mal se ven, también empujan, revelan y revolucionan los discursos frente a la esencia del ser y su relación con el mundo.

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