Estériles estéticos, obra de Sara Milkes, participante en Artecámara 2015. Foto: Cortesía ARTBO.

Nada será como antes en ARTBO…

La curaduría de este año, a cargo de Mariángela Méndez, es un buen resumen de uno de los experimentos más interesantes de ARTBO: darles espacio a artistas jóvenes que no tengan representación comercial. La Feria Internacional de Arte de Bogotá comienza este primero de octubre, en Corferias.

2015/09/16

Por Daniel Salamanca*

Hace once años, la ciudad se preparaba para vivir su primera feria internacional de arte, de la mano de la Cámara de Comercio de Bogotá. Se trataba de un evento hasta entonces desconocido en la capital colombiana, que pretendía promocionar y posicionar a Bogotá como un destino para la cultura y los negocios mediante el mercado del arte a través del apoyo a las galerías comerciales. Realizada en octubre, en el Centro Internacional de Negocios y Exposiciones, Corferias, ArtBo no solo se ha mantenido en el tiempo sino que se ha consolidado como un modelo exitoso que es referencia en Latinoamérica desde hace varios años. Dentro de sus objetivos, además de los ya mencionados, estaba convertirse en una plataforma de apoyo al talento artístico nacional y en un catalizador determinante de la escena en Colombia. Las cifras, los comentarios generalizados de sus protagonistas y el hecho de que se hable del mes del arte en el país demuestran que ese objetivo se ha cumplido. Una de las grandes razones: Artecámara, la apuesta sui generis de la feria.

Los inicios (un recuento)

Con la primera versión de ARTBO, realizada en 2005, se inauguró una de las apuestas más arriesgadas para este tipo de eventos: Artecámara, una exposición o salón de arte, sin fines comerciales, para mostrar propuestas de artistas que recién empezaran su carrera profesional o cuyas obras no tuvieran aún una difusión amplia. Planteado como un espacio paralelo a la sección Principal, este programa, que se extendía a la red de salas de exposición de la Cámara de Comercio, pretendía apoyar el talento joven y darle la posibilidad al espectador de visitar algo diferente a los stands de las galerías. Para los artistas significaba que sus obras serían vistas por un público mucho más extenso del acostumbrado, incluso masivo, y que se acercaría a un mercado del que todavía no hacían parte. Cabe anotar que justo en ese momento las oportunidades de mostrar el trabajo para un artista recién graduado empezaron a multiplicarse, y la Cámara, bajo la dirección de María Fernanda Campo y con Andrea Walker a la cabeza de la feria, se sumó a ese esfuerzo.


Foto: Cortesía Archivo Artbo

Salones de arte joven como el que organizaba el Museo de Arte Moderno de Bogotá, por ejemplo, promovían una mirada a los estudiantes de las principales facultades del país, designados para el evento por sus profesores. Otras iniciativas le apostaban al reconocimiento a las mejores propuestas con un premio de adquisición, como el Salón de Arte Joven Colsanitas, el Salón de Arte del club El Nogal, el Premio Botero o el Concurso de Artes Plásticas de la Alianza Francesa. En general, dichas muestras, con algún aval institucional, tenían un carácter conservador, en el que primaban piezas tradicionales, limitadas en su tamaño y medio de realización, para luego ser montadas de manera lineal en la pared o en pedestal, si eran tridimensionales. Además de estos espacios, la galería El Garaje les daba la oportunidad a artistas recién egresados de montar proyectos pequeños y vender sus obras, mientras aparecían también en escena propuestas independientes o espacios de exposición menos comerciales que, aunque valientes y arriesgadas, no brindaban el contexto apropiado y profesional que ameritaban muchas de las obras exhibidas. Sin embargo, el panorama y la atención, hasta entonces desoladores para los recién iniciados, se volcaron de manera sorpresiva hacia ellos. Artecámara, que en sus tres primeras versiones planteó, más que una curaduría, una selección por expertos y profesionales reconocidos en el medio, empezó a romper, poco a poco y de manera progresiva, con esos moldes y límites.

Alentados por el interés que generaba esta exhibición y conscientes de la responsabilidad con los jóvenes artistas, expuestos a la mirada de expertos, críticos y público, y a la vez, inmersos en las dificultades de reflexionar, de manera intuitiva y temerosa, sus procesos y su cuerpo de trabajo, decidieron darle una mayor relevancia al programa, otorgándole un carácter de rigurosidad profesional. Ese giro se daría de manera definitiva en 2008, con la designación de María Iovino, investigadora y curadora de arte contemporáneo, como la cabeza artística del proyecto. “Mi propuesta había sido convertir esta curaduría en una investigación, en la que a lo largo de un año se pulían y acababan con mayor profesionalismo, para su excelsa presentación, trabajos que en su gran mayoría eran tesis de pregrado o de maestría”, dice Iovino, quien, además de realizar el proceso de selección, fruto de una convocatoria y de su investigación personal, entablaba un diálogo continuo, que incluso con muchos aún perdura, sobre los hallazgos, propuestas, procesos y divagaciones de cada uno. Para ella, que conduciría la curaduría hasta 2010, el reto estaba también en pensar las propuestas en relación con el espacio, los momentos y las especificidades propias de cada obra. “Fue un proyecto muy motivante y constructivo, en el que trabajábamos con la misma fuerza en las obras y en la articulación que tendrían en el espacio, como también en la arquitectura y en la iluminación que las acunaría”.

Estos cambios, que en principio se vivieron en esta seccición de la feria, empezando por desnudar el piso de concreto, poco a poco también se implementaron en la red de salas de exposición de la Cámara de Comercio, que, recuerda Iovino, no tenía prestigio en ese momento. “Lo comenzó a ganar con el trabajo múltiple que se hizo para la feria y para Artecámara. Yo hacía programaciones para estas salas durante el tiempo de feria y en varios meses del año, tratando siempre de que la conversación entre unos espacios y otros le otorgara un nivel cultural significativo al trabajo de la Cámara. Insistía en que la feria sería una cuestión arbitraria e incompleta mientras la institución que la hacía no tuviera una musculatura en el campo de la cultura. Todo estaba empezando y trabajábamos mucho para que rápidamente ganara un nivel importante”.


Vista general de la sección  Artecámara 2007. Foto: Cortesía Archivo Artbo.

Y así fue. Artecámara, dentro y fuera de la feria, se fue consolidando como modelo, a pesar de las dificultades y críticas, hasta convertirse en uno de los escenarios más dinámicos y rigurosos del circuito nacional. En sus salas de exhibición se han programado decenas de muestras resultado de la investigación de curadores activos, como Guillermo Vanegas, el equipo Transhistoria, Silvia Suárez, Érika Martínez o Paula Silva, entre otros, quienes han tenido allí un espacio para mostrar su trabajo, además de la tarea de Franklin Aguirre como tutor de artistas de las localidades del sur de Bogotá. A su vez, el evento se convirtió, junto al programa Nuevos Nombres del Banco de la República, en el referente principal de las propuestas jóvenes inéditas y en uno de los pocos espacios que, como lo confirma María Roldán, una de las seleccionadas de este año, permite llevar a cabo trabajos arriesgados, como instalaciones de gran formato, que no tendrían cabida en otros espacios y programas de este tipo.

Entre los artistas que comenzaron su trayectoria en este ambicioso programa están Miler Lagos, Juan Pablo Echeverri, María Fernanda Plata, María José Arjona, Ícaro Zorbar, Camila Echeverría y Natalia Castañeda, en los primeros años, y luego, entre muchos otros que siguen activos, Daniel Santiago Salguero, Adriana Salazar, Angélica Teuta, Camilo Leyva, Camilo Bojacá o Manuel Calderón, que fueron creciendo al lado de Iovino. La gran mayoría de estos artistas se han insertado en el circuito, pertenecen a galerías comerciales importantes y son invitados a eventos artísticos en diferentes lugares del mundo.

La consolidación del proyecto

Una vez hecho el relevo de Iovino y con la llegada de María Paz Gaviria, historiadora del arte y coleccionista, a la dirección de la feria, Artecámara continuó el modelo curatorial e investigativo avanzado previamente, pero les dio la oportunidad a otros curadores de aportar a la discusión y de encontrar nuevas miradas sobre ese amplio panorama del arte joven en Colombia. Además, para marcar claramente las diferencias con la sección Principal, se incluyó como requisito para los participantes que no estuvieran aún representados oficialmente por ninguna galería comercial.

En 2011, el encargado de la selección sería Santiago Rueda, con una propuesta de tono irreverente ligada a sus búsquedas investigativas, que recuerda los inicios del movimiento punk de finales de los años ochenta en Colombia. Obras que tocaban el tema de las drogas en el país; una cola peluda gigante y en primer plano, en contraposición a otras más seductoras, hechas en delicados hilos o con un sutil trazo de dibujo, le daban la bienvenida al visitante. Escribía Rueda en su texto curatorial: “El escepticismo ante el medio del arte y sus dinámicas, la parodia a la excesiva teorización del arte contemporáneo y la reflexión sobre el lugar del artista, su mediatización, el exhibicionismo al que se le somete y su mercantilización son otros de los temas que tratan los jóvenes artistas, quienes no tragan entero y saben que, siguiendo a Baudelaire, ‘el arte no debe gustar en el sentido tradicional: debe criticar, sorprender, conmocionar, incordiar, iluminar, sacudir, incomodar. En suma: disgustar’”. En esa ocasión se podían ver trabajos de Belén Cantoni, Andrés Londoño, Jaime Ávila (invitado directamente) o Daniel Castellanos, entre otros.


Luz doblada (Fragmentos para la mañana) obra de Linda Pongutá, participante de Artecámara 2015.

El turno en 2012 sería para Conrado Uribe, quien planteó la idea de trabajar sobre tres ejes temáticos: Ficciones y genealogías, Políticas poéticas y Desilusión y reencantamiento. Uribe cuenta que “desde la perspectiva curatorial es el espacio. Estar, habitar y comprender el espacio es definitivo para un proyecto expositivo. Una cosa es trabajar en el plano, en los renders o en las ideas, y otra muy diferente es llegar y conocer (quizá reconocer en algunos casos) el lugar. Hay que estar dispuestos y abiertos a que se presenten alteraciones (muchas veces serias) como resultado de habitar el espacio expositivo. Se debe negociar tanto con las necesidades de las obras y proyectos artísticos como con las características del espacio”. En ese año vale la pena recordar que la convocatoria se pudo hacer a través de internet, lo cual generó un aumento del 300 % en el número de candidatos, volviendo el certamen de selección más democrático pero a la vez, más complejo para el curador. Se pasó de 220 propuestas aproximadamente a 700. Allí expusieron artistas como Santiago Reyes Villaveces, Alexandra McCormick, Mariana Murcia, Ricardo Muñoz Izquierdo, César del Valle, Fredy Alzate o Gabriel Botero.

La desilusión de la certeza o la ilusión de la incertidumbre sería el título que le daría Juan Sebastián Ramírez a la versión de 2013. Él justificaba la factura rústica, pobre (en el buen sentido), quizá sin artilugios, del grueso de las obras, de la siguiente manera: “En el arte —y en particular en la producción joven— existen lugares frágiles, que son esas pequeñas brechas con predisposición a romperse bajo determinadas condiciones”. Mostraron en ese momento, y por primera vez, nombres como el de Néstor Gutiérrez, Adriana Martínez, Juan Peláez, Andrés Matías Pinilla, el Colectivo Maski o Camila Botero, quien ganó el Premio Prodigy Beca Flora, otorgado a uno de los artistas de la sección.

“El primer reto fue trabajar exclusivamente con los artistas que se inscribieron y no invitar a ninguno fuera de ellos. Sin embargo, lo más difícil fue encontrar unos potenciales ámbitos de proximidad entre artistas enteramente heterogéneos y plantear una cierta narrativa en diferentes direcciones, dependiendo de la puerta por la cual accedieran los espectadores a la exhibición”, dice Jaime Cerón, quien asumiría la curaduría del año pasado (2014) que, además, tendría una novedad: la inclusión de espacios autogestionados. Para la ocasión, Cerón partió de la idea de entropía y convirtió su definición en el punto de partida de esas dos entradas a la exposición y las cuales confluían en un interés común a todos: los posibles hábitats para los seres humanos. Sobre las implicaciones de incluir espacios autogestionados dentro de la curaduría de Artecámara su respuesta es concreta: “Es un reconocimiento a la manera como los espacios independientes operan solidariamente frente a la actividad creativa de los artistas jóvenes en todo el país, lo que de hecho les permite mantenerse activos o les ofrece alternativas frente a los proyectos que promueve el Estado o los procesos que caracterizan al mercado”. Entre los seleccionados estaban Antonio Castles, Edwin Monsalve, Leonardo Ramos (Premio Prodigy Beca Flora en su segundo año), Laura Trujillo y espacios autogestionados como La Nocturna (de Cali) y La Mutante (de Bucaramanga).

Artecámara 2015



#Tantagenteintangible, obra de francisco Cifuentes. Participante en Artecámara 2015.


Finalmente, este año la propuesta recae en las manos de la barranquillera Mariángela Méndez, que decidió pensar en función de la materia, de lo que podemos tocar y ver como individuos, frente al mundo digital, de hologramas y datos. Se puede intuir, al ver el registro de las obras para el catálogo, que el grueso de los proyectos piensan el volumen, el espacio, las tres dimensiones y los materiales desde una mirada entre lo nostálgico del hacer y una imagen apocalíptica del futuro. En sus palabras: “Las obras oscilan entre lo etéreo y lo material, entre el espacio sideral y la tierra, entre el futuro y la nostalgia, entre la impotencia ante el apocalipsis y las promesas de un nuevo comienzo. En varias de las obras percibí un afán de materializar lo inmaterial que transita por el espacio virtual, pero también por buscar la manera de enriquecer el lenguaje virtual con las texturas de este mundo terrenal. Hay un vacío y por alguna razón las piedras son protagonistas, tal vez sean lo que nos permita anclar en algún origen la desmaterialización de la existencia frente a los códigos, pero también con las piedras construimos muros a nuestro alrededor”. Y agrega: “De alguna forma pensé que la exposición está acompañada por una banda sonora de rock espacial, como los primeros discos de Pink Floyd, y muchas de las obras tienen la estética de esas portadas, con espacio sideral, prismas, hombres en llamas, etcétera”. Laura Ceballos, una de las artistas participantes, relaciona su trabajo con la curaduría, diciendo que “la materia se está redefiniendo en una era digital, en la que el cuerpo parece haber perdido su peso”. Por su parte, Ernesto Soto, otro de los artistas que estarán presentes, da crédito al profesionalismo y reputación de la curadora, le augura éxitos a la muestra y añade: “También me atrevo a decir que este año la exposición parece reunir una cantidad considerable de pintores y de artistas interesados en aspectos formales, o al menos su proporción es mayor en comparación con la de años pasados”.  

Aunque Méndez reconoce que el papel primario que juega Artecámara en ARTBO es la posibilidad de que artistas emergentes atraigan la atención de galerías, coleccionistas y curadores, por su trabajo, también sabe que se ha convertido en un espacio competido de participación entre los artistas, gracias a la cantidad de atención que la feria recibe de medios y por la cantidad de público que la visita durante los cuatro días del evento: “Se trata, además, de un público variado, porque por alguna razón ARTBO atrae a muchos curiosos que normalmente no visitan exposiciones de arte, de entrada gratuita, y asisten a la concentración de obras que les ofrece la feria, aun si deben pagar la entrada”.

En total fueron 33 los artistas elegidos para mostrar sus obras y cuatro los espacios autogestionados (El Mentidero, La Quincena, El Parche y la Revista Matera), que implementarán en vivo y en directo sus actividades de gestión. Con respecto al proceso de selección, Mariángela Méndez confiesa lo difícil de hacer y tener que dejar por fuera a otros artistas que, por temas de reglas de juego y espacio, no pudieron ser incluidos, a pesar del nivel de su trabajo. El título, en parte, es una voz de aliento para ellos, para que más allá de la fugacidad de una convocatoria, sigan trabajando de manera obstinada: Nada será como antes, sigue brillando…

Participantes 2015

Rafael Díaz
Bogotá, 1987

En su trabajo ha explorado diferentes temas y técnicas, siendo el dibujo, la repetición y el tiempo una constante. Su obra se desarrolla en el espacio donde el lenguaje (oral o escrito) parece insuficiente y para eso se vale del dibujo como herramienta y como método para abrirle espacio al pensamiento. El tiempo en la obra de Rafael Díaz se convierte no solo en material de representación sino en la estructura de todo un cuerpo de trabajo que explora y revela la condición elástica de nuestra percepción del tiempo.

¿Qué ventajas o desventajas tiene para usted exponer en una muestra dentro de una feria de arte?
Para mí es importante que las obras que hago sean vistas; una feria de arte tiene un público grande y eso implica que la obra va a ser vista por muchas personas distintas. Además, es bueno ver los diferentes tipos de obras en las secciones de la feria (sección principal, Artecámara, Proyectos, Referentes y Sitio) y hacer relaciones entre ellas.

¿Cómo se potencia su trabajo en Artecámara?
Llevaba un tiempo con la idea de hacer esta obra, pero no la había logrado por cuestiones de espacio. Creo que va a ser importante verla en otra escala y relacionándose con las de otros artistas dentro de una curaduría.

¿Tiene algún referente colombiano cuyo trabajo haya visto por primera vez en Artecámara y que lo haya marcado?

Sí, recuerdo que fue en Artecámara la primera vez que vi una obra de Ícaro Zorbar, uno de los artistas colombianos que más me gustan.

Ernesto Soto Madriñán
Bogotá, 1990

Ernesto Soto Madriñán recientemente concluyó un pregrado en Artes en la Universidad de los Andes, donde también es historiador del arte en formación. Actualmente considera la pintura un encauzamiento de las posibilidades visuales que los recursos plásticos ofrecen, puestos al servicio de un proceso empírico, que, por lo general, desemboca en la traducción de fenómenos y observaciones del paisaje.

¿Qué significa exponer en Artecámara?

Creo que este es uno de los espacios que hoy en día proporcionan mayor visibilidad a la obra de los artistas emergentes colombianos. Durante esa semana viene un público de diversos lugares a la expectativa de ver qué está surgiendo en una feria que se ha posicionado como un exponente del mercado latinoamericano contemporáneo. Más allá de que Artecámara pertenezca a una feria, por ende comercial, le tengo esperanzas al recorrido curatorial propuesto y que lo pone al margen de la dinámica especulativa del evento principal que es ARTBO.

¿Cómo describiría su obra?
En su proceso, es una pintura hecha en una lámina rígida de gran formato cubierta a mano por una acumulación de capas blancas y muy delgadas de imprimante o gesso. Cada revestimiento ha sido lijado de manera sistemática hasta dejar el soporte brillante y plano. Por entre las capas más superficiales se superponen veladuras de colores tenues aplicadas en acuarela por toda la superficie. El producto es un monocromo paradójicamente dinámico que consigue el aspecto de una atmósfera.

Es investigadora, crítica de arte y curadora independiente de arte contemporáneo enfocada en el campo de la creación joven de América Latina. Ha sido profesora de Historia del Arte en diversas universidades, y ha estado a cargo de la dirección de programas académicos en la Universidad de los Andes (Colombia) y en la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), así como en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Ha sido responsable de varias investigaciones y curadurías sobre arte contemporáneo colombiano y latinoamericano publicadas y apoyadas por la Cámara de Comercio de Bogotá entre 2005 y 2010. Iovino es miembro del comité asesor de la Cisneros Fontanals Art Foundation.

Laura Ceballos
Bogotá, 1988

Artista y profesora de la Universidad de los Andes. Maestra en Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, vive y trabaja en Bogotá. Su obra se enfoca en lo escultórico y la relación del cuerpo con su entorno. Le interesan las mutaciones y los cambios de la ciudad, su materialidad y la posibilidad de transformarla.

Ceballos trabaja fundamentalmente en el campo de la escultura. Su obra se desarrolla a partir del reconocimiento de la ciudad y la resignificación de los objetos que integran el circuito urbano. Desde sus inicios, la artista se ha interesado en el uso de materiales industriales y en la intervención del espacio público, a partir de acciones que alteran la percepción habitual de los transeúntes.

¿Qué expectativas tiene de Artecámara?
Tal vez me imagino personas mirando con extrañeza e intriga mi obra.

¿Qué vamos a ver en Artecámara?

Dos piezas de la serie Masa sobre volumen. Una de ellas es la recolección de muchos pedazos de asfalto que he recogido por las calles de Bogotá y que derrito y compacto para hacer una nueva masa terrosa. La otra son esferas de vidrio que en su interior tienen superficies que evocan otros planetas y cuestionan la atracción de la gravedad.

María Roldán
Bogotá, 1987

Estudió Artes Plásticas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y en la Universidad de Barcelona, y actualmente realiza el Master of Glass Art and Science en Lisboa. Su trabajo parte del dibujo, de técnicas gráficas y de la posibilidad de la expansión en el espacio de estos lenguajes. Dicho proceso ha producido, en consecuencia, una serie de obras y proyectos influenciados por conceptos como línea, paisaje y transparencia. Generalmente, los trabajos realizados y en proceso implican la utilización de textiles, mallas y materiales que permitan ser perforados con la intención de plantear nuevas transparencias en el espacio.

¿Cuál es su propuesta en Artecámara?
Se llama Muro de la vergüenza y es un muro de contención “relleno” de piedras de río y piedras sopladas en vidrio. Pareciera que la fragilidad y el vacío de las piedras perdieron su solidez. Cada una se hace a partir de un solo soplo dentro de un molde, que le da un tamaño a cada piedra. Por otro lado, están la rigidez y la estabilidad de los gaviones metálicos. Al juntar estos elementos —el metal, la piedra y el vidrio—, se levanta un muro cargado de transparencias veladas: una inestable estabilidad, una ligereza pesada.

¿Qué trabajo o artista colega de este año le llama la atención o asocia a sus gustos?
Llevo un par de años viviendo por fuera, un poco desconectada del trabajo de mis colegas. Lo que he visto es lo que internet me permite. Entre esas imágenes a la distancia me llaman la atención los trabajos de Sara Milkes, Linda Pongutá, Laura Ceballos, Diego Hernández, Rafael Andrés Díaz y Jeison Sierra.
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Santiago Rueda
Curador Artecámara 2011

Crítico y curador de arte colombiano. Es maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios en Diseño y Arte de la Universidad de Westminster, Londres (Reino Unido) y doctor en Teoría, Historia y Crítica de las Artes de la Universidad de Barcelona. Es autor de los libros Hiper/Ultra/Neo/Post: Miguel Ángel Rojas, 30 años de arte en Colombia y Una línea de polvo: Arte y drogas en Colombia, ganadores de los premios de Ensayo de Arte en Colombia del IDCT y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño en 2004. En 2006 ganó el Premio Nacional de Crítica del Ministerio de Cultura – Universidad de los Andes por el ensayo sobre Arte contemporáneo en Colombia, Olor de Santidad.


Conrado Uribe
Curador Atecámara 2012

Comisario e investigador, magíster en Historia del Arte (Universidad de Antioquia, Colombia), trabaja con Screen Projects desde 2012. Ha sido curador de la sección Artecámara en la feria de arte ArtBo 2012, y curador jefe del Museo de Antioquia entre 2008 y 2011. Como profesional busca desarrollar prácticas horizontales y dialógicas con artistas, instituciones y público, centrándose en iniciativas con relevancia y capacidad de resonancia en los contextos locales, sin olvidar las demandas globales contemporáneas.

Juan Sebastián Ramírez
Curador Artecámara 2013

Fue curador asociado en el Museo La Tertulia de Cali. Ha sido director de la Galería R&M en Cali, curador y coordinador de residencias en Wysing Arts Centre en Cambridge (Reino Unido) y cofundador con Beatriz López y Pablo León de la Barra del proyecto independiente 24/7 en Londres (Reino Unido). En el último año curó, junto a Érika Flórez, los 14 Salones Regionales de Artistas (zona Pacífico) y editó los libros de crítica Víctor Albarracín: El tratamiento de las contradicciones y Ojotravieso. Este año abrió un nuevo espacio en la ciudad de Cali, llamado (bis) oficina de proyectos, dedicado a mostrar trabajos de artistas colombianos.

Jaime Cerón
Curador Artecámara 2014

Actualmente es el curador de la Fundación Misol para las Artes. Es egresado de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia y allí mismo cursó la maestría en Historia y Teoría del Arte. Su trabajo se ha centrado en cinco frentes: la docencia, la crítica, la curaduría, la investigación teórica y la gestión cultural, que ha desarrollado simultáneamente de forma continua desde 1994 hasta el presente. En 1997 y 2007 fue gerente de Artes Plásticas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, y desde octubre de 2010 hasta julio de 2014 fue asesor de artes visuales del Ministerio de Cultura.

*Periodista y artista

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