Esta es una fotografía del Cabaret Voltarie en Zúrich. Lugar donde se fundó en 1916 el movimento artístico Dadaísta.

“El arte ha muerto. ¡Larga vida al Dadá!”

Este 2016 se cumple un siglo desde que la irreverencia del Dadaísmo se manifestó en Europa. Un movimiento que se opuso con frustración a la razón, la guerra y las artes. ¿Qué queda de él hoy en día? y ¿Qué le heredó Colombia?

2016/01/08

Por Mónica Jaramillo Arias

La frase del título es de Walter Serner, escritor de uno de los manifiestos más importantes del Dadaísmo. Pero basta con eso para hacerse una idea sencilla de lo que era el Dadá: Un grupo de jóvenes que no creían en el arte de la época sino que, por el contrario, intentaban destruirlo. Su filosofía estaba basada en la anarquía e, irónicamente, llegaron a ser reconocidos por ese mundo culto, producto de la sociedad burguesa, que tanto rechazaban. Todo esto en medio de una atmosfera de furia y desencanto que dejó la primera guerra mundial.

Quienes lo integraban, fueron en su mayoría un grupo de intelectuales que pusieron de moda el sinsentido. Sus poemas, por ejemplo, no podían hacer caso a la razón sino al azar. Entonces, establecieron una forma literaria que consistía en recordar palabras de un artículo de prensa, meterlas en una bolsa y, luego, agitarlas. Así, se iban sacando y se iban pegando en un papel en el mismo orden que salían. Una figura muy parecida a lo que conocemos hoy como el juego del cadáver exquisito.

El resultado, como lo describe el periodista británico Will Gompertz en uno de sus libros, “eran puras galimatías”. Es decir, cosas sin sentido. Ridículas, ordinarias y muchas veces irrazonables. Lo mismo que sucedió con las artes plásticas, la música, la literatura, los bailes, los disfraces, y en resumen, todo su estilo de vida.

Marcel Duchamp, Tristan Tzara, Hugo Ball, Francis Picabia, Man Ray, Hans Arp, fueron su máximos exponentes. La de una euforia que terminó con la misma fugacidad con la que nació. En 1922, con el manifiestó el surrealismo, muchos de sus artistas se fueron adhiriendo a esta nueva corriente hasta que el Dadaísmo perdió la atención. No antes sin dejar una gran huella en arte moderno que le sucedería.

¿Qué queda cien años después?

Como explica María Wills, curadora y crítica de arte colombiana, el dadaísmo fue sin duda una vanguardia liberalizadora, que “desde el primer momento provocó que el arte dejara de entenderse como algo bello, para pasar a convertirse en algo sucio, desordenado e irracional”. Según ella, uno de los grandes aportes al arte moderno está en que, al ser un movimiento que nació de la literatura, originó nuevas propuestas no solo editoriales sino también visuales. “La palabra como forma artística se volvió casi o más importante que el dibujo o la pintura misma”, pero además, “reveló la capacidad que tenía el arte de ser global”.

El Dadá, en efecto, fue un colectivo que se inició en el Cabaret Voltaire de Zurich donde sus partidarios se dieron a conocer al publico mediante manifiestos, poemas y recitados. Se diferenció del Futurismo (Italia), Cubismo (París) y Expresionismo (Alemania), por su eco internacional. Sus adeptos estaban también en París, Berlín, Colonia, Hannover y Nueva York y con ellos mantenían contacto y participaban activamente en publicaciones. No obstante, como empezaron a despertar dentro del público muchos sentimientos encontrados, sus escándalos derivaron en exposiciones clausuradas, publicaciones sensuradas, disturbios e incluso con algunos de ellos en la cárcel.


Reunión dadaísta, 11 de enero de 1921. París, Bibliothéque Litterarie Jacques Doucet, Archives Charment. 

Pero ¿Fue esto, al mismo tiempo, algo negativo? Según Carlos Granés, escritor y antropólogo, junto al Dadaísmo “empezó el solipsismo artístico y el desprecio por la técnica. Y a la postre, fue más luminoso en el campo de la vida que del arte”.

El Dadá ha sido una de las fuerzas culturales más influyentes del siglo XX, y como explica el mismo “sus consecuencias, como decía George Steiner [crítico y teórico de la cultura], aún no han sido del todo desveladas ni asimiladas”. Manifestaciones contemporáneas como el arte conceptual, la instalación, el happening y el performance, sean colombianos o extranjeros, se derivan del futurismo y del dadaísmo. Pero “eso no es lo fundamental”, dice Granés.

Según el escritor, nuestras escalas de valores se parecen mucho más a las de los dadaístas que, por mencionar a un par de revolucionarios con visibilidad histórica: Lenin o el Che Guevara. “Nuestro estilo de vida debe mucho más a Tristan Tzara que a estos dos personajes. Dadaísta es la actitud deconstructiva que predomina en las universidades contemporáneas  y que cuestiona las categorías y conceptos; dadaísta es el infantilismo de la publicidad y las películas de Hollywood, dadaísta es la importancia que le damos al humor en nuestra sociedad; es Charlie Hebdo y la reacción mundial en contra de los atentados que intentaron coaccionar la libertad radical del individuo”.

No obstante, mas allá de esta herencia conceptual, es muy arriesgado decir que el movimiento aún subsiste. “El Dadá tuvo un momento histórico muy preciso: el primer tercio del siglo XX - afirma Halim Badawi, crítico de arte - y si bien algunas de sus estrategias pudieron influir en el resto del arte de los siglos XX Y XXI, los dadaístas propiamente dichos sólo existieron en ese momento historico preciso”.

¿Qué le heredó Colombia?

Hablando en una materia más local, la influencia del Dadá en Colombia se pasea por los mismos rincones ya mencionados: entre el arte moderno y el arte contemporáno. “Desde luego, mezclados con preocupaciones más locales y con el espiritu de cada época”, explica Badawi.

Esto responde a que estas vanguardias llegaron a Colombia con unos treinta años de retraso y en contextos muy diferentes. “Cuando se fundó en 1916 el Dadaísmo, nuestro país seguía bajo la tradición academicista de la Escuela de Bellas Artes y hasta 1930 se fundó la Academia de Bellas Artes para ensañar a la manera de la San Fenando de Madrid”, dice Wills. En este sentido, hubo un destiempo absoluto y la influencia del Dadaísmo fue perceptible en Colombia hasta la decada de los sesenta y setenta.

De este momento, se pueden destacar figuras como Bernando Salcedo, ganador de un Dante Alighieri en 1966 y Adolfo Bernal, quien construía pancartas con una tipografía irracional. Así mismo, los grabados de Álvaro Barrios. Artistas en los que, según Badawi, es perceptible “una apropiación antropófoga y auténtica de ciertas estrategias del Dadaísmo”

Así mismo, estos tres críticos están de acuerdo en que la idea de que un artista debe ser rebelde parece haberse perpetuado desde el dadaísmo hasta la actualidad. Y que la necesidad de escapar a los ejes trazados por la influencia del mercado del arte debe, por lo menos, cruzarse en el proceso creativo de los artistas del presente.

Como resume Granés ,“se pensó que la revolución que cambiaría la vida en el mundo sería la comunista, y sin embargo fue otra, la revolución dadaísta, que de manera silenciosa, desde las catacumbas de la sociedad, fue incubando una revolución mucho más poderosa. No quiso cambiar el sistema; quiso cambiar la vida, nuestras actitudes y valores, y finalmente –es la hipótesis que he defendido en mis libros- lo consiguió”.  

La celebración de un siglo

Según han publicado diversos medios, la captital cultural de Zurich celebrará por lo alto “165 días del Dadaísmo”. Habrán fiestas en todo el mundo y las obsesiones de sus integrantes serán homenajeadas en el mismo Cabaret donde nació el movimiento hace un siglo. El Museo de Rietberg, El Museo Nacional de Zurich y el Kunsthaurs, serán algunos de los espacios culturales que se unirán a la celebración.

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