RevistaArcadia.com

Desprestigiada herencia

Hace cinco años, el barranquillero Marco Mojica era prácticamente un desconocido fuera de su ciudad. Hoy, después de haber ganado en 2005 el Primer Premio Botero de Arte Joven, es considerado uno de los artistas más interesantes en Colombia. Por estos días, su más reciente obra se exhibe en la galería El Museo.

2010/06/29

Por María Alejandra Pautassi* Bogotá

La primera vez que el artista Marco Mojica se enfrentó a la experiencia de ver una obra original fue en el 2007. Durante seis meses recorrió la costa este y el medio oeste de Estados Unidos —Chicago, Boston, Nueva York, St. Louis y Miami— con la idea “de visitar los primeros templos del arte”, como los llama con una sonrisa: el Metropolitan Museum, El MoMA, el Museo de Historia Natural, el Guggenheim, el Chicago Art Institute —en total más de diez— y hacer recorridos completos en busca de imágenes que quizá le sirvieran en su trabajo. ¿El resultado? Por ahora nada que pueda utilizar, una que otra sorpresa como que en St. Louis, Missouri, se interesaran por el arte colombiano (el Contemporary Art Museum de esa ciudad tiene cuatro obras de Doris Salcedo), y una conclusión enfática: “El Museo Metropolitano de Nueva York es un ladrillo”. No, él no está en contra de los museos, sabe que son instituciones y que tienen una función. “Pero, ¿quién se aguanta el recorrido desde la sala de arte egipcio hasta los impresionistas?”.

Hace cuatro años Mojica recibió el Primer Premio Botero para Arte Joven con su obra Incidente. Se trataba de una pintura de la instalación Extractor de atmósferas del caleño Elías Heim, en la que se veía el gigantesco extractor tal como si estuviera expuesto en la sala de un museo, pero con un detalle adicional: una empleada lo estaba limpiando. Aunque no se trataba de una crítica abierta, el sentido del humor era evidente; la pintura de Mojica de alguna forma desmitificaba la instalación y, como no, la institución del museo, la forma como nos acercamos a las obras que allí se muestran. Desde entonces, el barranquillero ha expuesto en Madrid, en Milán, varias veces en Bogotá y Barranquilla, en Boston y participó en una subasta en el Museum of Latin American Art de Los Ángeles. Y aunque al parecer el jugoso premio no se le ha subido a la cabeza (mantiene su bajo perfil, la misma rutina de trabajo —ocho horas durante el día, todos los días— y su mordaz sentido del humor), no queda duda que este le abrió muchas puertas. Tanto, que Mojica es considerado uno de los artistas jóvenes que más promete por su solidez conceptual e impecable técnica, y se ha hecho un nombre como pintor conceptualista, heredero de la tradición de Álvaro Barrios.

Desde el 3 de junio se puede ver en la galería El Museo el más reciente trabajo de Marco Mojica: 27 obras en las que el barranquillero “se apropia” no solo de imágenes que se han convertido en hito del arte del siglo xx —la Rueda de bicicleta de Marcel Duchamp, el perro de Jeff Koons, las Cajas Brillo de Andy Warhol y el Spaghetti Man de Paul McCarthy—, de artistas modernos colombianos como Ramírez Villamizar y David Manzur, sino de las más diversas fuentes: el afiche italiano de la película Zombie de George Romero y la carátula del disco La conspiración del salsero Ernie Agosto. Con todo, su tema es el arte. Los prejuicios que rodean el mundo del arte. “Un mundo —según el artista—, en el que hay muchos clichés, como por ejemplo creer que uno no puede ser un artista contemporáneo si hace pinturas y que solo se es contemporáneo haciendo instalaciones o video”.

De hecho, Mojica es una rara excepción entre los artistas jóvenes. Desde principios del siglo xx y con la aparición de la fotografía la pintura cada vez fue perdiendo su rango en el mundo del arte

—la frase de Duchamp, “más bruto que un pintor” fue el comienzo de una larga carrera de desprestigio, hasta el punto de que si alguien hoy decide estudiar arte es muy improbable que lo haga con la idea de convertirse en “el próximo Manzur”—. Y aunque Mojica pinta, y lo hace con maestría, para él la pintura no es más que una herramienta. “Me interesa menos la pintura que la imagen pintada, cómo se ve la pintura dentro de nuestro contexto”. Un contexto en el que todavía se endiosa la originalidad, la idea de que el sentido que un artista es único y verdadero es comúnmente aceptada, y se da por hecho que el verdadero artista es ese pintor emocional, atormentado. Un contexto en el que, sí, los museos “son templos del arte”.

Painter, un óleo sobre lienzo, basado en el performance de 1995 de Paul McCarthy, es un claro ejemplo del alcance conceptual de la obra de Mojica. En el original, McCarthy se burla del tormentoso proceso de los pintores emocionales. Un personaje —grotesco, aunque es un artista, probablemente se trata de un profesor de arte— da instrucciones sobre cómo hacer una pintura: ‘I’m fuckin’ paintin’, I’m fuckin’ paintin’, I’m fuckin’ paintin’, se repite a sí mismo hasta la angustia. ‘Try to understand emotion’, sentencia, antes de lanzar brochazos sobre un lienzo gigante. Mojica pinta (imita) lo que serían los bocetos de la foto fija del video. En pocas palabras: la representación del boceto para una acción —valga anotar la contradicción— en la que se caricaturiza la figura del pintor. Algo similar ocurre con el cartel de Zombie, en el que un pincel que gotea pintura reemplaza el hacha de la película de George Romero y con la apropiación de la obra de Lucio Fontana, quien se dio a conocer a principios de los sesenta por rasgar sus lienzos para abrir el alcance espacial de un cuadro: la versión de Mojica es un díptico, en uno de los cuadros se ve a dos mujeres peleando por unas tijeras y en el otro, ubicado en la pared contigua, se ven los cortes instructivos para hacer las rasgaduras.

Ante la pregunta sobre la pertinencia de la pintura, Mojica responde: “Yo trabajo con una herencia desprestigiada. Y me gusta que así sea”. De ahí parte el humor en su obra, su ironía, los giros conceptuales de sus cuadros, la tautología y, ante todo, la pregunta por su oficio y el cuestionamiento de ciertas jerarquías en el arte. “Yo trabajo con material de tercera”. Las imágenes que todos los días ve en internet, en revistas, en libros de arte, en la televisión. Rara vez los originales en los museos y, todas, imágenes filtradas, que le llegan a su casa en Barranquilla con una buena carga cultural. “En estos momentos a todos nos llega la información así. Todos trabajamos así. Solo que yo trabajo con arte”.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.