Rosa Perales Piqueres, curadora de la exposición

"Durero fue un estudioso científico del arte"

Hablamos con la especialista española Rosa Perales Piqueres, responsable de la curaduría de las exposición de 113 grabados de Alberto Durero, que se puede ver en el Museo de Arte del Banco de la República

2014/08/08

Por Ricardo Castro

Rosa Perales Piqueres tiene un marcado acento español, extremeño para más señas, y dice estar encantada con Colombia -"De los países de Sur América, es dodne me he sentido más cómoda"- aunque es la primera vez que viene. Perales pasó cuatro días preparando la gran exposición de Durero, Grabados (1496 - 1522) compuesta por 113 obras del artista alemán que se exhiben, hasta noviembre, en el Museo de Arte del Banco de la República.

¿Quien fue Alberto Durero?

Durero es uno de los elementos clave de la historia del arte europeo y occidental. Es el parangón de Leonardo da Vinci al Sur. Él es el humanista del norte, el gran pintor del norte, que lleva el humanismo y el mundo clásico al mundo del norte, a los Países Bajos, a Austria, y a toda Alemania. Es un gran investigador, un creador de ideas y es un promotor del artista como creador individual independiente que piensa, que desarrolla la idea, y que la crea. Y que además, la proporciona a la sociedad. Esa es una idea muy importante de Durero. Tenía un vínculo muy fuerte desde su creación artística con la sociedad. Con una untención una idea muy clara de educar y difundir las  ideas modernas que se estaban gestando en el siglo XV.

Aunque pensaba en su tiempo, la vigencia e su obra se mantiene...

Sin duda. Creo que es vigente porque utiliza una serie de pautas técnicas y analíticas sobre el estudio de la geometría, de la aritmética, de la proporción y de las formas que están siempre vigentes porque son la base del estudio científico del artista. Era un estudioso científico del arte. Y todo eso se sigue usando para aprender de las proporciones humanas, por ejemplo, o de la perspectiva de la composición. Fue un pionero en esos campos y hoy, así como el arquitecto tiene a Vitrubio, un pintor siempre tiene al grabado de Durero y al grabado de Rembrandt como manuales de arte.

¿Diría que era un adelantado a su tiempo?

Totalmente. Fue un pionero total, porque además crea un tipo de canon que no es exactamente el clásico, sino que está adaptado a la figura del hombre del norte. Por eso es más alargado que el canon clásico que nos habían transmitido los grecolatinos.

¿Cómo fue recibido en su momento?

Yo creo que Durero fue uno de los artistas privilegiados del renacimiento. Aunque vivió en un mundo donde se cuestionaban los aspectos sociales y sobre todo los aspectos religiosos. Y sin embargo, en esa sociedad en transformación, él fue capaz de crear una imagen de artista independiente, dueño de su propio destino y de su propia obra.

¿En qué consiste el orden que quiso darle a esta muestra?

                En esta exposición hay obras de diferentes etapas y obras muy complejas. He dividido en tres etapas la exposición. La primera es lo que se podría llamar como el primer Durero, donde están las obras iniciales y en las que se ve el aprendizaje de lo que fue al comienzo como artista flamenco y del norte de Europa. Luego, en la segunda etapa se ven dos momentos biográficos importantes, que son sus dos viajes a Italia. Durero ya crea un modelo formal y estético para su propia producción e incorpora elementos hasta entonces desconocidos como el paisaje natural, y aproxima la temática religiosa de una manera más fácil al pueblo. La tercera etapa es la plenitud técnica y estética de Durero. Ya es un hombre formado, maduro, y que termina de entender los procedimientos de la proporción humana, que era su obsesión. Se vincula a los grupos de poder, pasa a formar parte de la corte de artistas del emperador Maximiliano, se le reconoce en toda Europa y se difunden sus grabados. Eso le permite crear obras para su propio gusto. Es el caso de La melancolía y El caballero, el diablo y la muerte. La exposición termina con piezas de su última etapa en las que se puede apreciar ese amor profundo por el retrato y termina con un tema mitológico, de los pocos temas mitológicos que hizo Durero.

 

 

 

 

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