Fachada del Museo Nacional de Irán.

El caso Iraní

¿Cómo se recupera la historia de un país que no quiere recordarla? El caso del Museo Nacional de Irán y su dispersa colección de arte persa.

2011/06/15

Por Rita Arango

Hay una secreto no tan secreto en Irán: la mayoría de las obras importantes que permanecen en el país, al menos algunas de las más significativas, están guardadas en los grandes sótanos de los museos. Esto sucede tanto con el arte moderno, del que Irán tiene una de las colecciones más importantes de Oriente Medio, como con piezas de las colecciones históricas que corresponden a los periodos preislámicos y islámicos de Persia, muchas de las que se encuentran guardadas en el Museo Nacional de Irán que fue inaugurado en 1937.

“Me acuerdo de un caso bastante representativo de lo que sucede con el arte en Irán”, cuenta uno de los artistas y maestros de historia del arte persa más reconocidos de Irán, que acepta contar cómo fue la creación del Museo Nacional y cómo ha sido su manejo desde entonces con la condición de que no se publique su nombre. “Es mejor así”, se disculpa.

“Después de la Revolución Islámica–en 1979- el gobierno pidió a Estados Unidos que le devolviera una tablas de piedra preislámica encontradas en Persépolis que contenían valiosos documentos acerca de la Persia de entonces y que habían sido enviados para que un gran experto los descifrara”, cuenta. Las tabletas, como estaba acordado, fueron devueltas a Irán en cajas.

“Años después un director del Museo, que se estrenaba en el cargo, denunció ante la prensa que las cajas estaban puestas de cualquier manera en un rincón y que muchos de los documentos estaban destruidos”, sigue narrando el maestro que cree que a pesar de la denuncia que se hizo entonces hoy el desorden sigue siendo el mismo.

Esta negligencia, dice, tiene una razón histórica. “En los últimos cuatrocientos años todo lo viejo de la cultura persa quiso ser olvidado”. Las razones son muchas. Una pudo haber sido la influencia religiosa pues la vieja historia, la de antes de la llegada del Islam en el año 640 D.C., esta relacionada mitologías que no encajan con las creencias islámicas. Pero también, asegura, fue puro desinterés general. “A nadie le interesaba”.

Un museo para colgar

Tuvieron que pasar lustros hasta que en 1929, el Sha Pahlavi, padre del último Sha de Persia Reza Sha Pahlavi, entendiera la importancia que tenía para Irán recuperar la memoria histórica e impulsara una ley que ordenaba proteger el patrimonio nacional. Para entonces miles de objetos y grandes monumentos ya no se encontraban en el país.

En épocas anteriores se habían hecho concesiones a países como Inglaterra, Francia o Alemania para que llevaran adelante las excavaciones arqueológicas en diferentes lugares de Irán, como Susa o Persepolis, antiguos centros neurálgicos del Imperio Persa que llegaría a su esplendor con Darío el Grande.

“Tenían la autoridad de excavar y llevarse parte de lo que encontraban, por eso hoy en día muchos de los monumentos y objetos más representativos de Irán están en museos de otras partes del mundo”, explica el profesor que en aquellos tiempos a las autoridades iraníes sólo les interesaba quedarse con los objetos de plata y oro, algunos de los cuales se pueden apreciar hoy en el Museo Nacional.

Más adelante, con la llegada del Sha Pahlavi en 1925 y su política cultural posterior, las excavaciones siguieron pero ya no se podían llevar los grandes monumentos y tenían que dividir lo encontrado con el gobierno iraní. “El compromiso es que las piezas únicas eran para Irán”. Explica que entonces se pusieron en una tarea de realizar excavaciones propias y recolectar el mayor número de objetos posibles para crear un Museo Nacional.

Su construcción fue encargada entonces a André Godard, un francés radicado en Teherán que para entonces era el jefe del departamento de antropología del Ministerio de Cultura. Godard construyó un gran edificio de 11.000 metros cuadrados y tres plantas que evocaba la arquitectura de la época Sasánida. “Es la construcción más bonita que se hizo en Irán en los años Treinta”. El museo, en el centro de la ciudad, abrió las puertas en aquel entonces con una colección de 300.000 objetos que datan desde hace 6.000 años atrás hasta más o menos la mitad de la dinastía Qajar, que reinó en Irán desde 1794 hasta 1925.

“En volumen el Museo Nacional de Irán puede ser uno de los más importantes del mundo, pero no es un museo vivo en el concepto moderno”, explica el maestro que hace referencia que este es un museo con grandes espacios que en el que se cuelgan piezas. “No tiene vida detrás, algunas veces hacen exposiciones interesantes pero no hay política seria para traer público”, cuenta el artista que hace énfasis en las piezas del periodo islámico que fueron retiradas del edificio construido por Godard, conocido también como Iran-e bastan, en 1984.

El objetivo era abrir una colección independiente en una edificación que se estaba construyendo al lado del museo de Godard y que finalmente se abrió en 1996. Este museo, sin embargo, se cerró años después para ser remodelado y hasta hoy no está abierto al público. Lo que suena contradictorio si se tiene en cuenta que Irán es una República Islámica. “Tal vez no los beneficia desde el punto de vista islámico. No coincide con su ideología”, explica el profesor.

Si Irán hubiera puesto de su empeño, dicen, podrían tener el Museo de arte Islámico más importante del mundo. Al fin y al cabo, el país posee más de la mitad de las obras representativas de este periodo en el mundo, según la información oficial del museo la colección llega a 10.000 objetos. “Tenemos grandes piezas”, dice pero al día de hoy sólo se pueden apreciar algunos objetos interesantes de esta época en algunos museos de la ciudad.

“Irán ha perdido la batalla contra museos islámicos como el de Doha, Qatar, donde se tiene una de las colecciones más maravillosas dedicadas a este periodo de tiempo”, concluye el maestro que asegura que en Irán todo esta dado para tener un gran Museo menos la voluntad.

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