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El intérprete de imágenes

Acaba de ganar el Premio Velázquez (el Cervantes de las artes). Pasó por Colombia para inaugurar una exposición El Parqueadero, el espacio de la BLAA que se perfila como un laboratorio para proyectos de arte contemporáneo.

2010/03/15

Por Redacción Arcadia

En 1971 y a la edad de 29 años, Antoni Muntadas dejó su Barcelona natal para instalarse en Nueva York. Franco estaba ya viejo, pero los dictadores viejos son doblemente peligrosos. Basta recordar que poco antes de morir, en septiembre de 1975, Franco firmó cinco penas de muerte de activistas de izquierda, que fueron ejecutados el 27 de ese mismo mes, 20 días antes de su propia muerte por senectud.

En el verano de 1974, Muntadas estuvo en España, más exactamente en Cadaqués, esa ciudad costera mediterránea que no tenía entonces más de 3.000 habitantes pero que en las vacaciones de agosto se convertía en un hervidero turístico de 60.000 personas.

Allí, junto con algunos amigos, montó una emisión televisiva clandestina de información local. No habían pasado tres semanas cuando fue cerrada por el Gobierno. Era en catalán.

Cuando uno le pregunta a Muntadas si esa emisión era de tipo periodístico, no contesta. O sí: pide un papel y dibuja en él tres círculos que se yuxtaponen. En uno escribe la palabra ‘arte’. En otro, ‘ciencias sociales’, y en el último, ‘medios de comunicación’. Luego, pone con decisión la punta del bolígrafo en toda la mitad de la intersección y dice: “Mi trabajo está aquí”.

Y es que sus trabajos son el resultado de años de reflexión de orden sociológico; de curiosidad por las mentalidades, los estereotipos, la manipulación, la censura, los mecanismos de los gobiernos o los mecanismos del mundo de las finanzas: problemas de un mundo supuestamente globalizado, pero plagado de problemáticas fronteras.

Su trabajo está en su mayor parte constituido por videos, a los que él llama “intervenciones televisivas”. No es gratuito que los críticos de arte lo hayan llamado el “traductor de imágenes”.

Muntadas detesta ciertas etiquetas, como la que lo bautiza como el “padre del net-art” o arte en internet. Pero ¿cómo evitar esa etiqueta, cuando fue uno de los primeros artistas en hacer todo un proyecto para la red, en 1994? El proyecto –The file room– es considerado hoy una obra clásica del net-art y se puede ver en thefileroom.org; consiste en un archivo abierto de casos de censura, en el que puede participar todo el mundo. La instalación física que acompañó el inicio de este proyecto, en una galería de Chicago, constaba de 138 sombríos archivadores negros de metal que tenían 522 pequeños cajones para fichas. Así mismo, había en el medio de la sala siete pantallas de computador. El público podía abrir la página del proyecto en la pantalla y añadir información de cualquier tipo de casos de censura. Y todo esto en 1994. Nadie estaba aún conectado y ya Muntadas era capaz de dibujar el mundo de comunidades virtuales, de caos democrático que caracteriza la red, e incluso prefigurar la enorme tentación para muchos gobiernos de control y censura de internet: todo lo que nos esperaba en el siglo XXI.

Hay conceptos que de manera muy clara obsesionan a Muntadas: el miedo, por ejemplo. O los medios masivos. O la traducción. Y, por supuesto, tienen que ver entre sí, como las redes de una intrincada telaraña.

Entre sus muchos proyectos, ha llevado a cabo dos videos de su serie Fear: uno en la dura frontera entre Tijuana y San Diego (2005), y otro en Tanger, esa incómoda línea divisoria entre África y Europa, o más bien entre el mundo cristiano y el musulmán. ¿Son documentales? No, contesta sin dudarlo. Otra cosa es que tome prestadas técnicas del documental, como las mismas entrevistas.

Pero Muntadas no piensa en el medio de antemano. Primero asimila, digiere, absorbe información. Así trabaja: “Cada proyecto que hago está pensado para un lugar. Las cosas se piensan para un contexto. Cuando yo hago un proyecto, una de las primeras cosas que hago al llegar a un sitio es crear un equipo de trabajo local. Personas que me nutren, con las que establezco un diálogo que me enriquece. Puede tomar mucho tiempo, años. Hay trabajos que duran décadas. Se les añaden capas. El tiempo es importante porque las cosas tienen que madurar. Y llega un momento en que ya consideras que el trabajo está listo para ser mostrado”.

Ahora, Muntadas está trabajando para varios proyectos en Estambul y en Sao Paulo. Para Muntadas ese viajar por el mundo equivale a una exploración necesaria y constante de las imágenes de esos mundos en transición: imágenes que tienen que ser interpretadas. Imágenes cuya lectura debe subvertir el cliché, el estereotipo. “La labor del artista hoy es hacer visible el lado invisible de las imágenes”, dice.

Muntadas no parece un hombre particularmente fascinado por los discursos académicos. “Las palabras no son mi medio. Son las imágenes. Y cómo se articulan con el sonido y con la palabra”. Sólo toma sus notas de campo, que son sucintas, sintéticas. Asegura que lo ayudan a acompañar el proyecto, pero inmediatamente aclara que también la gente lo acompaña. En muchas de sus imágenes sí hay palabras y textos insertos, pero él alega que esas palabras están encima de otras texturas, de manera intencional. “Son una especie de acupuntura de las imágenes.”

En el Parqueadero Muntadas está exponiendo tres proyectos. On Translation: Fear, sobre la frontera entre México y Estados Unidos es uno. Between the lines (Entrelíneas), de 1979, es otro que se cuestiona sobre los límites de la información y el lugar del periodista. Y por último, Political Advertising, un minucioso trabajo de compilación de las publicidades de televisión de las campañas a la Presidencia, desde 1952 hasta 2008. El proyecto es fascinante porque pone en evidencia la evolución histórica de la narrativa ideológica. Cómo los candidatos juegan con la emotividad, con contenidos estudiados, producidos más por análisis de encuestas que por creencias. No son más que productos de consumo con propuestas completamente vacías de contenido. El candidato se va convirtiendo en celebridad, hasta terminar con el famoso “Yes we can” de Obama, que arrancaba lágrimas a los internautas. Pero los cambios tampoco son demasiado trascendentales: la semilla del espíritu publicitario está sembrada desde Adlai Stevenson, y florece con Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Clinton, los Bush y un largo etcétera.

A Muntadas le interesa el mundo. El del poder, el de la manipulación, el del atontamiento de las masas por mecanismos mediáticos masivos que es posible develar. En el fondo, Muntadas no es otra cosa que un discreto militante de utopías. Un denunciante. Sí, sin duda, un acucioso traductor de imágenes.

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