El Estado Islámico destruye patrimonio cultural.

Estado Islámico: dinamita, taladro y pico contra la civilización

Con la destrucción del patrimonio cultural de Iraq y Siria, los miembros del Estado islámico pretenden ganar el paraíso; y millones de dólares. Después de los ataques aéreos del sábado, ¿podrán salvar el patrimonio cultural de Palmira?

2015/05/19

Por Marco Bonilla

Esta semana, el mundo se enteró que el grupo autodenominado Estado Islámico (IS por sus siglas en inglés), combate contra fuerzas sirias a menos de dos kilómetros de la ciudad de Palmira. El lugar, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco guarda importantes vestigios de las civilizaciones persa y greco-romana. A pesar de los ataques aéreos contra el grupo, se teme que, de acceder al lugar, este corra el mismo destino que las ciudades de Hatra y Nimrud, que fueron devastadas por el grupo fundamentalista a comienzos de este año.

El pasado 10 de Abril, el IS, difundió un video en el que se observa la destrucción de la ciudad asiria de Nimrud. El video de siete minutos de duración, de alta factura y realizado con la última tecnología, muestra a los miembros del grupo usando picos,  taladros eléctricos, mazos y barriles llenos de explosivos contra esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; ubicada a 30 kilómetros de Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, tomada por el IS desde junio de 2014.

Poco queda de esta ciudad a orillas del río Tigris, capital del primer imperio del mundo, que  hace tres milenios se expandió más allá de la región de Mesopotamia, hasta las llanuras de Anatolia y Egipto. La ciudad, un museo a cielo abierto, ha sido prácticamente borrada de la faz del desierto.  En el comienzo del video se ve a un militante del IS diciendo: "Alá nos ordenó destruir los ídolos y es lo que estamos haciendo". Luego se ve a los yihadistas despedazando relieves de alabastro con la figura de reyes y dioses asirios y figuras de unos toros alados de más de 2500 años de antigüedad, considerados como deidades en la antigua Mesopotamia. Finalmente, desde cierta distancia se observa cómo la ciudad, que se extendía por 350 hectáreas, es reducida a escombros y polvo por efecto de los barriles de pólvora. Nimrud, que sobrevivió al tiempo, a las tormentas de arena y al abandono del estado iraquí, no resistió la violencia del integrismo islámico.

La demolición fue denunciada tanto por el ministerio de Turismo y Antigüedades de Iraq, como por la Unesco, por intermedio de su directora general, la búlgara Irina Bokova. La destrucción de Nimrud se suma a la de Hatra, capital del imperio Parto, epicentro del primer reino árabe; la devastación de las ruinas de Dur Sharrukin, fugaz capital de la civilización asiria durante el reinado de Sargón II y el saqueo del museo de Mosul, de capital importancia para la conservación del acervo arqueológico de la antigua Mesopotamia. Ahora, es probable que la ciudad de Palmira se sume a la lista de lugares devastados por la acción atroz del IS, aunque el gobierno sirio asegure haber debatido a IS.

 
Patrimonio cultural en Palmira

El IS ha hecho de la barbarie su carta de presentación. A las ejecuciones sumarias, decapitaciones o crucifixiones de miembros de minorías religiosas y disidentes, se suma ahora la destrucción del patrimonio de Siria e  Iraq, los países donde su presencia es más notoria y desde donde se han expandido hasta alcanzar, África, la península Arábiga y Afganistán.

En Siria, la guerra civil que hace cuatro años enfrenta a fuerzas leales de Bashar al-Asad contra grupos opositores, entre ellos radicales islámicos como Al-Nusra y Al Qaeda, ha resultado en la devastación de sus bienes culturales. Obras del arte babilonio, asirio, griego, romano o bizantino han desaparecido para siempre y cinco de las seis ciudades inscritas en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco, como Alepo y Damasco, están muy dañadas y su recuperación demandará un serio esfuerzo internacional, imposible de momento.

El caso de Iraq es más dramático. Este país, creado por Inglaterra y Francia en 1919, tras el fin de la Primera Guerra Mundial, es el asiento de la antigua Mesopotamia, cruce de culturas desde el neolítico y región que vio el surgimiento de la escritura, la primera ciudad, el primer código legal escrito y el primer imperio. Desde finales de febrero el IS ha incrementado sus ataques contra el rico patrimonio iraquí, deteriorado por décadas de negligencia y saqueo. En una declaración el museo de Louvre afirmó su preocupación por la situación en Iraq, dado que “toda la memoria de la humanidad es el blanco en esta región que fue la cuna de la civilización, la escritura y la historia”. Mosul, Hatra, Nimrud y Dur Sharrukin se encuentran en la provincia de Nínive, bastión del IS y una de las primeras en caer en las manos del grupo integrista. Bajo amenaza se encuentra la ciudadela de Ashur, en la ribera del río Tigris, a poca distancia de Mosul, nombrada en honor de un importante dios del panteón asirio.

Pero ¿Qué hay detrás de la destrucción del patrimonio en Mesopotamia? Grupos como el IS, Boko Haram y el Talibán actúan con base a una interpretación ortodoxa del Corán y los hadices (la biografía y las enseñanzas del profeta Mahoma). El fundamentalismo jihadista no es nuevo. La interpretación literal y fanática de los textos islámicos se debe a un clérigo árabe del siglo XVIII, llamado  Mohammed Ibn Abd al-Wahhab quien destruyó el 90% de los monumentos en la peninsula arábiga, por oponerse a la unidad de Dios. El Islam está fundamentado en la idea según la cual no existe mas deidad que Alá y Mahoma es su profeta, como reza la Shahada, la profesión de fe y uno de los cinco pilares de la fe musulmana. Las imágenes de deidades pre-islámicas contradicen esa idea.

 

El IS sigue a pie juntillas el ejemplo de al-Wahhab y propone regresar el reloj al año cero, el tiempo en el que vivió el profeta Mahoma. Por ello, defienden una idea de pureza basada en las virtudes de los contemporáneos de Mahoma. El wahabismo pregona volver al  Salaf as-Salih, la comunidad de pioneros y al orden social de los tiempos del profeta Mahoma (570-632 DC), la edad de oro para el integrismo musulmán. Todo lo que existía antes o lo que vino después del profeta es considerado idolatría. Ello no impide el uso de armas, internet o cámaras de alta definición para difundir su mensaje.

El Islam prohibe las imágenes, incluso las del profeta Mahoma o Alá. No se permite representar lo sagrado en ninguna forma. En nombre del monoteísmo, los primeros seguidores de Mahoma destruyeron los ídolos que eran adorados en La Meca, asegurando que combatían la jahiliyyah (ignorancia) que precedió a las revelaciones del profeta.

No todo lo que mueve al IS es de naturaleza religiosa o espiritual. Detrás de la destrucción del patrimonio sirio e iraquí hay intereses más mundanos. El grupo ha vendido en el mercado global de antigüedades gran parte de las estatuas y figuras de menor tamaño que se encontraban en Hatra, Nimrud y el museo de Mosul. Por tanto, se sospecha que al atacar sitios arqueológicos el IS no sólo está cumpliendo con un credo sino que también está haciéndose a una fuente considerable de recursos para mantener la yihad, la lucha contra los enemigos de su fe.


Esta situación ha puesto en alerta tanto a la Unesco como a Interpol y las policías de numerosos países. Para Irina Bokova, directora general de la Unesco, no hay duda de que el IS se está financiando con el patrimonio cultural de las zonas ocupadas. Bokova afirma que es un "hecho" que el EI utiliza las obras robadas para financiarse. Para Bokova el yihadismo en esta región del mundo “genera ingresos al participar directa o indirectamente en el saqueo y contrabando de artículos del patrimonio cultural de los sitios arqueológicos, museos, bibliotecas, archivos y otros sitios en Irak y Siria”. Bokova cifra en miles de millones, los recursos derivados del tráfico de bienes culturales, tanto como lo que generan el tráfico de armas o drogas.

 

Para la funcionaria “hasta ahora no han aparecido abiertamente piezas de Irak ni de Siria en el mercado de arte legal”. Sin embargo, la entidad ha detectado en plataformas virtuales de venta ilegal objetos pequeños, como monedas, lamparillas de terracota o estatuillas. Los mayores mercados del arte son Estados Unidos, Suiza, Francia, Reino Unido y China. Desde 1970 la comunidad internacional dispone de una Convención internacional coordinada por la UNESCO que establece las maneras de combatir ese tráfico. Sin embargo, se cree que muchos objetos provenientes de Siria e Iraq, ya se encuentran en colecciones privadas alrededor del mundo.

La devastación del patrimonio en Iraq y Siria ha sido comparada con la voladura de los gigantescos budas de Bamiyán el año 2001 en Afganistán y la destrucción de parte del patrimonio de Timbuktú por parte del Movimiento para la Unicidad y la Jihad en Africa Occidental, grupo cercano a Boko Haram. Al borrar las huellas de la humanidad, el IS y otros grupos yihadistas pretenden conmover al mundo y provocar un aumento de la  presencia militar para justificar la idea de una guerra santa contra el Islam, de un choque de civilizaciones. Pero también pretenden poner en juego su vision radical del Islam suní, al tiempo que acceden a una fuente sin par de recursos, ante la caída internacional de los precios del petróleo. La respuesta de la comunidad internacional aún sigue siendo tímida y, de momento, no parece que el IS tenga planeado detenerse en su cruzada contra la historia y la memoria que albergan los lugares donde pretenden imponer su dictadura medieval.

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