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¡Excusados!

Desde los años setenta, con las protestas estudiantiles, y después en los ochenta, con el miedo al Estatuto de Seguridad, el graffiti ha representado una actitud política en Bogotá. Sin embargo, la primera década del siglo XXI nos trae un colectivo de artistas que no se definen como políticos, pero que están revolucionando la manera de “decorar la ciudad”. Ellos son Excusado. Y La Silueta, un joven proyecto editorial, acaba de publicar un libro sobre su trabajo.

2010/03/15

Por María Claudia García

Excusado es un persistente colectivo conformado por cuatro jóvenes diseñadores gráficos que, frustrados por las ataduras de la academia, encontraron su camino en las calles interviniendo la ciudad a través del esténcil y el graffiti. Son cuatro anónimos jóvenes que han marcado con sus efímeras y locuaces gráficas la piel de Bogotá, una ciudad que ha experimentado desde hace décadas un sinnúmero de fenómenos urbanos derivados de la guerra, la corrupción y la desigualdad. Su estudio está ubicado en el centro de la ciudad. Es un lugar laberíntico y agresivamente teatral en donde se respira una amplia atmósfera de honestidad hiriente. Este espacio representa de alguna manera el valor de lo que significa su trabajo. Sería una pena, como se ha planeado, que el edificio sea demolido, pero al fin y al cabo es el curso natural de las ciudades contemporáneas en virtud de un veloz crecimiento poblacional y urbano desenfrenado, y de las migraciones forzadas. En su capital, Excusado habrá sido testigo durante varios años de las consecuencias, porque las calles bogotanas son su verdadero lugar de trabajo, en donde no se ocultan los rezagos del progreso.

Hoy Excusado vive de su trabajo y sus integrantes aceptan la ironía del curso que ha tomado su práctica, en medios como la publicidad, como formas de reinterpretación y reinvención de una labor que comenzó como intervención callejera. Sin embargo, se arraigan a los principios de su trabajo y no proyectan una labor dependiente y alejada de las calles. Hace algunas semanas, la editorial La Silueta cristalizó el primero de sus proyectos independientes: un libro que recoge el trabajo de Excusado realizado durante los últimos cinco años. Un conjunto visual con un nivel de diseño y calidad admirable y accesible gracias a un precio público desproporcional al mercado editorial en donde los libros, sobre todo los relacionados con el arte y la cultura, son comercializados como bienes de lujo.

Son varias las contradicciones que surgen cuando una actividad subversiva de ámbito público como el graffiti se enmarca en contextos como galerías de arte, proyectos editoriales o en promocionar productos comerciales masivos, como la marca de cigarrillos Pielroja en varios muros de la ciudad. En el caso del libro Excusado-decoración de exteriores, sus creadores se refieren al proyecto como una recolección de memorias de un arte efímero que cuenta otro aspecto de la historia de Bogotá contemporánea y en el que se arriesgaron a representar el arte del esténcil de una manera sensata, involucrando sus técnicas y enfrentándose a su materialización.

Excusado no quiere ser identificado con ningún tipo de inclinación o actitud política. En apariencia subestiman el poder de su labor en este aspecto, aunque admiten que sus mensajes no se entregan “masticados”. Sin embargo, la charla se mueve inevitablemente al aspecto político pues su trabajo es ilegal e interviene el espacio público: durante sus intervenciones en la noche, Excusado ha presenciado en varias ocasiones a soldados del gobierno tapar o tachar los mensajes callejeros que comprometen al actual gobierno colombiano, en particular la imagen del presidente Álvaro Uribe. Esto sucede sobre todo en la Avenida El Dorado, una de las entradas clave de la ciudad por la que transitan los recién llegados de todos los lugares del mundo. Las tachadas no parecen ser ilegales, aunque sucedan durante las noches. Paralelamente, la reciente presencia de esténciles que dibujan la cara del presidente en las calles de la ciudad son una acción de propaganda gubernamental, en respuesta a la mala publicidad que algún grupo de oposición venía difundiendo; y una muestra de que este canal subversivo de comunicación y de gran visibilidad ciudadana no es de uso exclusivo.

Excusado ya casi no trabaja de noche. Los inconvenientes, aunque febriles, son innecesarios: si la policía los encuentra graffitiando de noche corren el riesgo de que los detengan en una estación de policía. En cambio, dice Omar o ‘Stink Fish’ (en la foto), uno de sus integrantes, durante el día la policía y el ejército se limitan a observar o siguen su camino. Esto quizá se deba a que la alcaldía de Lucho Garzón legitimó la intervención en muros y fachadas, a través del proyecto Muros Libres del programa Jóvenes sin indiferencia, que buscó la inclusión de culturas urbanas para que pintaran muros de la ciudad, sobre todo en la remodelada carrera treinta. Este tipo de concesiones otorgan al graffiti y al esténcil un lugar que los aleja del ámbito ilegal o subversivo, y también pone en riesgo el carácter soberano y anarquista de una actividad que proviene y se ha mantenido viva por su capacidad de comunicar libremente. Limitar las intervenciones en espacios demarcados y organizados por temas e instaurar términos instructivos ensombrece la energía y el dominio de un diálogo con los ciudadanos que hace contrapeso al proveniente de las autoridades públicas.

Las paredes, los caños, los postes, las puertas de los orinales y los puentes han sido y son espacios públicos de expresión e identificación territorial por excelencia. Hace poco aparecieron en Bogotá algunos notables esténciles con mensajes tales como “el presidente me da miedo”; carteles publicitando a Pablo Escobar como presidente (trece años después de su muerte); imágenes sin lemas pero tal vez con un efecto visual y comunicativo agresivo.

Quienes los hacen son colectivos de artistas e incontables habitantes sin nombre que se comunican con millones de ciudadanos a través del graffiti, el esténcil y los carteles. En general son mensajes de interés público; mensajes prohibidos que hablan sobre lo prohibido, a través de imágenes y palabras astutamente comprimidas.

Ilegítima para las autoridades, esta forma de participación ciudadana posee una presencia y un lenguaje subversivo que rompe con silencios, habla de temas excluidos, es burlona e intimidante. Se legitima así misma a través de los ciudadanos en tránsito que ven, leen; se enojan, ofenden, intimidan o burlan. Se apropia del espacio público por medio de un lenguaje visual de imponente presencia y sintetiza mensajes cargados de contenido sociopolítico.

El graffiti, el esténcil y los carteles ironizan el espacio público. Exponen lo prohibido, son rituales de venganza, su exclusión se lo permite. Son protestas que no pasan por filtros éticos o lingüísticos y tienen un gran nivel de resonancia. Contienen ambiguos mensajes infiltrados que surgen a partir de emociones personales y colectivas sobre perspectivas sociales y políticas que parecieran merecer al menos la burla del público. En Bogotá, su presencia es más que evidente y se renueva como respuesta a contextos locales y globales. Son testimonios gráficos y plásticos de ciertos anhelos y urgencias de la sociedad civil. Y ahí está Excusado para demostrarlo. |

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