Los artistas Teresa Pereda y Jorge Sarsale / Foto: Ana Vallejo.

Dos maestros argentinos se toman Sextante

La galería Sextante, en Bogotá, expone hasta el 12 de septiembre las más recientes series de los artistas Jorge Sarsale y Teresa Pereda.

2015/08/04

Por RevistaArcadia.com

Las obras de ambos artistas tienen elementos en común. Para empezar, comparten tamaño: son cuadros rectangulares, de no más de dos metros, en los que se destacan áreas en blanco, vacías, casi tan importantes como las mismas elaboraciones. Pero, aún más, los dos trabajos reúnen una proclividad hacia el caos, hacia un desorden formal que permite al espectador elaborar sus propias conclusiones, independientes de las intenciones de los artistas. Quizá por eso la Galería Sextante, en Bogotá, decidió exhibirlas al tiempo, en una muestra que empieza el martes 4 de agosto y que se extiende hasta el sábado 12 de septiembre.


Teresa Pereda – Agua que no se detiene

La tierra es el eje central de la obra de Pereda. No solo como concepto, sino también como material: a través de polvos, cenizas de volcanes, carbones y todo tipo de partículas recogidas del suelo elabora unas piezas que, según explica, tienen como objetivo enarbolar “el planeta que habitamos, el continente que nos cobija, el país que nos hace ciudadanos”. Su técnica consiste en combinar los materiales orgánicos que encuentra en sus viajes alrededor del mundo con agua, y a veces con tintas, para luego escurrir la mezcla sobre unos papeles blancos. “Todas las obras las realizo en el piso, en formato horizontal, y el agua escurre como cuando llueve o crece un río. El agua simplemente pasa, y la obra es lo que el agua deja en su camino. A veces busco ciertas formas, pero intentar manejar el agua es imposible. Ella es caprichosa, escurre donde ella quiere, y a veces me regala sorpresas”, afirma Pereda.

Su fascinación por la tierra proviene de su infancia. Criada en la Patagonia y en las llanuras de Buenos Aires, siempre ha vivido en espacios rurales y trabaja de la mano de tribus indígenas, en especial de los Mapuches, sus grandes maestros. Su familia, además, es de artistas: su madre, abuela y bisabuela todas trabajaron temas pictóricos. En sus viajes, Pereda ha recogido residuos orgánicos desde Chile hasta Canadá, y en los más recientes años ha desarrollado un performance que consiste en un intercambio de tierras para así tener un registro visual de su obra. Gracias a que ha elaborado su técnica durante 20 años, ya conoce de sobra las características de cada material: como el carbón flota y no decanta, si los polvos son arenosos o livianos o pesados. Y por eso sabe que esperar cuando elabora una pieza. “Se trata de momentos apasionantes, cuando puedo ver estas pequeñas erupciones de color a diez centímetros de mí”.


Jorge Sarsale – Entrevero

Formado como arquitecto, el argentino comenzó su carrera artística en 1999, dos años antes de que estallara una de las peores crisis de su país. Tanto los aprietos económicos de ese entonces, como el haber crecido durante dos dictaduras (la de Juan Carlos Onganía y la de Jorge Rafael Videla), consolidaron su interés por un arte que reflejara la figura humana desde un punto de vista abstracto. Así llegó al papel, el elemento más recurrente en su obra, y, más recientemente, a las guías de teléfono. “Cuando trabajo con las guías me centro en los nombres de las personas, que corto con una guillotina y mezclo en un entrevero”, asegura. El resultado son unos collages compuestos de hebras de nombres y tiras negras, formando unas estructuras asimétricas y caóticas. Vistas desde lejos, algunas de sus obras parecen cuadros de Jackson Pollock, y es solo cuando el espectador se acerca logra reconocer la minuciosa técnica de Sarsale.

“Con mi obra busco los entreveros humanos, mentales y sociales. Con esos tres elementos hago un juego, una interconexión para mí siempre prolija, en el que todo se mezcla sin orden, pero con lógica”, afirma. Si bien el artista se siente cómodo dándole sentido a su trabajo, resalta la importancia de que cada espectador forme su propia interpretación. “En mi obra, como en la de Pollock, hay algo que va más allá de lo que se ve, como una pantalla de reflexión o un disparador de ideas propias, para que cada quien pueda conectar con algo suyo”. Por eso, cuando no usa guías de teléfono, utiliza un papel asiático muy fino, prensado con bambú, generando una transparencia que “da la impresión de que hay algo detrás”. Sarsale, además, admite que sus cuadros cargan un tinte nostálgico: “las guías de teléfono también me interesan porque están desapareciendo, y por eso las quiero rescatar”.

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