Fuente de La Garza.

Volver a Las Cruces

La Exposición La Garza, del 29 al 30 de octubre, convierte al Claustro de Nuestra Señora del Rosario en una sala de exhibición con obras de 140 artistas como Doris Salcedo y Lucas Ospina esfuerzo por recuperar la única fuente pública del barrio Las Cruces. Reportaje.

2016/10/27

Por Sergio Rodríguez

La Garza abre las alas de hierro, tensiona las piernas, se prepara para volar y salir de los andamios que la encierran. Desde hace julio de este año, la única fuente del barrio Las Cruces, en Bogotá, ha estado abarrotada: tanto el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, la Fundacion Funcores, el restaurador Temístocles Suárez, Juan Guerrero (arquitecto restaurador), Hellen Quiroga como la empresa de arquitectos El Taller de la (S) se han puesto en la tarea de recuperarla. Y, para lograrlo, estos últimos organizaron para el último fin de semana de octubre la Exposición La Garza, en la que 140 artistas donaron obras para recolectar fondos y así restaurar la fuente. Es una de las muestras satélites de ARTBO.


Claustro de Nuestra Señora del Rosario, lugar donde se realizará la exposición.

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En 1890, Ramón B. Jimeno, gerente del Acueducto de Hierro -Compañía del Acueducto de Bogotá- le vendió al Estado dos fuentes: “Jimeno vende al Gobierno y éste le compra dos pilas de hierro bronceado de la fábrica de F. L. Mott de los números 888 y 190 de Beckman Street, Nueva York, iguales a los modelos que figuran bajo los números 155 y 162 en el catálogo de 1883 del mencionado fabricante”, se lee en el Diario Oficial de ese año.

Un año después llegan al país dos fuentes, una pequeña, una grande. La pequeña reemplazó a la Pila del Mono en la plazoleta de San Ignacio, de allí se fue a la plaza de Las Nieves y terminó en la plaza de Los Libertadores, frente a Bavaria. La grande se debía emplazar en San Victorino para ocupar las ruinas de una antigua pila, pero acabó en Las Nieves. En 1906, reemplazó a la vieja pila de calicanto y piedra en la plaza de San Victorino que fue demolida. Cuatro años después, en marzo de 1910, la movieron a la plaza de San Agustín,  donde se quedó un año antes de ser trasladada una última vez: a la plaza de Armas, mejor conocida como plaza de Las Cruces, tras la gestión realizada por los vecinos del barrio. Las Cruces tenía fuente y en su cúspide, La Garza de alas de hierro.

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Sebastián Serna, uno de los socios de Taller de la (S), cuenta que hace dos años y medio comenzaron a trabajar en el barrio con el interés de intervenir y recuperar no solo el patrimonio material e inmaterial sino también su memoria: “nos dimos cuenta que de alguna manera estábamos rescatando esa historia de Las Cruces. Dimos con historias como la del peluquero que lleva 60 años cortando cabello o la primera fábrica de trofeos. Estos personajes que llevan muchos años viviendo ahí nos fueron guiando hacia la fuente como un referente muy importante dentro de la memoria colectiva del barrio. Pero creo que precisamente por eso se mantuvo, así no tuviera agua, así estuviera cagada, lo que fuera, ahí estaba en pie. Por algo era. Porque la respetaban, de alguna manera”.


La Garza enjaulada en andamios. Foto: Álvaro Tavera.

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Las Cruces es el primer barrio obrero de Bogotá. Sobre él, hacia el oriente estaban las fábricas de ladrillos que surtieron gran parte de las construcciones de la ciudad durante el siglo XX. Pero la historia del barrio comienza varios siglos antes, en 1665, con el registro del santuario al Señor de Las Cruces. El barrio sobrevivió a dos terremotos en el Siglo XIX, al Bogotazo y fue el lugar donde terminaron muchas familias que huían de la Violencia, otras lo abadonaron con los años y sus casas se convirtieron en inquilinatos donde no faltaban la chicha, la chicharronada y chocolatadas. Y también fue allí donde se tuvo la noticia del primer descuartizado en Bogotá. Se ganó el estigma de un barrio peligroso y violento.

Los años fueron mermando a la fuente. Ya no daba agua ni era un punto de referencia obligado de sus habitantes. Seguía ahí, ferrosa e inmóvil, soportando y presenciando los vejámenes de la historia reciente de la ciudad: la extinción de la Calle del Cartucho y del Bronx, un viento que trajo consigo a los habitantes de calle que buscaban un lugar cercano.

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En dos meses, Serna junto con Ana María Muñoz organizaron la Exposición La Garza, llamaron artistas y consiguieron 140 obras, adecuaron el edificio del Claustro de Nuestra Señora del Rosario y vieron terminar los trabajos hidráulicos para que la fuente dé agua de nuevo. Cada uno de los artistas donó su obra y se venderán anonimamente por 750.000 pesos cada una.


Tres de las obras presentes en la exposición.

Serna y Muñoz buscan, además de recolectar fondos, que la exposición ayude a desvirtuar el estigma del barrio. “Las Cruces -continúa Serna- hoy está catalogado como Centro Histórico, pero lo olvidamos, como si hubiera un muro, en vez de apropiarse y recuperarlo. ¿Por qué le estamos dando la espalda a eso? Para nosotros era tremendamente importante que volviera a salir agua y que se sienta que se puede hacer algo ahí”. De la Garza brotará de nuevo agua durante la exposición, cuando se descubra y entregue a los habitantes del barrio con la Sinfónica Juvenil de Bogotá de fondo.

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