Foto de: Pablo Andrés Monsalve Mesa.

“Lo único que deseo es dejar una marca”

A propósito de cumpleaños noventa del artista peruano Fernando de Szyszlo, la galería Duque Arango, en Medellín, exhibe hasta el 18 de agosto algunas de sus nuevas obras. Entrevista.

2015/07/31

Por Pablo Andrés Monsalve Mesa

Sentado en un sillón color gris ratón, Fernando de Szyszlo lleva puesta una camisa blanca que acompaña con un chaleco de un blanco mucho más intenso; su pantalón es gris y sus zapatos, negros. Su voz fuerte y ronca llena la galería Duque Arango, en Medellín. A su espalda hay un cuadro negro, de gruesos manchones y unos rojos, morados y grises que se acoplan a la oscuridad del negro petrolizado. 

Al observar sus trazos, sus tonos y el tamaño de sus obras, se descubre la fuerza de este hombre, que el pasado 5 de junio cumplió 90 años. El portento de sus palabras, la forma en que se desenvuelve, su envidiable memoria, que va de una historia a otra, dejan en evidencia al artista. Un ser que no ha dejado de crear, de viajar, de sentir, de estudiar, de vivir. Un pintor que tiene una trayectoria enorme desde que, por cosas del destino, entró a un curso de dibujo para perfeccionar su trazo en la arquitectura. Rompió allí las líneas perfectas y cambió a una expresión suelta, como las telas de alpaca que se producen en la Cordillera de los Andes, como el manejo de las diferentes fibras que utilizan los indígenas en Suramérica, como las voces rituales que ha buscado narrar a través de sus inesperadas tonalidades. “Intento a través de diferentes formas enseñar la sensación de lo sagrado, de lo sagrado laico, como decían los surrealistas. Algo que no tiene religión, creencia ni dogma. La vida”. 


¿Por qué le apostó al arte abstracto? ¿Qué lo llevó a él?
El arte abstracto es el corazón de la pintura. Como en la música, el sonido es el motor que hace que todo sea posible. En el arte abstracto el pintor ha rechazado toda imitación, toda descripción, para tratar de buscar formas, colores y sombras que expresan un sentimiento profundo. En eso del arte abstracto, la pintura no representa cosas, se parece mucho a la música, usted por más que lo emocione un quinteto de Brahms, no puede explicar porqué le gusta. Eso quiere decir que el  músico usa los sonidos como leguaje.

Después de tantos años de carrera, ¿cómo define el arte?
Hace tiempo encontré una definición que me parece que abarca lo que yo quiero buscar en el arte y es algo así: la pintura es el encuentro visible de lo sagrado con la materia. Es una materia sacralizada o un espíritu materializado... Es a esa mezcla entre lo espiritual y lo material a donde intento llegar. Un cuadro o cualquier obra de arte deben trasmitir esto desde mi mirada.

Los  Andes, sus culturas y habitantes están plasmados en sus obras. ¿Por qué?
Lo único que deseo es dejar una marca. Crear algo que no esté sujeto a la decadencia y a la destrucción del tiempo. Una persona mortal con esa condición trágica que tiene el hombre, siempre intenta dejar un testimonio, algo que ha estado allí, algo que deje una huella. El arte plástico más sencillo, más simple, es el de los enamorados que escriben su nombre en una pared o en el tronco de un árbol. Ellos desean escapar de la fugacidad del  tiempo por un momento. Desean fijarlo. Uso todas las experiencias vividas en estas tierras suramericanas, para encontrar el absoluto que uno persigue y que nunca llega a obtener como artista. Las culturas que he podido conocer, sus expresiones, telas, dibujos, colores, me han permitido tener estas miradas. Es una búsqueda sin fin. Lo que he visto, lo he intentado plasmar. Cada hombre busca un absoluto desde sus vivencias, emociones y encuentros. Es la vida la que nos enseña y nos ayuda a buscar lo que en verdad deseamos plasmar.

En sus cuadros utiliza el negro, el naranja, el azul, el morado. ¿De qué color siente que es su pintura?
Mi pintura siempre ha sido negra, la gente muchas veces me ha dicho que no sea tan oscuro. El problema es que me gusta. Es difícil de usar por su fuerza, además, lo puede abarcar todo, aunque, si se aprende a trabajar con él, se logran muchas vivencias.

¿Qué desea transmitirles a las personas? ¿Qué ha buscado como artista?
Sacar de la fugacidad del tiempo experiencias y memorias para que no mueran conmigo, con mi mundo. Busco tratar de fijar algo, de dejar una idea, un instante, una situación. ¿Por qué no trasmitir un sentir a los demás?, ¿por qué callar?, ¿por qué no enseñar y mostrar lo que muchos no han visto o no han sentido? Un artista es un traductor del mundo, de vivencias, de encuentros, de colores, de todo lo que conlleva el arte.

El arte abstracto no siempre se entiende. ¿Cómo logró romper esa barrera y alcanzar el reconocimiento en su trabajo?
La gente ha ido evolucionando, el gusto de las personas ha cambiado. Un día a Matisse una señora se le acercó y le dijo, maestro, no comprendo su pintura, y él le dijo, ¿señora, a usted le gustan las ostras? Sí, claro que me gustan, respondió ella. Y él le preguntó. ¿Usted comprende a las ostras o experimenta el placer de comerlas? Siempre he dicho esto. En muchos casos, no hay nada que comprender, cada persona encuentra sus respuestas al mirar el arte, algunos viajan, otros no ven nada, otros son sensibles y se apasionan. Cada uno mira de un modo distinto. 

¿Cómo es Fernando de Szyszlo en su taller: hay música, animales, trabaja en silencio?
Soy un gran aficionado a la música clásica, entro a mi estudio a las 8:30 de la mañana, después de hacer un poco de gimnasia, de leer los periódicos y de tomar el desayuno. Al estar allí, enciendo el tocadiscos y trabajo hasta las 6:00 de la tarde. Solo paro para almorzar. Algunos días estoy en el taller hasta las 5:00 de la tarde, sin embargo, esto varía de acuerdo con la luz que tenga. En Lima, el invierno no es muy frío, pero sí es oscuro. En verano hay mucha luz y esto me ayuda a trabajar hasta tarde. La luz es fundamental para el color. Mientras tenga buena luz, trabajo. En verano los días son largos, puedo estar allí por horas.

¿Qué le dice a las nuevas generaciones de artistas?
Yo les diría que trabajen, que aprendan a dibujar y que entren en ese mundo terrible, frustrante, angustioso y maravilloso que es el mundo de la pintura, con ganas y mucha voluntad. Para ser un buen artista se necesita coraje y vocación, para lograr preservar lo que se quiere trasmitir. Los primeros años son difíciles. Los caminos artísticos son duros en todos los lugares del mundo. Aunque es una bella aventura que es lindo asumir.

¿Cómo se ha transformado el mundo del arte desde que usted empezó a trabajar?
Ha cambiado mucho. Cuando yo comencé a pintar, todos los monstruos -pintores, escritores- estaban vivos, Picasso, Matisse, Jean-Paul Sartre. La pintura era una cosa como lo que seguimos haciendo sobre una tela o sobre una superficie donde podamos expresarnos con colores. Sin embargo, el mundo todavía era muy misterioso en esa época. Bailar era emocionante y eso se ha ido perdiendo. La música ya no deja hablar, no está hecha para comunicarnos. Esto acentúa la soledad de las personas. Esa soledad que nos ha ido quitando espacios, porque ha ido reduciendo el descubrimiento de nosotros y de la realidad. Cuando usted lee a Dostoievski usted inventa los personajes. La cara, los gestos, los ojos, el caminar. Por más descripciones, usted crea desde sus entrañas un modelo a seguir. En cambio, si te dan todo masticado como lo hace la imagen, la televisión, ya no tienes que pensar en nada. Se ha ido gastando el uso de la imaginación. Del sueño, del crear, de investigar, de equivocarnos.

¿Ha sentido temor al trabajar lo abstracto?
Al principio, cuando era más joven, había momentos donde sentía desconfianza y angustia. Cincuenta años después se tiene un lenguaje estructurado para expresar lo que se desea. Aunque siempre se sienten temores a la hora de crear, por eso te digo, la mente tiene que estar en completo funcionamiento para imaginar mundos y crearlos. El arte está en esa imaginación.

La exposición estará hasta el 18 de agosto en la Galería Duque Arango. Carrera 37 N°. 10 A -34.
Medellín. Teléfono: (4) 352-4065. De 10:00 a.m. A 6:00 p.m.

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