Tres pinturas inspiradas en la estética de Humboldt

Humboldt, o el imaginario visual de América Latina

‘La Escuela de Humboldt en América: obras y documentos’, la más reciente muestra de la FUGA, regresa a la figura del polímata alemán para revisar su influencia en la representación artística de América Latina.

2015/12/17

Por Christopher Tibble

En 1799, poco antes de cumplir 30 años, Alexander von Humboldt pisó tierra americana por primera vez. El berlinés desembarcó el 16 de julio en Cumaná, hoy oriente venezolano, luego de que su barco, la corbeta de guerra Pizarro, zarpara mes y medio antes del puerto de La Coruña, en España. Su viaje, financiado por una herencia, hacía parte del espíritu de la época: desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del XIX, una serie de botánicos y exploradores, emocionados con la posibilidad de nombrar, estudiar y descubrir nuevos mundos, partieron hacia latitudes entonces exóticas: Vanuatu, Australia, América Latina, entre otras.

Durante los cinco años que viajó por Cuba, Venezuela, Ecuador, Colombia y México, Humboldt ayudó a consolidad una plétora de campos científicos: etnografía, antropología, zoología, ornitología, climatología, vulcanología, entre otros. Sus hitos, aplaudidos tanto en Latinoamérica como en Europa, lo consagraron como una celebridad de la época. No solo se amistó con personajes como Goethe, Thomas Jefferson y Simón Bolivar, sino que suscitó el halago de Charles Darwin: “él, como otro sol, ilumina todo lo que avisto”.  

Pero la influencia del polímata alemán fue más allá de la ciencia: en el campo del arte, los dibujos que realizó durante su travesía se convirtieron en el prototipo estético de la representación pictórica del continente. Publicados en libros, revistas y diarios, sus bocetos introdujeron a la sociedad europea a las costumbres y paisajes del Nuevo Mundo y establecieron los cimientos visuales que luego, durante el próximo siglo y medio, fueron apropiados por exploradores y artistas, tanto extranjeros como locales. Esa, por lo menos, es la tesis del crítico de arte Halim Badawi, el curador de la nueva muestra de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA): La Escuela de Humboldt en América: obras y documentos.  

“Cuando comencé este proyecto –explica Badawi–: quería concentrarme en un pintor europeo que recorrió Colombia entre 1839 y 1842, llamado barón Gros. Al poco tiempo, sin embargo, me di cuenta de que él solo era un eslabón más en una cadena mucho más compleja de europeos que recorrieron el continente en el silgo XIX. Y, en cierta forma, encontré que la obra de todos respondía a la estética y al imaginario de Humboldt. Antes de él, no había referencias iconográficas de América porque solo se hacía pintura religiosa”.

La exposición de la FUGA, abierta hasta el 7 de febrero, recoge las apropiaciones de una docena de artistas a la estética paisajista del alemán a partir de una selección de cien pinturas, dibujos, grabados, fotografías y libros antiguos. Artistas como el quiteño Rafael Troya, partícipe en la expedición volcánica que lideraron los alemanes Alphons Stübel y Wilhelm Reiss entre 1868 y 1876; o el estadounidense Frederic Edwin Church, cuya obra hace parte por primera vez de una muestra en el país.

Hay, además, cabida para casos particulares, como el de un pintor anónimo quien nunca visitó el continente pero que de todas formas, inspirado por los diarios de Humboldt, así como por los preconceptos topográficos que tenían los europeos de la región, pintó una serie de montañas andinas. “Es curioso ver cómo los pintores que nunca viajaron, tal vez persiguiendo esa construcción exótica de Humboldt, hicieron collages del continente. Sus obras sirven para ver la manera en que el siglo XIX Europa percibió y mitificó a América Latina”, dice Badawi.

La Escuela de Humboldt en América: obras y documentos es una oportunidad para conocer sobre la historia pictórica de Colombia. Pero también permite entrever otros fenómenos: la manera como el espíritu científico de Humboldt propulsó a por lo menos un centenar de europeos a aventurarse en la maleza de América Latina para representar, observar y estudiar tanto la geografía como las culturas de la región; o la curiosa sumisión estética de los artistas locales del siglo XIX, quienes a pesar de vivir en el continente y quizá conocerlo a fondo, se apegaron, de alguna forma u otra, al esquema visual que había propuesto el genio alemán.  

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