Obras de Gabriela Albergaria y Edwin Monsalve en la nueva exposición en Flora ars+natura.

La naturaleza como producto cultural, lo nuevo de Flora ars+natura

Se inauguró el 24 de noviembre en el espacio independiente bogotano dos exposiciones resultado de dos residencias que hicieron la portuguesa Gabriela Albergaria y el antioqueño Edwin Monsalve en Honda, Tolima.

2016/11/25

Por Sergio Rodríguez

Una es portuguesa, el otro antioqueño. Los dos trabajan con la naturaleza como sustrato para su creación artística. Los dos trabajaron durante tres semanas en Honda, Tolima. En 2014 el antioqueño, en 2015, la portuguesa. El 24 de noviembre, en Flora ars+natura, se inauguró el resultado de ambas residencias. Gabriela Albergaria presenta ¡Ah, al fin, naturaleza! y Edwin Monsalve Transmutaciones.

¡Ah, al fin, naturaleza!

A la entrada de Flora, dos obras de Albergaria: Apretar, apretar, apretar, obra en la que cubos de arcillas con una semilla orgánica en su interior se ponen uno junto al otro formando una cuadrícula, que para José Roca, director artístico del espacio independiente, "es un bosque en potencia", que trae consigo una reflexión sobre la permacultura y los cultivos sostenibles de poco impacto sobre el territorio. Albergaria explica que "la base está hecha con tierra que puede ser cultivada y que está cada vez desapareciendo más. Es una forma muy abstracta de trabajar varias ideas juntas”.


‘Apretar, apretar, apretar‘, 2015. Gabriela Albergaria. Foto: Gonzalo Angarita, cortesía Flora ars+natura.

También hay varias obras de la serie Límite Urbano, fotografías que encuadran lugares universales para la artista en sus caminatas por Honda y otras partes del mundo, y que se completan con dibujos a lápiz que terminan la fotografía. "Es como inventar un lugar que es un paisaje único, es como una ficción al mismo tiempo. Es una mixtura y colonización de las plantas", dice Albergaria.

Esta artista de formación clásica ha venido trabajando desde hace unos años en los efectos del contacto del hombre con la naturaleza: "siempre pensamos que estamos en una naturaleza natural pero estamos en una naturaleza manipulada”, dice la portuguesa enfatizando en cómo lo natural está intervenido por lo cultural. Una de las obras más dicientes o que más evidencia este postulado es Árbol figurativo, que se encuentra en el segundo piso de Flora. La artista adopta una vez más el formato cúbico para deconstruir un árbol como si fuera un mapa conceptual, entonces pequeñas ramas, maderos medianos y grandes tablas de un cedro tratan de reconstruir ese árbol que ya no existe más como naturaleza, pero sí como representación de la misma. 


‘Árbol figurativo‘, 2016. Gabriela Alebergaria. Foto: Gonzalo Angarita, cortesía Flora ars+natura.

Otra de las obras de Albergaria es una suerte de línea de tiempo en el que palos, algunos del puerto de Caracolí, otros de Alemania, y algunos que compró en la Calera, se disponen en línea recta y horizontal sobre una pared azul. Para la artista también se trata de evocar la importancia del río Magdalena para Honda: "me pareció muy interesante que el río es una vía de comunicación, o lo fue, es como un fósil de una idea, para mí era muy interesante trabajar con la idea de tiempo, algo de antropología y memoria. Todo eso está alrededor de la pieza” cuenta la Albergaria.

Transmutaciones

Edwin Monsalve es antioqueño y en colaboración con el Museo de Antioquia realizó la residencia en Honda con Flora. El trabajo de Monsalve plantea un diálogo entre la representación de la naturaleza y los objetos naturales en sí. En proyectos como El efecto mariposa -su trabajo de grado-, reflexiona sobre la temporalidad de la naturaleza y cómo es visible el paso del tiempo en la naturaleza. De este proyecto se decantó una forma de trabajo que comenzó a ser una constante en su obra. En Mímesis pone a dialogar a un objeto natural con su representación, poniendo en duda el origen de cada una, como también lo hace en Naturaleza & Artificio, que estuvo expuesta el año pasado en el Museo del Banco de la República, en la que tablas de cama hechas de madera son puestas junto a sus representaciones pintadas sobre lienzo.


Obra de Edwin Monsalve. Foto: cortesía Flora ars+natura.

En esta ocasión Monsalve presenta en el tercer piso de Flora un conjunto de obras resultado de las caminatas por los senderos de Honda. El artista antioqueño cuenta cómo fue el proceso: "hice unas taxonomías y estudios del terreno, con unos árboles particulares. El proyecto inicial era trabajar con especies nativas, pero cuando fui a buscarlas ya no estaban y al consultar me di cuenta que el bosque nativo había sido absorbido por especies comerciales y habían sidos sembradas en el tiempo comercial de Honda”. Es así como surge esta serie de obras en las que plantas secas, semillas y pequeñas ramas son pegadas sobre el papel junto a la representación que el artista hace de estas pero verdes, llenas de vida.

Mediante acodos, un procedimiento mediante el cual crecen raíces en las copas de los árboles, como si fuesen injertos que después se pueden plantar de nuevo, "ocurre una especie de clonación, porque conserva las características originales del árbol. Esa era la idea: trasladar la naturaleza, aquí podemos ver cuatro árboles de Honda”, explica Monsalve. Un video evidencia el proceso para realizar el acodo y sobre una mesa cuatro pequeños árboles de Honda, o pequeños clones, esperan crecer.


Obra de Edwin Monsalve. Foto: cortesía Flora ars+natura.

También en la sala hay una maqueta que representa la organización topográfica del territorio en Honda, se ven sus ríos, sus distintas altitudes. Hecha con tierra, la maqueta, florecerá con los días.

José Roca

"Siempre se habla de la diferencia entre naturaleza y cultura. Cuando uno va al bosque de Honda uno cree que está entrando en la naturaleza pero realmente está entrando es a una herencia de la cultura, que es también naturaleza. Alguna vez vino aquí un biólogo y contaba que las comunidades indígenas de la Amazonía hacen esas chagras, queman esas grandes extensiones de tierra que cultivan hasta que no da más y después la abandonan para volver a hacer lo mismo. Hay estudios que afirman que no hay ni un centímetro cuadrado de la Amazonia que no haya sido tocado por el hombre en algún momento de su existencia. Lo que consideramos natural ya ha sufrido una presencia cultural. Es de alguna manera interesante saber dónde radica lo natural”.

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