Izquierda y derecha, obras de Astudillo. En el centro, una hoja de contacto de Franco. Fotos: cortesía Museo la Tertulia.

Franco y Astudillo, las apuestas de La Tertulia para cerrar el año

A mediados de diciembre se inauguró la temporada de fin de año del Museo La Tertulia, en Cali, que en esta ocasión presenta a dos artistas de la ciudad, hoy reconocidos internacionalmente.

2016/12/19

Por Sergio Rodríguez

Es jueves por la tarde y un ventarrón se abre camino por la avenida Colombia, en Cali. Frente al Museo La Tertulia, una mujer con encuestas en la mano, gorra y camiseta verde compra un cono de dos bolas. El río suena, los carros se siguen unos a otros. El sol, timorato, se oculta tras las nubes. Pantalones cortos, minifaldas de jean, para las mujeres; pantalones, camisetas y gorras, para los hombres. Durante los tres días anteriores hubo lluvias. Aún así, no se ven chaquetas.

En el museo se preparó una carpa blanca, con una tarima y varias decenas de sillas blancas de plástico, para la inauguración de la temporada de fin de año de La Tertulia, que cuenta con una exposición retrospectiva de Fernell Franco, Revelados, y Crimen perfecto de Ever Astudillo; además de una muestra de Gustavo Toro, y la muestra Cali 71. En el acto protocolario habló la directora del museo, recordando la historia y colecciones de este, además de recalcar la importante donación que la familia Astudillo realizó al museo; los curadores, María Wills y Alejandro Martín Maldonado, dialogaron con Oscar Muñoz y una familiar de Franco; después habló Carolina Ponce de León en representación de la Ministra de Cultura, Mariana Garcés, cuyo vuelo se retrasó. Finalmente llegó, saludó a Wills, conversaron un poco y siguió saludando hasta que se perdió de vista. A la tarima se subieron algunos miembros de la Asociación de amigos coleccionistas y melómanos de Cali con sus tocadiscos y elepes. Sonó Tobacco Road, Pa’ chismoso tú, Bella Navidad y otras tantas canciones que pararon a eso de las ocho y media o nueve de la noche.

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Revelado, retrospectiva de la obra del fotógrafo Fernell Franco, llega a La Tertulia después de pasar por La Fondation Cartier de París y el Centro de la Imagen en Ciudad de México. Se trata de una muestra del trabajo personal de Franco que evidencia su interés por experimentar con el medio fotográfico. Las piezas que conforman la exposición son intentos, bocetos y hojas de contacto, que nunca fueron pensadas para ser expuestas, pero que revelan esa magia que hay detrás de algunas de sus series más representativas. La mayoría del trabajo de Franco en es blanco y negro, pero en esta oportunidad están exhibidas, por primera vez, una serie de diapositivas a color que el artista realizó como parte de sus investigaciones sobre el color popular, que para Wills es “el retrato sublime de la utopía fallida de los modelos urbanísticos del siglo XX en las ciudades latinoamericanas”.

En el segundo piso del edificio de las Salas de la Colección está Ever Astudillo: Crimen Perfecto, retrospectiva de la obra de este artista valluno en la que cerca del 80% de las obras, en palabras de Wills, son parte de la donación que la familia Astudillo realizó al museo. En esta muestra se pueden ver más de 40 obras y documentos del artista. Grafito y carboncillo fueron los medios que Astudillo utilizaba para sus trabajos, con una marcada influencia del cine y sus locaciones, y la arquitectura de los barrios populares caleños. Wills cree que “son momentos cinematográficos congelados, historias inventadas en donde algo está a punto de pasar, o tal vez ya pasó”. En esta muestra Wills también quiso evidenciar el proceso y en mesas se ven algunas plantillas, recortes, bocetos y papeles con los que Astudillo armaba, lo que él mismo llamaba, sus collages mentales, y que para Wills “van más allá del dibujo”.

En cada una de las dos exposiciones hay una obra que Oscar Muñoz realizó apropiándose del lenguaje de sus dos amigos, con los que dialoga desde el video o la instalación: El ejercicio de la empatía se llamó. Muñoz explica que este trabajo parte “de la memoria, de mis recuerdos de los dos amigos, de nuestros momentos y conversaciones compartidos durante varias décadas en Cali. Todo ello alimenta este ejercicio empático que además me supuso tratar de comprender sus puntos de vista sobre la ciudad, sobre la luz y la sombra, sobre las imágenes, así como de aprender a emplear los sistemas de producción y los materiales que cada uno utilizó en sus obras”.

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La Tertulia estaba llena: largas filas para entrar a las salas, gente bailando, otros fumando y tomando cerveza o alguno de los cócteles que repartían. Uno de aguardiente con lulo. Otro de ron con yerbabuena. Muchos preguntaban por el Agua e lulo, jolgorio tradicional en el que la gente se reúne para escuchar música, bailar, tomar y al que uno es recibido con una empanada y una lulada endemoniada -con aguardiente-. “Vamos a regalar entradas para el Agua e lulo al que conteste bien la siguiente pregunta…” decían desde los amplificadores.

A las nueve y media la gente comenzó a ir al Agua e lulo, en la Casa Obesso, frente al museo y pasando el río. Había una larga fila que terminaba en una requisa, una manilla y un ‘bienvenido’ más de obligación que sincero. Adentro otra fila para reclamar la lulada y otra para las empanadas. Por lo general la gente iba por la lulada y no por la empanada. “Esa lulada endemoniada me interesa mucho” dijo Miguel Ángel, un muchacho delgado, gafas y bicicleta que estudia literatura en la Universidad del Valle. La gente bailaba, otros recorrían la casa, algunos fumaban afuera viendo la fila de quienes querían entrar pero aún no podían. Eran las 11 de la noche en Cali y ya no queda más por contar. Fin del informe.

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