'Cosmopolis' en el Pompidou. Fotos cortesía Laagencia.

‘Cosmopolis Nº1’: el valor de lo colectivo

La nueva exposición del Centro de Arte y Cultura Georges Pompidou de París reúne una variedad de colectivos artísticos para buscar ideas que transformen el mundo. Hablamos con Por estos días, uno de los tres grupos colombianos que participan en el evento, sobre la propuesta.

2017/11/14

Por Daniel Salamanca Núñez

En tiempos convulsos y ruidosos como los de hoy, el llamado a usar nuestra “inteligencia colectiva” resulta vital. Esta expresión, acuñada a principios del siglo XX en el mundo de la biología, se refiere a cómo cualquier ente u organismo vivo, por más mínimo que sea, tiene la capacidad de cooperar con otro, intercambiar información, aprender y evolucionar en pro de un objetivo común. El filósofo Pierre Lévy afirma en su libro Inteligencia colectiva: por una antropología del ciberespacio, debemos aprovechar que estamos interconectados para ampliar nuestro conocimiento y apoyarnos los unos con los otros. En palabras de Lévy:  “el papel de la informática y de las técnicas de comunicación de soporte numérico no es el de ‘reemplazar a la humanidad’ ni de acercarse a una hipotética ‘inteligencia artificial’, sino de favorecer la construcción de colectivos inteligentes en los que las potencialidades sociales y cognitivas de cada cual puedan desarrollarse y ampliarse mutuamente.”

Esa frase es el subtítulo del nuevo proyecto bienal Cosmopolis Nº1, inaugurado el pasado 18 de octubre en el Centro de Arte y Cultura Georges Pompidou de París. La propuesta reúne a 14 colectivos artísticos de diferentes partes del mundo que trabajan a partir de estas lógicas de creación colectiva. Curada por Kathryn Weir y su equipo, Caroline Ferreira, Charlène Dinhut, Ilaria Conti y Elli Buttrose, esta plataforma, que irá hasta el 18 de diciembre de este año, incluye a tres grupos colombianos, Arquitectura Expandida, Laagencia y Por Estos días.   

El proyecto general tiene varias apuestas. La primera de ellas es hacer de la galería 3 del museo un lugar vivo en el que no sólo se muestran obras de arte convencionales, sino que además se involucra al público de manera activa e incluso participativa. La segunda es la inclusión de colectivos artísticos provenientes de lugares que no se consideran parte de los centros del arte mundial sino, por el contrario, de su periferia, para abrirse a nuevos territorios e ideas transculturales. Y la tercera, tal vez la más ambiciosa, implica hacer del museo un laboratorio desde el que se pueden pensar unas nuevas dinámicas políticas, sociales, culturales e incluso económicas que, en el mejor de los casos, tengan un impacto en el mundo real.

Tuvimos la oportunidad de hablar con los integrantes de Por estos días y preguntarles sobre la exposición y su experiencia.     

¿Cómo llegaron a participar en la exposición?

La invitación nos la hicieron en el 2015. Nos enviaron un correo para informarnos que una persona del Pompidou venía a Colombia porque estaba haciendo una investigación y que si la podíamos recibir. En ese momento no sabíamos nada de Cosmopolis. La recibimos, como siempre hacemos con nuestros visitantes, en la cocina de nuestra casa en el barrio Belén. Le contamos un poco lo que hacíamos, hablamos de varios proyectos y entre esos nombramos La Faltante. Y cuando le mostramos las revistas, Kathryn Weir, directora del departamento de Desarrollo Cultural del Pompidou, quien había venido junto a Charlène Dinhut –curadora invitada–, quedaron en shock y dijeron: “¡esto es!”. Entonces la conversación giró completamente y nos dijeron que querían hacer una de estas exposiciones en Francia. Luego siguió un año largo de correos, para entender qué era Cosmopolis, hablar de la inteligencia colectiva y descubrir que detrás de esta iniciativa había toda una nueva línea de acción desde del museo.

¿Me pueden contar de qué se trata La Faltante?

Aunque empezó siendo un encuentro de dibujo, luego de un tiempo entendimos que era un proyecto editorial. Lo que hacemos es continuar –simbólicamente- una colección de revistas incompletas que pedimos prestadas o que buscamos en diferentes lugares. Nos sentamos a leerlas y analizarlas para luego, con los participantes, interpretar el contenido y hacer una propuesta gráfica a partir de elementos muy básicos y manuales. Algunos realizan la portada, otros el índice, los artículos y, posteriormente, en un proceso análogo de edición, tratamos de darle un orden y una narrativa. Acá lo estamos haciendo con Cahiers du Cinema, la revista francesa de la Nouvelle Vague. Una de las partes más lindas del proyecto fue la pesquisa por toda la ciudad, yendo a librerías de barrio, a bibliotecas públicas, preguntando a vendedores en la calle y a conocidos que nos fueron ayudando a reunir buena parte de las ediciones originales. Ya en el museo tratamos, con los asistentes, de ir creando esa edición “simbólica” que falta y que viene a completar la colección. Por eso La Faltante.

¿De la idea inicial a lo que está pasando en el museo hay mucha diferencia?

El proyecto como tal no cambió. Era un proyecto compacto y con metodologías muy claras y preestablecidas. Pero una vez llegamos acá –lo cual era importante para nosotros, el hecho de venir acá, para reunirnos con la gente a dibujar, conversar y leer entre todos–, nos tocó cambiar un poco el formato. Al ser un tiempo largo de residencia no hacemos una revista por día, sino que la hacemos en cuatro sesiones. 

¿Cómo creen que su trabajo o ustedes se alinean a la idea de Cosmopolis y de inteligencia colectiva?

Acá entendemos la idea de Cosmopolis como una ciudad utópica, como un lugar por construir. Algo que tiene que ver con el futuro, con un lugar imaginado de trabajo colectivo y de engranaje internacional. Diría que es la construcción de una región que está intentando poner a discutir los temas de la programación: Herramientas y estrategias, Mundialización y relaciones, Saberes autóctonos, Identidad y Bio-política, Hospitalidad y cosmopolitismo, Traducción Cultural, Saberes compartidos, Economías alternativas y Ecología y descolonización.

También hay una clara diferencia entre los tres colectivos que estamos acá. Por estos días, nuestro grupo, tiene un perfil más doméstico y presenta un proyecto editorial análogo. Arquitectura Expandida tiene una consciencia de la arquitectura en espacio público y las implicaciones de ésta en la sociedad. Y el perfil de Laagencia es pedagógico y conceptual, como un grupo de estudio. En ese sentido, cada uno aporta lo que sabe.

¿Pueden hablar un poco sobre los demás colectivos y lo que estos están haciendo en el Museo?

Desde Vietnam el grupo Art labor abrió un café de hamacas como los que se ven en sus carreteras, en el que los visitantes pueden degustar café y compartir saberes. Chimerunga, que es una plataforma editorial con actividades de comisariado, radiodifusión y creación de Sudáfrica, está interviniendo el Bar La Colonie con su proyecto radial Estación Espacial Pan Africana. El colectivo ruso Chto, que significa ¿qué hacer?, hizo una instalación que muestra su investigación sobre las propuestas de política comunitaria llevadas a cabo en Chiapas México, siguiendo los lineamientos de Emiliano Zapata, en pro del reconocimiento de las luchas por la autonomía de los pueblos indígenas de la región. La organización Council, un colectivo francés, imprimió un periódico que da a conocer el trabajo de unos abogados que ponen en cuestión el concepto de lo “antinatural” y defienden la libertad en las decisiones sexuales de cada individuo.

Desde Argentina los Iconoclasistas demuestran cómo la cartografía y los mapas son una herramienta para expresar un punto de vista político. Lo hacen, en esta ocasión, a partir de un mapa y un afiche que señalan cuál es el estatus de la mujer campesina en áreas rurales argentinas. Invisible Borders, fundado en Nigeria, presenta viajes de carretera como metáfora pero también como experiencia real para ampliar saberes, memorias y experiencias. Exponen una serie de fotografías, textos y videos que resultaron de un viaje realizado en 2016 por todo Nigeria para entender las consecuencias del arbitrario trazado político que hicieron los británicos durante la colonia.

El tándem denominado Mixrice de Corea del Sur, que usualmente trabaja con inmigrantes, pone en escena The Vine Chronicle, un proyecto que investiga sobre la migración de las plantas. Polit-Sheer-Form Office de China viene rastreando, desde 2005, las diferentes formas de colectividad que existen en el mundo actual. Para el evento proponen tres actividades colectivas. Por su lado Ruangrupa, de Indonesia, un grupo cuyos integrantes varían en número entre 6 y 50, instalaron un centro de documentación que recogerá material reciclado del Museo y todo lo que vaya resultando del trabajo de los demás colectivos. Por último, The Tentative Collective de Pakistán, que suelen trabajar con personas del común que nada tienen que ver con el mundo del arte, como pescadores, trabajadores domésticos y amas de casa, hacen un retrato de cuatro lugares de la ciudad que responden a la noción de desecho como un retroceso de la modernidad. Esto sumado a las propuestas colombianas.  

Arquitectura expandida, de Bogotá, se define como un laboratorio ciudadano de autoconstrucción del territorio - político, social y cultural- en el que confluyen comunidades, profesionales, niños y, en general, ciudadanos interesados en hacerse cargo de dicha gestión, empezando por su propia calle, manzana o barrio. Lo conforman Felipe González, Ana López Ortego y Harold Guyaux. Entre sus proyectos anteriores se cuentan un cine, centros comunitarios, actividades pedagógicas y lúdicas, viveros y muchas iniciativas más, todas centradas en conectar vecinos y brindarles herramientas para sacarle provecho a su entorno. Acá están trabajando con asociaciones del barrio Clichy-sous-bois para concebir una serie de herramientas para sus habitantes.  

Laagencia, también de Bogotá, es una oficina de proyectos que promueve la investigación y los procesos híbridos entre arte y educación. Mediante su programa abierto Escuela de Garaje, busca dar visibilidad a un gran número de iniciativas locales, nacionales e internacionales, cuyos intereses se ocupan en pensar formatos de producción de conocimiento y sus respectivos canales de circulación. El proyecto lo conforman cinco artistas, Diego García, Santiago Pinyol, Mónica Zamudio, Mariana Murcia y Sebastián Cruz. Desde el 2010 han logrado realizar más de 100 proyectos de carácter híbrido. En Cosmopolis ellos están interviniendo y participando todos los domingos, a las 5 de la tarde, en el programa de estudio sobre el tema de circulación.

Nosotros, Olga Acosta, Juan Moreno, Alejandra Jaramillo, Juan Restrepo y Jaime Carmona, nos consideramos un grupo de amigos que de forma espontánea nos unimos para hacer cenas, programar películas, hacer charlas, exposiciones e invitar a nuevas personas a unirse, entre muchas otras cosas.

Para que se hagan una idea del espacio, en el centro hay una sala de proyección hecha con unos paneles que forman cubículos donde se pueden ver conferencias o películas. Alrededor está la programación académica y las obras de los distintos colectivos. Se aprovechan ciertas estaciones, como el centro de documentación de los chicos de Indonesia, para realizar nuestros talleres de La Faltante o los encuentros de Laagencia. Al otro lado de esas mesas están las hamacas y posterior a la pantalla está el mapa grande de Los iconoclasistas que se titula: ¿A quién pertenece el mundo?. Hay fotografías y piezas en la pared del fondo, paralelo al ventanal que da al exterior. Aparte está la video instalación gigante de Tentative Collective que funciona como un túnel. Diríamos que Cosmopolis es el punto de fuga del Pompidou, algo extraño para el público natural que acude a ver las grandes colecciones y exposiciones como la de David Hockney que acaba de culminar. Esto es algo más específico que requiere paciencia. Es parte de lo que están trabajando, para mostrarle al público otras cosas.

Sin embargo, surgen problemas de hospitalidad. Por dar un ejemplo, las estructuras para ver los videos, que son de dos horas, son rígidas e incómodas y el café que se sirve en las hamacas no se puede llevar a las otras estaciones porque tienen documentos. Estamos en una negociación constante con las reglas usuales del museo.   

¿Cómo es la residencia de ustedes?

La residencia es lo más interesante del asunto. Estamos en un lugar que se llama Cité Internationale des Arts, a cuatro cuadras del Pompidou. Allí compartimos con más de 300 artistas en residencia que vienen a sus propios proyectos, además de los integrantes de los colectivos. Aquí fue donde primero nos conocimos entre todos, incluso antes de la exposición. De hecho, la semana antes de la inauguración decidimos preparar un ajiaco. Sin guasca, porque fue imposible de conseguir a pesar de que designamos a una delegación en el grupo de Whats App –Collective intelligence- que tenemos todos a buscarla. Entonces se hizo, quedó delicioso y se acompañó con vino, quesos fermentados y una ensalada que llevaron los de Indonesia y Pakistán.

¿Cómo ha sido la conversación, intercambio y discusión tanto con el museo como con los otros colectivos?

Sentimos que Cosmopolis es una plataforma y un espacio de encuentro que, incluso para el Pompidou, es totalmente nuevo ya que no están exponiendo obras sino proyectos. Estos están muy ligados a lo que hacen las personas entonces el factor humano y la convivencia se vuelve fundamental en la exposición. A su vez la programación es muy viva, todos los días hay grupos de estudios, talleres, performances, cine, conciertos, etc. Intentan generar un lugar que sea más amigable con el público. De ahí se han derivado varias discusiones sobre la hospitalidad, que es algo fundamental. Irónicamente lo que pasa es que este espacio no necesariamente es el más cómodo en términos sociales y de hospitalidad, pero si en su espacialidad, en su tamaño y recursos.

Pero lo más interesante es el intercambio con los demás colectivos. Nos da mucha emoción poder saber qué están haciendo en Rusia, en China, en Sudáfrica. Por ejemplo, teníamos muchas ganas de conocer a las dos chicas de Pakistán y cuando lo hicimos hubo un click inmediato. En sólo 4 o 5 días forjamos una relación muy intensa, una amistad. Para nosotros eso es un logro gigante.

¿A qué conclusiones han llegado, en lo que va de la muestra?

Lo primero es que la exposición es una pequeña representación, de lo que hay detrás de cada uno de esos colectivos. Intenta evidenciar la punta de un proceso mucho más grande que hay debajo. Sin embargo, queda claro que no están en su verdadera condición. También hemos hablado mucho de hospitalidad y cómo el museo de cierta forma no logra ser verdaderamente acogedor. Los museos son territorios de nadie y volverlos cómodos toma mucho tiempo. Por eso es que se intenta plantear la idea de residencia. También se hace evidente la dificultad en la comunicación, desde algo tan sencillo como el idioma. Porque la programación es increíble y se tocan unos temas complejos, pero al ser tan densos, si no tienen traducción del francés resultan difíciles de seguir. Aunque ponerse en territorios de difícil comunicación aporta mucho. Nos quedan también ideas de términos claves como solidaridad de intuiciones, ideología de la acción, el caos del mundo y el pensamiento de lo imprevisible.

Asimismo, pasa algo curioso y es que a pesar de que se suele hablar de los países de origen de los colectivos como países en vía de desarrollo, los mismos curadores coinciden en que son los países europeos y del primer mundo los que están en esa posición. Mientras que para ellos todas estas son ideas novedosas, para nosotros son más que normales. Llevamos hablando de esto y haciendo las cosas así por iniciativa propia desde hace mucho tiempo. En un evento pasado en Medellín, ya habíamos incluso digerido todas estas discusiones. De todas maneras, Cosmopolis no puede pensarse como un punto de llegada sino por el contrario, de partida. Como una semilla. Un lugar donde prime, por delante de todo, la política del afecto.

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