"Cúspide" es una de las obras que se están exponiendo en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Jaime Franco: Rastros de la pintura

"Rastro" la última obra del artista Jaime Franco es una reflexión sobre la pintura y la permanencia. Esta exposición podrá verse hasta el 13 de septiembre en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá.

2010/09/03

Por Ximena Gama

Para Jaime Franco una de las cosas más importante en el arte es el proceso. Afirma que pocas veces sabe cuál va a ser el resultado de una pintura, que a pesar de tener una idea y una construcción previa, el último trazo siempre será un golpe de intuición. En su taller es común encontrar muchos lienzos empezados simultáneamente y con el paso del tiempo, en un dialogo entre él y las otras piezas, se da cuenta cuál es el color que hace falta, qué cosas hay que cubrir y qué otras hay que develar. Es por ello que al entrar a una exposición suya todas las obras parecen como si hablaran, si pertenecieran a una sola constelación.

En los últimos años Jaime Franco empezó a realizar pinturas sobre pared utilizando materiales orgánicos como barro volcánico. Instalaciones que por su misma naturaleza son efímeras, se hacen para espacios específicos y casi siempre son borradas al final de la exposición. Estas obras encierran por completo el gesto que este artista ha estado indagando en toda su trayectoria. Un interés por la geometría, las composiciones matemáticas y la arquitectura -deseo que seguramente surgió con sus estudios iniciales de ingeniería en Bogotá y se afianzó posteriormente con una larga estadía en Paris-, y ese intento por descubrir la naturaleza misma de la pintura, las relaciones muchas veces accidentales que se dan entre los colores, las formas y los trazos. El año pasado, una de ellas titulada “Vestigio” fue premiada en el Salón Bidimensional de la Fundación Gilberto Álzate Avendaño y en este momento dos, junto a otras obras realizadas en lienzos de grandes formatos, conforman su exposición individual en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

“Rastro”, muestra que finaliza el próximo 13 de Septiembre, se debate entre esos dos movimientos. Por un lado en la cuidadosa reconstrucción de estructuras arquitectónicas donde todo es realizado a través de rigurosos cálculos matemáticos, y por otro, el da la pintura misma, es decir, el recorrido del color en la superficie. Junto a ellos también se reconocen múltiples referencias propias de la historia y de los mitos occidentales. A través de un juego de relaciones entre la representación de las ruinas, la sobrevaloración de la razón nos recuerdan historias que al igual que en el famoso mito de Sísifo, ha llevado en muchos momentos a la destrucción del hombre. El resultado que tuvo la construcción de la torre de babel es apenas un ejemplo de ello. El hombre en su intento de llegar al cielo termino construyendo una torre que terminó en la propagación de múltiples lenguas.

Sin embargo, en estas obras las temáticas no se reducen únicamente al contenido al que se refieren: los templos, las torres que aparecen en los lienzos, o los trazos del botellón que están sobre la laminilla de oro. Aquí se está develando todo un proceso. No se esconde ninguno de los momentos de la ejecución, salen a relucir todas las capas de pintura y se revelan esos negros encima de grises que a su vez están sobre algunos amarillos. Sima y Cima, las dos instalaciones o pinturas efímeras realizadas sobre la pared son la cumbre de todo ello. En este caso la naturaleza de la pintura utilizada, barro, resulta perfecta para mostrar cómo el material tiene una vida propia. Es la densidad natural de éste el que devela ciertas partes de la estructura o del dibujo inicial. Es la tierra la que decide que es lo que se ve y al igual que un arqueólogo cuyo trabajo es desempolvar hasta que aparezca la ruina, el ojo es obligado a develar las capas de toda la composición.

Un espectador atento se dará cuenta en el recorrido de las dos salas cuál fue el modo en el que el artista concibió cada una de las obras y cuál fue su ejecución. Desde el principio se otorgan ciertas pistas de lo que se encontrará: los dibujos iniciales realizados en Autocad están expuestos y han sido acompañados por algunas palabras escritas como “vestigio”, “huella”, “insignia”; palabras que definieron y guiaron la exposición. Un espectador curioso se parará en cualquier punto de la galería y comprenderá cómo cada una de estas obras dialoga entre sí, verá que en algunas las estructuras se repiten pero que esa geometría específica aparece siempre de manera distinta, es la pintura, sus gestos quien decide el modo cómo lo hace. Es ella quien devela una capa y saca a relucir otra.

En una época donde la pintura casi no se ve, Jaime Franco la trae de vuelta constantemente. En cada uno de sus trazos, de sus manchones, de su color nos recuerda que la pintura no es más que eso. En un tiempo donde abundan en las salas múltiples técnicas, híbridos entre la escultura y la fotografía, entre el video y el dibujo, sorprende el uso de esta técnica, un uso ambiguo que empieza por algo absolutamente racional, los dibujos realizados casi matemáticamente, para terminar en algo intuitivo y totalmente orgánico. Tal vez ruina, una de las palabras claves de la muestra, no es únicamente algo que queda, un rastro o un despojo, sino también aquello que esconde una historia y que está a punto de ser develada. En este caso, la misma historia de la pintura.


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