Jasper Johns en su estudio en el Upper West Side de Nueva York en 1965.
  • Robert Rauschenberg fotografiado en Lafayatte, Louisina en 1990.
  • Robert Rauschenberg fotografiado en Lafayatte, Louisina en 1990.
  • Robert Rauschenberg fotografiado en Lafayatte, Louisina en 1990.

Jasper, Bob y Andy

Jasper Johns y Robert Rauschenberg son dos de los nombres más importantes en la historia del arte norteamericano. ¿Por qué mantuvieron en secreto que eran pareja?

2010/06/22

Por Humberto Junca

En 1960 el artista estadounidense Jasper Johns hace un cuadro aparentemente elemental, “Painting with two balls” (“Pintura con dos bolas”). Sobre un fondo lleno de manchas realizadas con espontaneidad, aparecen dos pelotas pintadas figurativamente. Al unir en la misma composición lo abstracto y lo figurativo, Johns señalaba de forma elemental y simple el cambio en el rumbo y la “sexualidad” del arte por venir. Porque el arte del siglo XX tiene que ver tanto con pinceles, brochas y pigmentos, como con “bolas” y falos.

Hasta antes de 1960, la escena artística estadounidense había sido comandada (y por primera vez en su historia había ganado notoriedad e importancia mundial) por los pintores de la afamada “Escuela de Nueva York”, liderados por Jackson Pollock. Durante los años cincuenta Pollock fue el rey. El más grande artista y el artista “más grande” de un movimiento que se autoproclamaba abiertamente, y con orgullo, masculino, vertical, y hasta machista. Según el crítico Clement Greenberg, la pintura de Pollock es lo más “puro” a lo que puede llegar a ser una pintura (el arte), porque se ha liberado de los géneros clásicos: de la esclavitud del retrato, del paisaje, del bodegón, del desnudo. “Una pintura de Pollock representa, únicamente, cómo fue pintada”, dice Greenberg, proclamándolo emperador absoluto en una escena artística mundial que buscaba levantarse erguida como un edificio brillante, único e independiente. El reinado de Picasso había terminado. Ahora otro gran macho alfa dominaba la manada. Para darse una idea clara de lo que hizo y de cómo se mostró Pollock ante el mundo, sólo hay que ver las fotografías que Hans Namuth le tomó al pintor mientras trabajaba en su taller y que en gran medida ayudaron a construir su mito. En estas aparece dominante, fuerte, decidido, regando pintura sobre una inmensa tela tirada en el piso. Pollock no sólo la llena con “sus fluidos”, además la pisa, la somete, la invade físicamente. El lienzo horizontal (la historia de la pintura) se rinde ante la masculinidad (la verticalidad) de Jackson Pollock. El lema de la Escuela de Nueva York no deja dudas del machismo en el que esta se basaba: “Para pintar hay que tener bolas”. Sin vergüenza alguna, eso decían los pintores más relevantes a mediados del siglo pasado. Y era cierto… porque no había ninguna mujer compartiendo con ellos la cima del mundo.

Pero ese imperio se vino abajo. Primero, Pollock se mató en un accidente de tránsito. Luego, la siguiente generación respondió críticamente a tanta verticalidad y pureza, a tanta mancha y gestualidad, a tanto abstraccionismo, a tanta evasión de la realidad. Cuando Jasper Johns, en 1960, pintó entre manchas dos esferas cargadas de materia le jugó una broma al difunto rey y a su decadente corte. “Painting with two balls” también se puede traducir como “Pintando con dos bolas”. Johns se burló así del culto a la masculinidad en el expresionismo abstracto y, de paso, introdujo un elemento simple, figurativo en la tela acostumbrada a recibir salpicaduras, manchas y chorreones. Jasper Johns pintó una doble afrenta. Una blasfemia total. Hizo lo que estaba prohibido: hizo una pintura chistosa en un momento en que la pintura era de lo más serio (permaneciendo, eso sí, en el juego moderno de la autorreferencia: entre el título y el contenido de la pintura), pintó un par de “bolas”, simples objetos cotidianos (no las llamó circunferencias o esferas, sino “bolas”) y muy sutilmente, entre líneas, al hacer que sus bolas (las bolas con que pintó, su masculinidad) estuviesen en la pintura, fuesen pintadas… envió un mensaje en clave: mis bolas son una “representación”. Lo que equivale a decir: “yo no soy un hombre de verdad”.

Este juego de significados en la pintura de Johns, ejemplifica, en el arte, el cambio sexual más relevante de la década de los cincuenta y sesenta y, a la vez, las pulsiones eróticas ocultas (a medias) de sus protagonistas.

Johns, nació en 1930 en Augusta, Georgia, Estudió en la Universidad de Carolina del Sur y luego en Nueva York en la Escuela Parsons de Diseño. Prestó servicio en la Guerra de Corea en una estación en Sendai, Japón. Allí conoció de cerca el arte japonés, por el cual se apasionó desde entonces. De vuelta en Nueva York se enamoró del artista Robert Rauschenberg. La notable carrera artística de Jasper Johns comenzó cuando el galerista Leo Castelli visitó el estudio de Rauschenberg y, casi por casualidad, descubrió el trabajo de “su vecino”. Así de disimulada fue la relación entre estos dos artistas. Nunca hicieron pública ni su homosexualidad, ni su vínculo amoroso.

Robert (cuyo verdadero nombre era Milton Ernst Rauschenberg), nació en Port Arthur, Texas, era cinco años mayor que Johns, tenía un hijo (Christopher, nacido en 1951) y estaba divorciado (de la artista Susan Weil) y, obviamente, pesaba sobre él el cristianismo fundamentalista con el cual sus padres le educaron. Bajo la sombra del pecado y la culpa, y con la obligación de ser “un padre ejemplar”, Rauschenberg nunca quiso hacer pública su homosexualidad. Se dice que mientras asistió a la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York y antes de su divorcio (en 1953) tuvo relaciones ocultas con compañeros como Cy Twombly y Knox Martin.

Sin embargo, fue un artista muy atrevido y transgresor durante la segunda mitad de los cincuenta: unió, como Johns, de manera irreverente abstracción y figuración; además, gracias a su pasión por lo tridimensional, vinculó pintura y escultura (objetos apropiados, animales disecados) en influyentes ensamblajes a los que denominó “Combinaciones”, y que iban mucho más allá del collage tradicional. El mismo año de su divorcio Rauschenberg borró un dibujo de De Kooning (otro de los grandes de la Escuela de Nueva York), en una acción que se volvería mítica y que él llevó a cabo como una obra de arte, el registro de un performance que tituló “Dibujo de De Kooning Borrado”. Borrar a los machos del arte moderno, o burlarse a través de la pintura misma de sus frases e ideas, o cambiar radicalmente los parámetros y maneras de su “pintura machista”:esa era la misión de Rauschenberg y Johns. Una misión decidida pero soterrada, disimulada. Escribe la crítica española Estrella de Diego: “Johns podría estar disimulando en su obra como disimula en su vida y así, cuando en 1954 se muda a Pearl Street, en el downtown neoyorquino, a un loft largo y estrecho con los techos bajos, nadie se extraña de que algún tiempo más tarde su amigo Rauschenberg se establezca en otro piso del edificio. Una vez más se borraban los rastros de algo que los uniría casi diabólicamente: ambos compartían un secreto inconfesable, que sus trajes azules y sus corbatas esconderían púdicamente. Jasper y Bob, como los llamaba Warhol, eran muy próximos y permanencerían durante casi siete años”.

Las obras de estos dos grandes artistas (Rauschenberg, por ejemplo, fue el primer artista estadounidense en obtener el Gran Premio de la Bienal de Venecia en el año 1964) con su rechazo hacia la potencia sexual masculina y hacia la fascinación por la violencia (tan presente en las pinturas de Pollock o de Kooning) fueron gritos camuflados con pintura. En ese momento ninguno de ellos puede gritar, puede decir de frente y abiertamente lo que sienten, lo que son. Habrá que esperar unos años para que una nueva generación consiga ser abiertamente homosexual o bisexual y lo griten y lo digan, tanto de viva voz como en sus obras, totalmente directas, totalmente homosexuales.

El primero en deshacerse totalmente del fantasma de Pollock (de la pintura abstracta) y en reconocer abiertamente su homosexualidad fue Andy Warhol. “Es bien conocida la admiración que sentía Warhol por Johns y Rauschenberg —señala de Diego—, no sólo porque eran dos artistas que triunfaban (motivo suficiente para alcanzar la admiración de Andy), sino porque eran dos artistas gay que triunfaban. Sin embargo, parece que el afecto no era compartido y cuando Warhol decide preguntar al promotor y director de cine Emile de Antonio el motivo, éste le responde que las razones son tres: se muestra abiertamente homosexual, es un artista comercial orgulloso de serlo y colecciona cuadros de otros artistas”.

En un momento en que el artista aún tiene que ser como Pollock, es decir un macho, un productor (procreador) de arte; Andy se comporta como un consumidor (coleccionista), que no tiene reparo en aceptarse como un artista comercial (un artista “vendido”). Ante los ojos celosos de Jasper y Bob, Andy era “tres veces homosexual” y eso era más de lo que ellos podían soportar. Sin embargo, no era necesario ser un reprimido para encontrar insoportable y vulgar el comportamiento homosexual de Andy Warhol. Un comportamiento que le hacía vulnerable. Quizás como método de defensa, él creó otras maneras de protegerse de un medio medio cultural “vanguardista” pero hipócrita en un país homofóbico. Su principal estrategia fue vivir rodeado de personas más extravagantes, más gays que él, que usaran más maquillaje, que se pusieran pelucas más grandes. Por eso Warhol disfrutaba tanto de la compañía de travestis. Según sus propias palabras, él los veía “no como sucios marginales, sino como vanguardistas culturales”.

“La obra de Warhol, —señala el curador Phillip Larrat-Smith— es interesante porque critica la ideología dominante y a la vez la apoya. Hay otros artistas estadounidenses muy famosos, como Pollock, De Kooning, Jasper Johns, Robert Rauschenberg; pero Warhol es el más famoso y el más norteamericano de todos porque encarna el american dream: fue un niño pobre, hijo de emigrantes, que consiguió fama y fortuna a costa de exponerse sin mesura, al abrirse completamente y rodearse incluso de aquellos marginales, criminales, sicópatas que rechazaba la sociedad. Warhol era demasiado gay, se veía estrafalario con su peluca y sus gafas oscuras andando con travestis, adictos y demás desadaptados. Cuando Valerie Solanas le disparó y fue sentenciada a solo tres años de cárcel, Lou Reed comentó: ‘castigan más duramente a quien roba un carro que a quien trata de matar a Andy Warhol’. Esto revela el aborrecimiento general que la sociedad norteamericana sentía hacia Warhol”.

Jasper, Bob y Andy trabajaron a contracorriente empleando diferentes estrategias (estéticas y éticas, disimuladas o abiertas) para dar voz a su homosexualidad y cambiaron la manera como se hace el arte. El triángulo de amor y odio entre estos tres artistas generó maneras más complejas e incluyentes de pensar el arte, la vida y las relaciones entre los hombres. Se necesitan “bolas” para lograr algo así.

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