El antiguo edificio de Intendencia Fluvial hoy es la sede de la secretraría de Cultura.

Como el agua que corre

Las políticas culturales de Barranquilla han logrado poner a la ciudad como Capital Americana de la Cultura, así como armonizar las iniciativas populares para democratizar el Carnaval sumado a la puesta en marcha de un plan de Casas de Cultura: lo sembrado augura la recuperación del aura cultural de la ciudad.

2015/12/11

Por John William Archbold* Barranquilla

Es complicado hablar de la cultura barranquillera. Lo único que parece claro sobre el tema es que nadie se atreve a definir una región y una población diversa, de múltiples corrientes, no solo por la consabida herencia de indígenas, blancos y negros que caracteriza a todo el Caribe, sino por las huellas que oleadas de inmigrantes europeos y de Medio Oriente calcaron sobre estas arenas. Luego, por alguna inexplicable razón, la ciudad se empeñó en borrar sus huellas, cubrió de olvido el centro que la acunó y escapó hacia todas las direcciones, dándole la espalda al río que propició su nacimiento. Eso hace que hoy no sea descabellado pensar en un resurgimiento, cuando la ciudad mira de nuevo hacia el Magdalena.

El símbolo de ese retorno es la Antigua Intendencia Fluvial, un edificio sobrio y elegante con casi un siglo de antigüedad, que se alza majestuosamente en la ribera del río. Fue olvidado durante décadas entre la podredumbre y la desidia, y tras un increíble proceso de restauración, hospeda hoy a la Secretaría de Cultura del Distrito. Allí se cifra un mensaje mudo que enuncia el objetivo de esta recapitulación: volver la mirada al río es una invitación a reconciliarnos con el pasado, con una esencia que nunca ha dejado de estar presente: esa intrincada definición de nuestra identidad colectiva.

Ese reencuentro es uno de los principales objetivos de las Casas Distritales de Cultura, quizá el proyecto más ambicioso de la administración por concluir. Prueba de ello es que Barranquilla ha forjado la red más grande del país, con un total de 75 casas en las que más de 14.000 beneficiarios reciben formación en 23 oficios y modalidades artísticas. Este fue el resultado de una inversión de 9.000 millones de pesos, casi 3.000 de ellos apostados durante 2015.

El pasado mes de noviembre, todos los aprendices se reunieron con los compañeros de sus respectivas localidades para realizar el cierre anual con una gran muestra de los procesos adelantados. Las pertenecientes a la localidad Norte-Centro Histórico se congregaron en la Plaza Grande del Río la Magdalena, otro espacio junto a la Intendencia, recuperado y habilitado para el disfrute de la comunidad. Entre grupos de tambores, niños disfrazados y cantaoras septuagenarias, un hombre corpulento, de casi 2 metros de estatura y con esas facciones foráneas que ya son costumbre entre los nuestros, saluda con extrema familiaridad a muchos de los participantes. Se trata de Afif Siman Slebi, actual secretario de Cultura. Su accesibilidad es una virtud en la que muchas voces coinciden; es una figura frecuente en los eventos, de hecho, conseguir su número de teléfono no fue complicado. Las Casas de Cultura se le han convertido en una pasión especial; tiene la firme convicción de que son el verdadero espacio en el que el tejido social puede fortalecerse, al congregar a las comunidades, e incluso familias, en torno al arte, lo que genera procesos de empoderamiento particular y colectivo: “Es la mejor manera en la que podemos garantizar que nuestras costumbres y tradiciones se resguarden, porque así cada individuo se identifica con la comunidad y con toda una sociedad a través de ellas”, dice.


Banda de una de las casas de la cultura.

Pero esa proyección es continua, por eso ha surgido la Escuela Distrital de Arte y Tradiciones Populares. Para quienes quieren adoptar la cultura como parte fundamental de su proyecto de vida, es una institución educativa formal donde se ofertan carreras técnicas en Teatro, Danza, Artes Plásticas, Música y Medios Audiovisuales. Este semestre, además, se inauguraron los primeros programas en Carnaval y Patrimonio en Colombia, enfocados en la transmisión del conocimiento sobre los oficios propios de las fiestas, como la producción de carrozas, vestuarios, artesanías e instrumentos folclóricos. La repercusión de estos procesos ya se puede evidenciar. Lisandro Polo, gestor cultural y fundador de la ya icónica Noche de Tambó, se ha desempeñado como maestro de percusión en las Casas de Cultura y pronto recibirá grado de la Escuela Distrital. Él fue designado por el aporte que ha realizado al Carnaval durante más de 20 años como Rey Momo del año 2016, un ejemplo de cómo estos procesos de formación cultural terminan impactando las más grandes manifestaciones.

Una política carnavalera

Partiendo del eclecticismo original de la ciudad, no es extraño que el Carnaval sea su principal baluarte cultural. Fue lo único capaz de subvertir los órdenes establecidos y reunir todas las expresiones bajo un sesgo de integralidad. Eso explica que haya terminado por convertirse en un sello identitario para propios y cercanos.

Pero, como es natural, el Carnaval ha sufrido varios reveses. La organización en los últimos años ha sido objeto de críticas debido a la prelación que se les brinda a los sellos empresariales y objetivos publicitarios por encima de las comparsas tradicionales. A tal grado que alrededor de 15.000 artistas de diferentes colectivos se agremiaron en una nueva corporación denominada Nuestro Carnaval, que diside de la asociación con Carnaval S.A., entidad organizadora de las fiestas, al tiempo que declara esta acción como una medida para proteger y hacer respetar la tradición.

Siman destaca que la comunión de todos los colectivos en un solo carnaval también ha sido una de sus preocupaciones. Por eso, en 2013, tras la designación de Barranquilla como Capital Americana de la Cultura, se invitó a todas las corporaciones hacedoras del Carnaval a la izada de bandera, representando el trabajo en función de una gran y única fiesta. Aunque la Secretaría no ve esta disidencia como un aspecto negativo, sí encuentra necesaria la atención de sus inconformidades. Por eso se ha formulado una nueva política pública para el Carnaval a través del Plan Especial de Salvaguarda (PES), concertado con más de 400 actores estratégicos, en compañía de los medios de comunicación, sectores académicos y empresas patrocinadoras. “De este parte un acuerdo social que identifica los principales riesgos en contra del Carnaval y los planes de contingencia necesarios para evitarlos, entre los cuales se clasificó la espectacularización de la fiesta —que atenta contra su carácter popular—, la comercialización irrespetuosa y el desconocimiento de la consonancia tradicional”, explica. Por eso, las instituciones organizadoras, encabezadas por Carnaval S.A., han iniciado una serie de reformas a los parámetros publicitarios y la distribución de los grupos folclóricos tradicionales durante los desfiles, sentando unas bases adecuadas para el equilibrio futuro.

La capitalización de la cultura

La designación de Barranquilla como Capital Americana de la Cultura fue utilizada como una excusa para exaltar los procesos en marcha y exponer la cultura en el primer plano de interés de los barranquilleros. Para eso se fortalecieron las alianzas entre el distrito, el sector privado y las iniciativas ciudadanas. Brindándoles una atención especial a estas últimas, al ser las manifestaciones más viscerales, se abrieron tres grandes bolsas de estímulos para la creación, divulgación e investigación del arte y la cultura, que para el año 2015 ascendieron a 1.658 millones de pesos.


Escena del Carnaval de Barranquilla.

En su oferta cultural, el resultado de esas alianzas es evidente. En el área de las artes plásticas encontramos el Museo de Arte moderno de Barranquilla y la pinacoteca de la Biblioteca Piloto del Caribe, dos escenarios que se encargan de la promoción del trabajo de artistas locales y extranjeros, educando a la ciudadanía en la apreciación de obras de este carácter. El teatro, por su parte, también ha tenido un importante espacio a través de Enitbar, un encuentro internacional organizado por la fundación Cofradía teatral que ya completa diez años, en los cuales han desfilado 146 compañías provenientes de once países. Por otro lado, la Carnavalada, un evento especial que emerge en plena temporada de fiestas, ofrece una revolucionaria propuesta de reflexión al aire libre, que cada año roba más espectadores de los desfiles para ponerlos frente a las tablas. En la misma línea y dejando clara la importancia de la tradición oral, el festival de cuenteros El Caribe Cuenta, que ya completa 18 años ininterrumpidos, presentó en su última edición dos decenas de invitados, algunos provenientes de los mismos barrios de Curramba, hasta otros llegados de las costas de África, tan lejanas y cercanas al mismo tiempo.

La música es uno de los elementos distintivos de la identidad Caribe, por lo cual las muestras de esta índole no son escasas. El Centro Cultural Cayena de la Universidad del Norte realiza un importante aporte con el Festival Interactivo de Música, un espacio en el que se expone y destaca la proyección de nuevos talentos, desde géneros canónicos como la clásica y el rock hasta la propia música folclórica regional. Pero, sin duda alguna, es el Barranquijazz, que cumple dos décadas el año que viene, el principal evento del panorama. En 2015 se presentaron 102 artistas y agrupaciones, de los cuales 76 eran invitados internacionales. Cada año el evento alcanza nuevos escenarios, democratizando aún más el acceso a los conciertos y cumpliendo su objetivo de fomentar la formación de público con criterio. La Alianza Francesa y el Banco de la República han habilitado en el teatro Amira de la Rosa más de 150 conciertos gratuitos en los últimos dos años, a los que han accedido cerca de 250.000 personas. La Alianza Francesa también realizó un aporte interesante conectando a Barranquilla con las tendencias globales por medio de la Fiesta de la Música, que en 2015 presentó a más de 500 artistas en 14 escenarios distribuidos por toda la ciudad.

La literatura ha sido uno de los sectores más fortalecidos. Se destaca la creación del Consejo Distrital de Literatura, un estamento que parte del mismo sector literario de la ciudad y que busca apoyar las dinámicas creativas y editoriales en lo local. Barranquilla también auspicia importantes eventos como el Encuentro Nacional de Literatura, organizado por el Centro Cultural Cayena, que ya completa 27 ediciones. Por otro lado, el festival Poemarío, con más de 30 escritores invitados este año, se sostiene como uno de los referentes más importantes en la región. La fundación La Cueva y la Biblioteca Piloto constantemente albergan espacios de difusión con conversatorios; esta última, además, institucionalizó el Club de Lectura Crítica, dirigido por el poeta Joaquín Mattos Omar. La fundación Casa de Hierro, a través del programa Poetas Bajo Palabra, se constituye en un importante promotor, llevando la poesía a las cárceles y participando en diferentes programas comunitarios. También organiza el Café al Aire Libre, evento distinguido por el Ministerio de Cultura como una de las experiencias culturales más significativas del país. La aparición de sellos editoriales independientes, como La Iguana Ciega y Collage Editores ha sido un factor importante en la consolidación de la obra de autores regionales y su exposición en el país.

La apuesta cinematográfica nunca ha sido el fuerte de Barranquilla, no obstante, su consolidación lleva un ritmo satisfactorio. Una de las instituciones que han permitido ese progreso es la Cinemateca del Caribe, que a través de su programación promueve la apreciación crítica del cine. La Universidad del Norte y la Autónoma del Caribe han apoyado la realización de nuevas producciones que han ganado reconocimiento local y nacional, pero quizá el hecho más importante en la materia es la aparición del Ficbaq, el Festival Internacional de Cine de Barranquilla, que en su tercera edición logró reunir 29 películas en competencia.?Aún quedan muchos compromisos. Quizá una de las principales tareas es ampliar el acceso de la oferta cultural a otras esferas de la sociedad; sin embargo, la voluntad de la mayoría de los sectores implicados nos permiten mirar con optimismo este resurgimiento. Barranquilla ha logrado reconocerse a sí misma y dejar en evidencia el tejido que la integra por encima de esas disparidades que comprometen su propia esencia. El caudal va corriendo, basta dejarlo ser.

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