"Variación de purgatorio N°4", de José Alejandro Restrepo.

Las indulgencias solicitadas

En el Museo de Arte de la Universidad Nacional se expuso el mes pasado la más reciente obra de José Alejandro Restrepo: una demoledora indagación sobre las complejas relaciones entre violencia y religión, y sobre la retórica política del perdón.

2011/05/03

Por Micah Malone

Variaciones sobre el purgatorio, de José Alejandro Restrepo, es la primera exposición totalmente producida, financiada, comisionada y curada por el Museo de la Universidad Nacional, y esto, en verdad, impresiona. Por supuesto, el Museo ha organizado otras exposiciones notables en años recientes, producido algunos maravillosos catálogos y comisionado un puñado de piezas. La diferencia aquí es una de pura escala, ambición y visión: un artista, cinco nuevas instalaciones de video y una serie de fotografías, todas unificadas por una temática.

 

La amplia revisión de la programación del Museo, que comenzó con la exposición Distopias en 2008, se acerca sin duda a su madurez identitaria con este ambicioso y expansivo affair multimedia de Restrepo. Fue María Belén Sáenz de Ibarra, cabeza de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural, quien contrató al curador y artista Andrés García La Rota para gestionar la exhibición de Restrepo. El proceso se inició con reuniones entre los tres para decidir sobre las temáticas generales y los parámetros conceptuales. Y en lugar de pasar revista a la carrera de Restrepo, lo que sería apenas normal para un artista de su estatura en este momento de su carrera, tras esas reuniones, el Museo decidió encargarle al artista una serie de obras sobre el concepto del purgatorio que, aunque nuevas, siguen girando alrededor de las temáticas que lo han marcado a lo largo de su vida como artista.

 

La obra de Restrepo se adapta cómodamente a la misión continuada del Museo de trabajar con artistas que exploren las tensiones poscoloniales, políticas y de teoría cultural a través de la amplia (y en ocasiones vaga) categoría de “Arte en función del tiempo” o “Nuevos medios”. Estas categorías abarcan desde cine hasta video, sonido, diseño de software, fotografía y, en el caso de Restrepo, una síntesis de estas disciplinas.

 

Nacido en 1959 en Francia (donde volvería más tarde a estudiar) Restrepo ha expuesto en casi toda América Latina, Europa y los Estados Unidos, y es considerado uno de los pioneros del videoarte en Colombia. A menudo comparado con los influyentes videoartistas Gary Hill y Bill Viola, cuyas videoinstalaciones fueron sin duda digeridas por Restrepo, él ha sabido labrar su propio territorio, con la incorporación de temáticas perturbadoras a su decadente y fascinante trabajo. El artista ha dicho que su preocupación principal como tal puede resumirse en un triángulo conformado por video, religión y política.

 

Sin perdón

 

Las explicaciones pueden variar en cuanto al significado exacto del purgatorio. El catecismo de la Iglesia católica dice que es un estado en el que, tras la muerte, se da la purificación final para acceder al cielo. Generalmente, este lugar (o proceso) es para aquellos que si bien no han cometido pecados mortales, no expiaron en vida sus pecados veniales y, por tanto, no son lo suficientemente puros para ingresar en el cielo. El purgatorio ha sido representado a lo largo de los siglos de muchas maneras; la más común, con llamas que, aunque dolorosas son eficaces, purifican el alma.

 

Es de esperarse, por lo tanto, encontrar grabados de llamas (así como unos cuantos demonios), proyectados en forma de tabletas en el fondo de una pared. Así, en la “Variación sobre el purgatorio N.º 1” el espacio adquiere una dimensión dramática con la proyección de video de grabados en madera, con algunos focos de luz (¿llamas?) sobre las imágenes. Así, el cuarto adquiere una característica perturbadora y sobreescenificada.

 

Sin embargo, el purgatorio no siempre necesita estar envuelto en llamas. En “Variación sobre el Purgatorio N.º 2”, este estadio se representa como una sala de espera, un lugar donde la ansiedad y el aburrimiento son moneda común. El mismo está equipado con las líneas de asientos desgastados que suelen encontrarse en aeropuertos, oficinas y lobbies en todo el mundo, “N.º 2” impone al visitante la extraña sensación de estar caminando en el sector equivocado, especialmente cuando se ve a otros visitantes y guardias de seguridad literalmente esperando ahí. Un pequeño monitor de televisión montado en la pared muestra un video —en blanco y negro, semejante a los videos de compañías de seguridad— con pequeños cubículos donde normalmente pasan su día los oficinistas. Sin embargo, los trabajadores representados son fantasmas transparentes que giran, ruedan y revolotean obedientemente en sus sillas, como si formaran parte de una coreografía sobre cuyos movimientos no tienen ningún control.

 

“N.º 2” no es solo una sala de transición metafórica: de hecho traslada a los espectadores desde las inquietantes llamas de “N.º 1” a la desorientadora proyección del purtagorio “N.º 3”. La cámara examina un grupo de pequeñas figuras de madera —ánimas benditas del purgatorio—, y de manera errática y torpe salta incesantemente de una figura a otra. Esta torpeza bien podría interpretarse como un símil de concepto mismo de purgatorio —discordante, transicional— así como del movimiento de un ojo que mira las figuras en la vitrina. Esto se acentúa con una lámina de plexiglás que cuelga del techo entre la pared y el proyector, imitando una barrera que protege los objetos, pero que también fractura la proyección, creando una gran cantidad de sombras y colores en toda la habitación. El audio consiste en la narración del recorrido por el Museo del Purgatorio en Roma, en la voz de un piadoso visitante, lo que aumenta la imposiblidad de cohesión de la obra.

 

El agua purificante

 

Si el fuego ha sido el engranaje principal en el sistema simbólico del purgatorio, el agua es sin duda su pareja, el baño purificante después de las llamas, un destino secundario en el camino al cielo. El agua puede simbolizar la limpieza, pero con la “Variación N.º 4” Restrepo parece preguntarse cuán limpia puede ser una piscina pública.

 

Instalado en la amplia sala principal del Museo, esta cuarta versión del Purgatorio recibe al visitante en la casi total oscuridad. Desde el techo se proyectan hacia el suelo imágenes que crean una impresionante piscina digital de tamaño real en el centro del espacio. El agua titila brillante, iluminada por luces subacuáticas. Completando el facsímil, se han puesto pasamanos reales en los dos extremos de la proyección, que normalmente guiarían a los nadadores hacia el agua. El hecho de que la piscina sea estrictamente una creación digital aumenta el drama de entrar en una piscina pública dentro de un museo.

 

La pieza se completa con un diseño de sonido que reverbera en todo el espacio. Los altavoces están ubicados en las esquinas, en medio de la galería iluminada solo por las luces del interior de la piscina. Y de ellos salen las voces exaltadas del ex presidente Álvaro Uribe, así como de líderes paramilitares como Ernesto Báez, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, entre otras personalidades colombianas, creando un teatro verdaderamente incómodo.

 

Y el teatro es precisamente el foro donde estos actores realizan su performance. Las voces que resuenan a lo largo y ancho de la galería piden perdón. El espectador comprende que el perdón que piden a los colombianos es por su participación en la violencia que ha azotado al país. ¿Son estas voces sinceras cuando ofrecen sus disculpas? ¿O están simplemente alimentando la retórica de la maquinaria política? Tal vez la pregunta más importante es: ¿Qué se gana por medio de este público intento de expiación? Porque sinceras o no, las disculpas pueden ser vistas como una mercancía, un bien negociable para obtener perdón, dinero o libertad.

 

Si la religión fue una vez puente entre lo divino y lo humano, la economía (bajo el disfraz del capitalismo) es ahora esa fuerza mediadora. Mientras más autenticidad puedan convocar estas figuras, mientras más empatía logren, más potente será su moneda política. Cuando estas figuras se disculpan en un foro público, están en escena, se convierten en actores de una obra, la obra que no es más que la vida real.

 

Pero los espectadores de las variaciones del Purgatorio de Restrepo también entran a formar parte de ese teatro. La inmersión en ese escenario oscuro de seductora estética parece insinuarle al visitante, sin importar si sus acciones y sus peticiones de perdón tienen algún valor, que él también forma parte integral de la obra. Tal vez pueda tener algún papel la obra. Un miembro del público puede no haber escrito el guión, pero puede sin duda gritar, o creer, u observar, o simplemente reconocer el drama, salir de la galería y entrar en otro espectáculo.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.