Fotos: Esteban Vega

Las historias de los ríos

En la Galería Instituto de Visión se inauguró el pasado 16 de abril una exposición colectiva titulada Entre caníbales. La artista Carolina Caycedo realizó una lectura performática que aborda las consecuencias en la vida cotidiana de las comunidades que habitan territorios en “procesos de colonización”.

2016/04/23

Por Paola Moreno

Un cuerpo de agua es una lectura performática que tuvo lugar el pasado 21 de abril en el marco de la exposición Entre caníbales, inaugurada ocho días antes en el Instituto de Visión. “Soy Carolina Caycedo vengo de Los Ángeles, California, donde estamos sufriendo una sequía histórica, pertenezco al proceso Descolonizando la Jagua, a la Asociación de afectados por la represa del Quimbo (Asoquimbo) y al movimiento Ríos Vivos Colombia”. Ella es Carolina Caycedo y el anterior es un fragmento perteneciente al texto Un cuerpo de agua, leído durante el performance.

La artista está presente en esta exposición con cuatro obras más: Yuma, o la Tierra de los Amigos, una impresión sobre acrílico que mezcla tres imágenes vía satélite del río Yuma —nombre ancestral del río Magdalena—; Mas allá del control, un registro de un performance realizado durante el día de la inauguración de la exposición; Yuma, Elwha y Yaqui, dibujos basados en los extractos de un texto titulado: Un cuerpo de agua; Costomotarrayas, compuesta de atarrayas tejidas y usadas por pescadoras y pescadores del río Yuma y materiales intervenidos por la artista; Yuma se come a Bolívar, un dibujo realizado el 19 de septiembre del año pasado por comunidades que han sido afectas por las represas en Colombia.

Las obras de Caycedo cuestionan las formas en que se han privatizado y desarrollado los proyectos de extracción minera en algunos ríos de Colombia, México, Estados Unidos, y las consecuencias que esto ha traído para las comunidades y la naturaleza. “Hay muchos efectos del extractivismo, pero estoy interesada en la desconexión que se genera entre el pensar y el hacer o el sentipensar: que significa pensar con el cuerpo”, menciona la artista.

Desde el arte, Caycedo se involucra en diferentes contextos, que a pesar de las fronteras están unidos. Los cuerpos de agua son su obra, los ríos, los océanos o la misma agua de la atmosfera. Si se lucha por uno de los ríos se debe luchar por todos. Un cuerpo de agua es la lectura de fragmentos del libro homónimo que guarda en sus páginas reflexiones realizadas por la artista, mitos e historias de personas que habitan los territorios que están siendo intervenidos con proyectos minero energéticos.

Para el performance Caycedo tomó tres fragmentos del libro, éstos representan las historias y los momentos por los que pasan tres ríos: el Elwha en Washington, Estados Unidos, que está en proceso de restauración, el Yuma o Magdalenda, en proceso de privatización y el río Yaqui en Sonora, México, cuyo cauce está seco. “Esos tres ríos están en momentos diferentes de la disputa, entonces quiero poner en diálogo esos tres momentos diferentes por los que están pasando y cómo se pueden encontrar”, agrega Caycedo.

En el espacio del Instituto de visión se organizaron en un círculo varios cojines, la artista invitó a los asistentes a sentarse y en el centro extendió una atarraya. Después comenzó a leer el primer fragmento, el del río Yuma:

“Nazco incesantemente todos los días, a cada segundo. Siempre en lo alto, donde el sol besa los páramos, donde las montañas forman un nodo y los manantiales se abrazan formando una estrella hídrica de donde nacen cinco ríos[…]Los recién llegados me exploraron, examinando cada centímetro de mi cuerpo, haciendo dibujos, cogiendo muestras, escribiéndolo todo, renombrando a las plantas y a los animales[…] Me rasgaron por dentro en busca de oro, me sentía encadenada, pisoteada, violada por ese intenso tráfico de barcas de vapor y de motor[…]Fui testigo de cómo la geometría de la extracción se llevó los sueños de mi gente.[…] Los sueños se detuvieron y los rituales también […]”

Caycedo lee el siguiente fragmento, perteneciente al Río Elwha en Estados Unidos.

“[…] ¿Y la gente dejó de soñar? y ¿se silenciaron los rituales? La gente del río empezó a perder su camino, hombres armados se paraban a vigilarme, capturando a los que estaban tratando de alimentar a sus familias, encerrando a los que protestaban frente a los cambios rápidos e incesantes. Mis aguas se volvieron a posesión de las industrias, por primera vez se prohibió la pesca en el río […].

Los que hacían parte del círculo escuchaban con atención. Caycedo se vinculó desde hace tres años al colectivo Descolonizando la Jagua en el Huila, donde también realiza las geocoreografías --que define como: “los gestos cotidianos intrínsecos a la geografía y al contexto social y ambiental, como pescar, bañarse en el río, cultivar o quedarse en casa cuando se está a punto de ser despojado”­--. “El cuerpo en los movimientos sociales ambientales de las Américas se usa como una herramienta política, los gestos cotidianos están siendo privatizados”, agrega Caycedo. Las geocoreografías es encarnar esta cotidianidad con una intención política como símbolo de resistencia.

“El primer y principal territorio es el cuerpo, mi cuerpo es una extensión del tuyo y aunque la parte baja de mi cuerpo está seca y su parte alta está artificialmente hinchada, todavía tengo esperanza, sigo soñando y siento el deseo de vivir. […] Sí, también tengo un alma, mi alma es la extensión de la tuya".

El anterior es uno de los fragmentos del río Yaqui en Sonora México. La artista antes había dicho que todos los cuerpos de agua están unidos y que sí se luchaba por uno, se lucha por todos. Cada fragmento aunque representara un río diferente y un lugar diferente, podría ser el mismo. “Cuando un proyecto extractivo como las represas, rompen el río, cambia su geografía y ya no hay donde encarnar el pensamiento, no puedes sentipensar y eso es lo más peligroso porque los conocimientos acumulados se pierden”, menciona.

Para la lectura de Atarraya el último fragmento, Caycedo, invitó a las personas que estaban sentadas en el círculo a que levantaran la atarraya y la siguieran tejiendo: cruzando los brazos, entre ellos, uno sobre el otro. Todos sostuvieron y tensaron la atarraya. Leyó partes de los testimonios de personas que participaron en una de las geocoreografías en Pitalito, Huila. Estas son algunas de las historias que fueron leídos por la artista:

“Me llamo Guaira Valentina soy defensora del macizo colombiano de San Agustín”/ “Mi nombre es Álvaro Cabrera vengo de La Jagua, soy un pescador artesanal, afectado por la represa del Quimbo y La Betania. Pertenezco a Asoquimbo y también a Ríos Vivos, soy defensor del río”/ “Soy Ángel Cardona docente del Colegio Nacional, pertenezco al movimiento ciudadano en defensa del territorio en Pitalito haciendo oposición a todos estos proyecto minero energéticos que tiene el gobierno/ “Soy Carolina Caicedo vengo de Los Ángeles, California, donde estamos sufriendo una sequía histórica, pertenezco al proceso Descolonizando la Jagua, a la Asociación de afectados por la represa del Quimbo (Asoquimbo) y al movimiento Ríos Vivos Colombia.[…]"


En el centro: Carolina Caycedo

Caycedo finaliza el performance mencionando las geocoreografías dice que éstas nos relacionan con lo humano y lo extrahumano como los ríos, los peces e imprimen una imagen viva del territorio, produciendo un movimiento expansivo del cuerpo individual y colectivo, dice que expandir el cuerpo contrarresta el miedo y el desplazamiento físico y psicológico producido por el desarrollo, agradece a los asistentes porque allí reunidos con los brazos cruzados los unos con los otros “están construyendo un cuerpo colectivo y tejiendo una atarraya en solidaridad con los pescadores y pescadoras”.

La exposición Entre caníbales tiene también obras de las artistas, Noemí Pérez, Laura Huertas y María Buenaventura. Juntas examinan las herramientas, consecuencias, y catástrofes de procesos de colonización sobre comunidades humanas y sobre  la naturaleza.

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