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Libros como obras

Cada vez más se impone en Colombia que colectivos de artistas produzcan publicaciones de gran calidad. Los editores tienen un espacio en ArtBo.

2015/09/16

Por Revista Arcadia

Contra todos los pronósticos, en medio de un mar de publicaciones digitales y en un mundo que parece destinado a verse reflejado en una pantalla de celular, el papel, los libros, la madera y los materiales austeros han tomado especial relevancia dentro del medio artístico nacional. Prueba de ello son la cantidad de catálogos, revistas, libros de artista, postales, afiches, fanzines y obras múltiples que se editan constantemente. Todos parecen haber entendido que sin esas piezas físicas pareciera que la memoria de lo realizado desaparece. También, de manera acelerada, toda la producción gráfica, el mundo del cómic, la novela gráfica, la historieta y la ilustración se han volcado hacia el terreno editorial con obras que empiezan a derribar las fronteras entre el arte y el diseño.

En 1998, por ejemplo, Nicolás Consuegra junto a Margarita García, Nadia Moreno, Mónica Páez, Jorge Sarmiento y Luisa Ungar se inventaron la Revista Asterisco, un proyecto artístico editorial autogestionado, que concibe la labor editorial como una producción colectiva mediante la cual buscan cuestionar nociones tradicionales de reproductibilidad, acceso y difusión de la imagen. Luego, artistas como Andrés Bustamante (Frix) se obstinaron en editar sus propios dibujos dentro de pequeños fanzines y así mismo moverlos en ferias de publicaciones independientes. Por su lado, Andrea Triana, con la colaboración de Kevin Mancera, fundó Jardín Publicaciones, una editorial dedicada a producir libros de artista y pequeños facsímiles con la obra de artistas contemporáneos. Lo propio hizo Manuel Kalmanovitz con una revista multitemática llamada Matera y así sucesivamente. Editoriales como La Silueta, Caín Press, Laguna Libros, Nómada y otros voltearon su mirada hacia la producción artística e innovaron dentro de ese formato que es el libro. Nada, una librería ubicada en Cine Tonalá, así como otras pequeñas tiendas y librerías de barrio, recogen la mayoría de esos títulos. Lo mismo pretende hacer la feria con la sección Libro de Artista, inaugurada el año pasado para celebrar los diez años de la feria, donde el público podrá encontrar un compendio de todas esas producciones, que han asumido riesgos en sus formatos, les han dado vital importancia a las tipografías que se utilizan, a la calidad de la impresión, a los acabados y a la encuadernación.

En gran medida, esa vuelta al oficio tradicional del editor, el gusto por las texturas del papel, la sensibilidad por las tintas y demás materiales justifican que se publiquen estas ediciones. “Nos gusta que cada libro tenga su detalle y en cada publicación nos inventamos algo nuevo. Por ejemplo, cuando hicimos el fanzine Hogar dulce hogar, no sabíamos que el pergamino que usamos en la carátula no absorbía la tinta”, explicaba Andrea Triana para un reportaje que hizo este mismo medio sobre el auge de las editoriales independientes en el país. Siete de estos sellos están reunidos bajo el ala de la distribuidora La Diligencia, que busca concentrar la operación comercial de estas editoriales, con un centenar de títulos disponibles en el mercado. ARTBO, además, hace énfasis en que estas publicaciones son en sí propuestas artísticas pensadas como obras de arte, de carácter múltiple y bajo la autoría de artistas interesados en el lenguaje, el dibujo y los experimentos con la gráfica.

Esta sección, al igual que Articularte y todo el espacio general de la feria, supone unos retos arquitectónicos enormes, que Antonio Yemail, fundador de Oficina Informal y uno de los arquitectos escogidos el año pasado para trabajar en la arquitectura efímera y el mobiliario de la feria, resume de la siguiente manera: “Este trabajo parte de dos premisas opuestas: el tiempo, que es muy corto, y la ocupación, ya que se trata de un área inmensa que hay que rellenar de forma limpia y eficaz”. Cuenta que se inauguró una tradición de comisionarles a esos arquitectos con una práctica propia y autónoma que dialogue con el creciente interés de artistas en usar las herramientas y formas de diseñadores y arquitectos. También comenta que fue clave asociarse con Tangrama, que ya tenía unas directrices gráficas claras que ayudaban en el proceso. u

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