Jim Amaral es un destacado artista visual proveniente de Pleasanton, Estados Unidos. Ha desarrollado su obra en Colombia desde 1957. Foto: León Darío Peláez.

Los mundos conocidos de Jim Amaral

Siete estudiosos del arte moderno escribieron una serie de ensayos sobre la obra y la trayectoria del artista a través de los años. Un nuevo libro reúne los textos para ilustrar el carácter diverso de Amaral.

2017/06/30

Por Daniella Tejada García

Una serie de ensayos escritos por estudiosos del arte moderno como Eduardo Serrano, Susan Aberth y Edward Sullivan armonizan un compendio de ideas sobre la vida y obra del artista colombiano Jim Amaral. El libro es una descripción de su recorrido por diferentes estéticas, técnicas e influencias. Algunas esculturas desproporcionadas, imágenes indisolubles y pinturas con figuras fálicas, expresan con viveza la naturaleza sexual del cuerpo humano sin tapujos.

Lleno de libertad y ligereza, Amaral cruza las fronteras del arte moderno, rompe cualquier límite y las barreras de lo establecido. Los expertos que escribieron para este volumen se inspiraron en sus pinturas, dibujos y esculturas que poseen un carácter socio histórico y que sirven de evidencia intercultural. Asimismo, comparan su obra con poesía visual, por el escenario consagratorio que ocupa el recorrido de Amaral en la historia del arte nacional. Son más de 300 páginas que hablan de una obra compleja que, más allá de permitirse el análisis de temas como la naturaleza y la grafía del cuerpo humano, explican su vínculo visceral como un eclecticismo propio de su trabajo.

Los ensayistas recalcan en este tomo que un mundo sin poesía y -sin arte- sería concebir un territorio empobrecido, opaco, afásico y predecible, y por eso, la obra de Amaral involucra al ser humano y vuelve su mirada hacia la imaginación. Amaral hace más que arte erótico. Su manera de comprender el mundo parte de una premisa importante: desmitificar la participación de las partes del cuerpo en el sexo. Entenderlas como ‘mundos conocidos’ que son necesarias dentro de un entorno natural no necesariamente erótico y/o sexual. Por ello, su obra está repleta de falos, ojos y dedos que se confunden entre sí y hacen parte de la obra como un mundo ya explorado, un ‘mundo conocido’.

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