'Paisajes emocionales'. Foto: cortesía Mahle Matallana.

Páramos que se derriten en magentas

La más reciente muestra fotográfica de Mahle Matallana estará del 28 al 30 de octubre en Casa Cubil, otra de las exposiciones satélites de ARTBO. Hablamos con la artista.

2016/10/25

Por Sergio Rodríguez

En Paisajes emocionales Mahle Matallana retrata el páramo de Chingaza que deja de ser verde, amarillo y azulado para llenarse de magentas, aguamarinas, ocres, blancos y uno que otro azul que vibran entre ellos como si se tratara de una pintura fauvista. A los colores se le superpone una bruma inmensa, propia de este ecosistema, que recrea esa sensación de soledad y misticismo que tienen esos frailejones y pastos paramunos.

¿Por qué los páramos y por qué esos colores?

El páramo es uno de los lugares más alucinantes que hay sobre la faz de la tierra. Cuando llego allá realmente me conecto desde el corazón. Para mí la naturaleza representa el todo y el mismo ser humano, y existe una relación, casi artificial, que se genera entre lo que somos nosotros y lo que es la naturaleza. Por eso el color artificial, pero es un traductor de lo que puedo sentir con relación a ese lugar. Creo que no es una coincidencia, para mí ese color representa una vibración muy alta, no sé si de un sentimiento de la tierra. Siempre me han gustado los colores supervibrantes, mi obra anterior es superneón, pero con relación a la tierra es como ese lenguaje que encuentro y representa lo que siento, no es simplemente ese lugar sino lo que yo siento por ese lugar. De pronto por eso los magentas, aunque no sé si sea muy magenta, pero sí lo veo así. Eso es lo que siento, ni siquiera se puede expresar en palabras porque parece que se reduce el significado, entonce las imágenes de verdad que traducen mucho más.


Foto: Mahle Matallana.

¿Por qué llega a Chingaza y decide retratarlo?

He ido varias veces a páramos y siempre me han parecido alucinantes y Chingaza es un lugar muy especial. . Llegué por un amigo, que es botánico. Es un recorrido en el que uno está relacionándose directamente con la tierra y el agua de uno, la que llega a Bogotá. Es una nota. Soy costeña y me identifico mucho con las montañas de acá. Vivo hace mucho tiempo acá y el páramo es lo más cercano al mar, porque uno llega allá y esos frailejones parecen corales, no sé es muy extraño.

¿Qué paisajistas la han influenciado para realizar esta serie?

Hay fotógrafos que han utilizado el infrarrojo para hacer paisajismo con colores así. Mi influencia pictórica fue de los fauvistas y Braque, que tienen unos paisajes llenos de colores que parecen derretirse y eso fue realmente inspiración para las fotos, más que los románticos como Turner o Caspar David. Por ejemplo, Braque tiene paisajes que son como amarillos y de repente aparece el verde y todo se empieza a derretir, eso era lo que quería lograr a nivel fotográfico, aunque es difícil llegar a esa abstracción que tiene la pintura.

¿Cómo fue el proceso?

En cada viaje que hago tomo fotos del páramo, pero es importante en el páramo el agua. Dentro de las fotos hay, particularmente, mucha niebla y creo que eso ayuda a que sea aún más místico, aún más romántico, aún más misterioso el paisaje. Cada vez que voy es diferente y particularmente busco que sea lo más húmedo posible. Y la posproducción me toma un tiempo, pero no mucho. Hay unas que tienen más tiempo que otras, para lograr precisión en ciertos colores. No es tan fácil porque algunas tienen unos detalles particulares. Hay todo un espectro de colores, no solo el magenta, los rosados, sino también verdes aguamarina. Cada cosa quería que tuviera vida propia, que cada musgo y cada piedra.


Foto: Mahle Matallana.

¿A qué invita a reflexionar al espectador con esta serie de fotografías?

Siempre he trabajado la relación entre las personas y los objetos, pero quizás siento que últimamente para mí es una necesidad acercarme más a la naturaleza, y tal vez de todo el mundo, porque nos alejamos cada vez más. Sobre todo de algo tan vasto como el páramo, por qué no evidenciar eso de la manera cómo yo lo veo. Entonces dije, voy a hacer algo diferente. No hay ningún personaje, pero está el color y evidencia que hay un personaje que está interviniendo. Creo que nos alienamos cada vez más de todo lo que nos rodea, hasta de nosotros mismos y por supuesto acceder a la naturaleza viviendo en un medio urbano es difícil porque estamos alejándonos constantemente de ella.

*

"Hay gente que me pregunta: ‘¿cómo hiciste las fotos?‘, ‘¿el lugar es de ese color?‘, y es como ‘¡claro que no!‘, a veces les digo que donde tomé las fotos eché unos tintes ecológicos solamente ahí y la gente es: ‘¿en serio?‘ Obvio que no. Quería que el color, así fuera artificial, pareciera real. Uno nunca va a ver esto en la realidad, pero si tú lo ves parece de verdad. Voy jugando, lo que quería era crear contrastes entre colores, porque como te digo mi obra es muy colorida. Con el color lo que quería lograr era: sí, es artificial. Es rojo. La vida no es así... pero se siente en las fotos que sí lo es. Eso es lo importante, que se sienta que es real por más que sea artificial".

Nota: Casa Cubil está ubicada en la Carrera 17 No. 39-11, en Teusaquillo, Bogotá.

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