RevistaArcadia.com

¿Mao tuvo la culpa?

Obras retiradas, estudios saqueados, advertencias del gobierno: la libertad de expresión en China está lejos de ser una realidad. Gao Qiang y Gao Zhen, más conocidos como los Gao Brothers, se las han ingeniado para mostrar sus obras y convertirse en los artistas contemporáneos chinos más conocidos en Occidente.

2010/03/15

Por María Alejandra Pautassi

A pesar de las controversias, los Gao Brothers, los artistas contemporáneos chinos que más han dado de qué hablar en los últimos años, tienen motivos para celebrar. A finales de septiembre unas cuantas personas del distrito 798, el de los estudios y las galerías de arte en Beijing, recibieron invitaciones para la más reciente exposición de los hermanos –una fiesta–. El motivo: una muestra de Mao’s Guilt, su última escultura, en la que aparece un Mao envejecido, arrodillado y con una mano en el corazón; “un Mao más humano”, según dijo Qiang, el mayor, a la prensa; y un Mao que seguramente les traería problemas con las autoridades chinas, como ha ocurrido en los últimos 20 años. La tarjeta no tenía dirección, el lugar exacto donde la muestra se llevaría a cabo les llegó a los invitados en un mensaje de texto horas antes y en la entrada los esperaba un par de guardias encargados de no dejar pasar a quienes no estaban invitados.

La historia de éxito de los Gao Brothers siempre ha ido de la mano con la censura, y es una historia que inició en 1989 durante la Exposición de la China National Art Gallery, la primera exposición de arte contemporáneo después de la muerte de Mao. El público chino vería por primera desnudos –hasta entonces considerados absurdos, humillantes y símbolo de pobreza–, arte que se alejaba del tradicional “realismo nacionalista” que imperó durante la Revolución Cultural, y obras que hablaban de la contradictoria realidad nacional después de la entrada del capitalismo. Los Gao debutaron con Mass Media o Inflationism, una instalación inflable que representaba el órgano sexual de un hermafrodita y que confrontaba de una manera bastante chocante al espectador con el milenario tabú chino de lo corporal.

La exposición no sólo fue un hito en la historia del arte contemporáneo chino, sino que marcó el comienzo de la exitosa carrera de los Gao Brothers y de su tormentosa historia con las autoridades. Poco después les quitarían su pasaporte (no contentos con el escándalo que causó Inflationism, apoyaron abiertamente al escritor Weng Jingshen, del Movimiento Democrático en China) y, desde entonces, quedaron fichados: en los últimos años el gobierno ha censurado y retirado varias de sus obras, lo habitual es que un día después de inaugurar sus exposiciones les cierren el estudio, y de un tiempo para acá siempre hay guardias a la entrada de sus exposiciones.

Una historia de vetos, censuras y tácticas de guerrilla

Los límites de la censura en China no están bien definidos. No sólo por la lenta y atropellada entrada del capitalismo, sino porque el gobierno considera que el arte contemporáneo es un bien de exportación que hace ver a China como el país moderno que quiere proyectar. Permiten desnudos, imágenes de sangre y de cuerpos desmembrados, incluso excrementos –algo impensable a finales de los ochenta–, pero siguen censurando expresiones más arriesgadas como el shock art y, en palabras de los Gao: “todo lo que critica al gobierno y a la sociedad”. Como en sus obras los límites entre lo uno y lo otro se desdibujan, durante 20 años han estado en un incómodo limbo entre lo legal y lo ilegal.

El gobierno, por ejemplo, no los dejó salir del país en el 2001, aunque tuvieran una invitación a la Bienal de Venecia. La obra que habían preparado para la ocasión, la primera versión de The Hug (El abrazo), era un performance en que cientos de desconocidos se abrazaban por 20 minutos: un gesto masivo y de resistencia en la misma línea de obras como Sense of Space, del 2000, y The forever unfinished building, del 2002. Aunque a primera vista no parecía una obra política, el gobierno tenía razones para estar prevenido. Después del régimen y la sangrienta Revolución Cultural de Mao, cualquier acto de humanidad sigue siendo sospechoso, especialmente viniendo de alguien con una historia de trasgresiones como la de los Gao. En palabras de Lina López, su galerista en París, en la China actual “lo humanista es indisociable de lo político, y la ironía y el humor son una reacción a la época de la Revolución Cultural”. Se las arreglaron de todas maneras para mostrar la obra: realizaron la acción en Jinan y la mostraron en Venecia vía internet.

En marzo del 2006 siete funcionarios del Ministerio de Cultura y Servicios de Seguridad entraron a la Exposición “Ash Red” y retiraron una veintena de obras por considerarlas “inapropiadas”. Entre ellas estaba, por ejemplo, la pintura Memory pierced by a bullet (Memoria atravesada por una bala), en la que se ve La Plaza de Tianamen a través de del hueco que ha dejado una bala en una mano. Sacaron, según cuentan los hermanos hoy, todo lo relacionado con Mao y con la Matanza que se había llevado a cabo hacía más de 20 años en la Plaza de Tianamen. Retiraron los catálogos de la muestra y cancelaron las entrevistas que los hermanos ya habían agendado con la prensa y la radio.

De China con amor

Mao’s Guilt no es la primera obra en la que los hermanos usan la imagen de Mao para hablar de los problemas de China y su sociedad. En Ruinas, una fotografía de 1998, se ve cómo una moneda (símbolo del capitalismo) destruye un retrato de Mao —un retrato de Mao y todo el legado de su revolución—. En el 2000 mostraron por primera vez Instalación en Tianamen, en la que a medida que el espectador pasa por debajo de La Puerta de la Paz Celeste, el retrato desportillado de Mao se ve cada vez más pequeño. Y desde el 2005 han producido cientos de esculturas de Mao en plata y fibra para su famosa serie “Miss Mao”, una parodia en el sentido más estricto de lo grotesco. En ellas El Gran Timonel tiene las extremidades hinchadas, senos, es transformista o aparece en distintas posiciones sexuales.

“En el 2006, poco después de que la creáramos –cuentan los hermanos–, nos llegó una carta del Gobierno que aún tenemos guardada. Habían visto la obra en la página web de una muestra que habíamos hecho en Londres y nos informaron que Miss Mao nunca podía mostrarse en China. Por eso, cada vez que hacemos una exposición aquí y les preguntamos a los curadores y a las galerías que si quieren que la mostremos, siempre nos responden: ‘Pues claro que no. Esa obra está prohibida’”.

Pero aunque Miss Mao no es muy conocida en China y quienes la han visto consideran que es el peor trabajo de los hermanos (demasiado explícita, “chillona”, como dijo un estudiante de arte chino a la prensa británica hace unos años), paradójicamente se ha convertido en su tarjeta de presentación de en Occidente. En el Kandinsky Price de Moscú en el 2008, el premio de arte joven más prestigioso en Rusia, por ejemplo, los Gao realizaron un performance en el que rompían una de sus controvertidas esculturas con un martillo. Los hermanos habían puesto la cabeza de Lenin adentro del busto inflado de Mao, y adentro de la cabeza de Lenin (que debía romper un ruso del público) estaba la cabeza de la muerte: una perversa matruska que los hermanos habían preparado para sus colegas rusos.

Debido a las prohibiciones y la censura, en China, la historia es muy distinta. Poco antes de los Juegos Olímpicos del 2008 un funcionario del gobierno se pasó por el estudio de los Gao y les advirtió que “se aseguren de hacer las cosas bien”. A pesar de la advertencia, dos guardias vigilaron la entrada de su estudio durante los juegos. “Estaban preocupados de que vieran trabajos nuestros como Miss Mao”. Y aunque no hablan mucho del asunto, algo similar debió ocurrir en las celebraciones de la República Popular de China en octubre. “Ese día Gao Kiang fue a Wangfijing, uno de los lugares más populosos de Beijing, y no vio nada. Todo estaba absolutamente vacío”. Una manera de decir República no tiene nada de popular y que las celebraciones no tenían nada que ver con la gente.

Si tienen tantos problemas para exponer en China, entonces, ¿por qué no salen del país. “Nos quedamos porque necesitamos entender a China y a los chinos”, dicen los hermanos. “Nuestro trabajo siempre habla de los cambios en nuestra sociedad y queremos que nuestro trabajo los impulsen”. Y en la muestra de Mao’s Guilt, en la secreta fiesta de septiembre, celebraron un giro en su obra. “Nuestro arte siempre servirá para hablar de los problemas en China y en nuestra sociedad. Pero no seguiremos usando a Mao como figura central para mostrar esos problemas”. En China, después de todo, se sienten los aires de cambio, otro ventarrón, como los muchos que ha habido en los últimos 20 años.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.