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Más sí es más

Con relación al artículo publicado en la pasada edición de Arcadia “Cuando más es menos”, de María Belén Sáez de Ibarra, la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura responde en este texto a algunas aseveraciones con las que no están de acuerdo.

2010/07/30

Por Clarisa Ruiz

Subrayamos la importancia de contar con el interés por divulgar y debatir en Arcadia el programa de fomento al arte contemporáneo de mayor continuidad en Colombia. Mucho más por tratarse de lo público. Por ello sería deseable realizar una reflexión más documentada y compleja sobre los temas de la política para el campo artístico, antes de proferir acusaciones graves como la de “fraude descarado” sobre un programa en el cual participaron, durante dos años, numerosas instituciones y artistas, como lo dice María Belén Sáez de Ibarra en el artículo Cuando más es menos en su edición de enero.

Seguramente el Salón Nacional de Artistas deja aprendizajes para el futuro, pero su versión 41 respondió con calidad y responsabilidad al reto de celebrar un certamen relacionado con los procesos de una gran ciudad y su medio artístico. La política pública cultural requiere algo más que afirmaciones reduccionistas y simplificadoras de la responsabilidad, la autonomía y la concertación que demanda cualquier acción desde los ámbitos culturales.

El Salón, desde su creación, ha logrado incluir transformaciones que buscan conectarlo con los cambios de las prácticas y con el pensamiento cultural actual. En 2004 se iniciaron transformaciones enfocadas en montar procesos más que eventos, apuntando a fortalecer los vínculos interculturales y “las relaciones de las corrientes universales de las artes plásticas al mapa regional” (B. González parafraseando a Eduardo Posada Carbó).

Estas acciones demandan procesos, concertación, mayores inversiones y continuidad. El Programa, aparte de su puesta en público, se constituye en un momento de reflexión sobre la creación, investigación y pedagogía de las artes visuales.

Hace cuatro años, siguiendo.recomendaciones de agentes culturales, se suprimieron los premios, se convocó a propuestas de investigación curatorial, se apoyaron formas alternas de exhibición, se inició un premio de crítica y los laboratorios de investigación-creación. Estos ponen en diálogo a artistas y docentes de diferentes regiones del país en encuentros de trabajo práctico y teórico. La gestión y concertación se hace a través de Comités Regionales, con el ánimo de incentivar una labor autónoma y pertinente en cada región. Con este esquema no hay fraude posible, menos cuando las inversiones por parte de lo público han sido cotejadas en consejos, comités, foros y organismos de control.

El artículo afirma, con absoluta ligereza, que todo lo realizado en el marco de las investigaciones curatoriales es un disfraz que esconde la permanencia del modelo anterior. No ignoramos que la transición de un modelo a otro supone grandes y progresivos desplazamientos en muchos planos, así como tiempo y dedicación, por eso conviene aclarar algunos puntos:

La experiencia investigativa y curatorial se aprende también desde su ejercicio en el territorio mismo y atendiendo a una gran diversidad de problemas y necesidades locales, sin referenciarse con un modelo único o ideales. Ese aprendizaje ha servido a muchos participantes de las becas para seguir desarrollando acciones en sus territorios. En términos de política pública, el Ministerio pretende incentivar lecturas locales y configurar colectivos que puedan continuar trabajando con el ánimo de dinamizar el campo cultural local.

El artículo afirma que las investigaciones se desarrollan “en un mes, poco más, poco menos”. Es preciso aclarar que el proceso en el 2007 contó con cinco meses para formular proyectos y siete para desarrollarlos. En el 2008 se dispuso de seis meses para formularlos y de diez para su desarrollo. (Ver convocatoria en www.salonesdeartistas.com). Lo que sí carece de investigación y documentación es el desconocimiento de la amplia actividad que desarrollan los equipos a lo largo de más de un año. Muchos desarrollan procesos formativos, otros celebran encuentros, debates y vínculos con las universidades, casi todos establecen una continua relación con los artistas y producen publicaciones. Es irresponsable ignorar lo realizado por colectivos como Mal de Ojo, grupo que desarrolló múltiples acciones en el Caribe.

Con respecto a costos y tamaño del Salón, la participación del Ministerio en el proceso fue la de un promotor dentro de una suma de instituciones culturales, encabezadas por Proartes y la Secretaría de Cultura de Cali. La labor del Ministerio se centró en propiciar una descentralización responsable, considerando el interés de los artistas y otros estamentos de la ciudad por fortalecer capacidades locales y desde el deseo de una presencia de artistas y producciones de calidad. ¿Cómo denominar costosa la movilización de Cali y sus organizaciones y artistas? La cultura merece aún más.

La inversión en los Salones será siempre insuficiente para las necesidades, sobre todo considerando gran parte del país donde se produce arte sin inversión y fomento continuado por parte de la institucionalidad cultural para apoyar su sostenibilidad. Las inversiones públicas han estado dirigidas a propiciar encuentros de docentes, artistas y públicos, son acciones plenas de vitalidad y proyección cultural.

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