Foto: Ana Vallejo.

Ensayo contra la ceguera

La idea de subvertir el eslogan de ‘Antioquia la más educada’, le ha dado paso a una obra que quiere preguntarse por el acceso a la información y los verdaderos alcances de las bibliotecas públicas.

2015/10/23

Era 2013 y en la terraza del Museo de Antioquia estaba la palabra —el gesto, el símbolo, la provocación— en letras rojas mayúsculas: HANTIOQUIA. Fernando Arias —Armenia, Quindío, 1963—, el artista, se hizo pasar como periodista en el Parque Botero y le preguntó a la gente qué opinaba. Se encontró con indignados, sorprendidos, ignorantes, malabaristas de la palabra: uno de todos, dijo que hace mucho tiempo la palabra se escribía así, con hache, pero que se le borró la letra para que no fuera tan demorado escribirla. Para ese encuentro, que se llamó Antioquias, la parte expositiva de la obra de Fernando fue Humanos derechos: estatuillas de soldados que se desnudaban; fotos de soldados que se desnudaban.

Para el MDE15, Arias sigue explorando el conflicto armado y con su obra tratará de mostrar qué hay detrás de la búsqueda de verdad de las víctimas. Desde Nuquí, Chocó, donde pasa gran parte del año trabajando para su fundación Más Arte Más Acción, Fernando habla del MDE y de lo que representa para Medellín.

Hace unos años estuvo en el Museo con Hantioquia y Humanos derechos, exposición que fue muy polémica. ¿Qué le interesa de esta región, de Medellín?

Esa exposición se llamó Antioquias y los curadores querían reflexionar sobre cómo se miran esos referentes que hablan sobre la cultura antioqueña. Ellos me invitaron, porque soy de Armenia, donde hay una fuerte influencia de este departamento. Pero no es que yo esté personalmente interesado en la cultura como tal, sino en las cuestiones sociales en general. Me interesa mucho la ceguera colectiva. En esa exposición, la ceguera se llevó a nivel de la sordera colectiva, porque no escuchamos, de hecho, eso es lo que más o menos quería representar con Antioquias. Hay ahí un juego, un humor negro de todo esto que se está dando con las bibliotecas en Antioquia, con Antioquia la Más Educada, esos imaginarios en los que nos montamos y que no coinciden enteramente con la realidad, sino que son fabricados por los políticos para venderlos a la sociedad. Creo que de eso se trata el MDE15, una reflexión sobre la nueva imagen de Medellín, eso que hablan los alcaldes por todas las ciudades del mundo, diciendo que Medellín es el nuevo referente, que es la ciudad más educada e innovadora. Creo que la idea de los curadores era invitar a los artistas a que reflexionaran en lo que hay detrás de eso. Para Antioquias, el proceso curatorial era más o menos lo mismo. Escribí HANTIOQUIA, lo llamé error de concepto o elogio a la sordera colectiva, porque la hache no suena, obviamente. Era una cosa entre humor y crítica, pero sobre todo una crítica a esa sociedad tan arraigada y que se considera la mejor, y yo me cuento dentro de esa herencia. A veces las cosas tan simples destapan más capas; eso levantó polvo y muchos escribieron al respecto. Hice un video, entrevisté gente del parque y le preguntaba qué pensaba. Los comentarios eran increíbles.

¿Qué espera del MDE, de volver a trabajar en Medellín...?

Medellín es una ciudad convulsa, eso hace que los artistas, los curadores, el Museo, la gente que trabaja en la cultura necesite organizar este tipo de eventos como el MDE, que hablan sobre la sociedad en sí, que la reflexionan, que traen artistas a que piensen la realidad. Creo que esa es la condición; siendo Medellín una sociedad tan llena de problemáticas, el arte se detiene a reflexionar.

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Usted es crítico del supuesto acceso a la información. En ese sentido, ¿cuál es su crítica de fondo a esa Medellín educada que se promueve tanto?

Para este MDE15, el concepto curatorial hablaba mucho sobre la construcción de las bibliotecas, de todos estos centros sociales y de educación. Buscaban sobre lo que verdaderamente significan para Medellín, y dentro de mi línea de trabajo, que es tergiversar un poco las cosas, pensé que sería bueno hacerlo con una biblioteca importante como la Biblioteca Pública Piloto, y tomar todos los libros y voltearlos y que no se vieran los lomos, o sea, que no tienes acceso y lo único que queda es un revés de información. Ese sería mi comentario a la falta de información de los colombianos. Para ese evento, que será de dos días, voy a hacer un audio, pues me llamó mucho la atención que en estas bibliotecas hay unos salones donde las víctimas van a hurgar en los archivos de los periódicos para encontrar los hechos o las masacres en las que murieron sus familiares, y hay un silencio muy sepulcral, bastante triste, porque mucha de esta gente no encuentra información, no hay esa verdad de la que tanto se habla. Pero el sonido que voy a grabar es el de esta gente pasando las páginas de esos periódicos, y eso sonará en la biblioteca.

¿Tiene algo qué ver esta obra con el momento histórico que está viviendo el país?

Era un historia que andaba en mi cabeza porque ya había visitado las bibliotecas de Medellín. En la época de Antioquias yo había pensado mucho sobre este tema, estaba dentro de mí pero todavía no lo había solucionado. Este es un intento de comentario, de crítica a este proceso de paz, porque son tantas las víctimas, pero muy pocas tienen acceso a esa información, muy pocas saben la verdad.

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Ante la internacionalización del arte colombiano, ¿usted cree que ha tenido alguna incidencia el arte en nuestra realidad?

El arte ha generado pensamiento alrededor de este tema, reflexiones, pero nunca va a generar un cambio inmediato; puede generar mecanismos para que algunas personas traten de cambiar su entorno y eso, pero soy muy escéptico de pensar que el arte va a arreglar algo en la práctica. Puede crear conciencia, sensibilizar a algunas personas, puede que algo de todo eso suceda. Ahora hay muchos artistas que no se pueden separar de esa realidad y eso es lo que alimenta lo que hacen, y yo me cuento dentro de ellos. No todos, pero sí hay muchos artistas que están tratando de reflexionar, porque no tenemos de otra.

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