'Pelucas', Mónica Restrepo. Galería Jeny Vilá.

Ojalá Cali sí

Visto desde afuera, existe el consenso de que, antes que Medellín y después de Bogotá, Cali es la segunda ciudad más importante del país para las artes plásticas.

2014/10/17

Por Juan Sebastián Ramírez*Cali

En un pasado lejano esta percepción se debía, en buena parte, a una serie de eventos artísticos importantes que se realizaban en la ciudad como el Festival Nacional de Arte (1961-1970), el Festival de Arte de Vanguardia (1965-1969) y la Bienal Americana de Arte Graficas (1971-1986) del Museo de Arte Moderno La Tertulia. Súmese a esto que por ese entonces se fundó Ciudad Solar, considerado el primer espacio independiente en Colombia y que la ciudad se adelantaría a Medellín y Bogotá en la construcción de una sede permanente para su museo de arte moderno.

 Por desgracia, estas son historias del pasado y la situación actual es bien diferente. No obstante, Cali mantiene su posición como segunda ciudad dentro del arte nacional, pese a que actualmente Medellín la aventaja en cuanto a la fortaleza de sus museos y -si exceptuamos a Lugar A Dudas- en la oferta de espacios independientes. Hoy en día su posicionamiento ya no se debe a sus instituciones, ni a su oferta expositiva sino a que muchos artistas consagrados e importantes dentro la historia del arte nacional provienen de la ciudad o se formaron en esta, como son los casos de Pedro Alcántara, Ever Astudillo, Alicia Barney, Wilson Díaz, Danilo Dueñas, Fernell Franco, Elías Heim, Maripaz Jaramillo, José Horacio Martínez, Juan Mejía, Oscar Muñoz, Luis Roldán,  Rosemberg Sandoval y Pablo Van Wong, entre otros.

 Resulta sintomático del presente débil panorama institucional que, a pesar del reconocimiento que estos artistas gozan, solo en contadas excepciones es posible ver en Cali un potente despliegue de su obra. Lo usual es que solo se vean piezas sueltas en exposiciones de muy limitado alcance. Curiosamente, en años recientes, dos de estas excepciones, las retrospectivas Protografías de Oscar Muñoz y Master/Copy: Juan y Wilson [1995-1998] del trabajo que realizaron Juan Mejía y Wilson Díaz, se originaron en Bogotá y posteriormente estuvieron en Cali. Resulta igualmente problemático, desde una mirada institucional, que el único evento artístico de trascendencia nacional, el Festival de Performance de Cali (1997- ¿?), sea organizado no por una institución sino por Helena Producciones, un colectivo autogestionado de artistas.

 De mantenerse el actual panorama, existe la posibilidad de que, en un futuro no muy lejano, Cali terminará perdiendo esta condición de periferia privilegiada dentro del  arte nacional. Su lugar sería ocupado por ciudades como Medellín y Cartagena, que actualmente están apostando con fuerza por ese lugar. La posibilidad de este (terrible) desenlace, justo ahora cuando por fin el arte colombiano está entrando en una fase de internacionalización, se explica de varias maneras. Por una parte los artistas arriba mencionados ya están entrados en años y, en el caso de los más jóvenes, llegará el momento cuando sus prácticas de por sí ya inscritas en una historia del arte nacional completen su ciclo de historización y cesen de corresponder a lo que se considere un "arte actual". Además, de la mano de la globalización ha cambiado la noción de lo local. Bajo este cambio de paradigma muchos de los "artistas caleños" cuya producción justifica hoy la posición de la ciudad realmente no son caleños. Los artistas locales son los que producen en la ciudad y es ahí donde la situación se vuelve crítica pues en Cali no existen políticas de fortalecimiento del campo artístico local, haciendo extremadamente difícil que se produzca un relevo generacional.

 Desde los entes del gobierno local no existe un apoyo real pues su política cultural se limita solo a los llamados "indicadores de asistencia", dirigiendo casi la totalidad de sus recursos a eventos masivos, frente a los cuales las artes plásticas no pueden competir. En consecuencia, los recursos destinados a las instituciones son mínimos y los destinados a los demás agentes del campo (artistas, curadores, investigadores, gestores) son nulos. Por su parte, la mayoría de las instituciones permanecen arraigadas en una política cultural de antaño en la que se ven a sí mismas como prestadoras de servicios más nunca como agentes transformadores del campo. Mientras en ciudades como Bogotá y Medellín, desde hace al menos una década, para la mayoría de las instituciones la profesionalización del campo se ha vuelto una preocupación, en Cali este salto parece que aún está por darse. La realidad es que lo que las instituciones locales llaman promoción del arte no se traduce en el fortalecimiento de la escena local. Por el contrario, sus políticas de austeridad unidas a una serie de prácticas non sanctas, han terminado instaurando lo que puede denominarse como una "política sistemática de precarización del campo artístico local".

 Cuando no existe un mercado local, ni una política institucional, la posibilidad de un relevo generacional queda en entredicho. No solo se están inhibiendo las posibilidades de producción, circulación e investigación de la mayoría sino que se están depositando las esperanzas en la capacidad de aguante económico de unos pocos. Así pues no sorprende que haya una constante fuga de talentos, la cual se evidencia en el profundo vacío generacional de artistas entre los 30 y 45 años. Verónica Lehner, Ana María Millán, Bernardo Ortiz, Alex Rodríguez y Giovanni Vargas, simplemente en algún momento tuvieron la certeza que su carrera artística no sería viable en Cali y prefirieron emigrar. Lo más preocupante es que, por ahora, no se vislumbra un cambio en las condiciones por las que pudieran decidir volver a instalarse en la ciudad.

 A pesar de esto, por fortuna, al menos por ahora, Herlyng Ferla, Éricka Flórez, Adrián Gaitán, Mónica Restrepo y Juan David Velásquez se empeñan tercamente en producir desde Cali. Sin embargo, la pregunta es: ¿por cuánto tiempo?

 

 

 

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