El Museo del Caribe / Foto: Harold Lozada.
  • Una panorámica del Parque, y abajo, un render del Museo de Arte Moderno.

El Parque Cultural del Caribe, un proyecto de largo aliento

En 1999, durante un almuerzo entre Gustavo Bell, Gabriel García Márquez y Julio Mario Santo Domingo, se empezó a materializar uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos de Barranquilla: el Parque Cultural del Caribe, un espacio de 22.000 m2 donde pronto se inaugurará el nuevo Museo de Arte Moderno de la ciudad.

2015/12/11

Por Joaquín Mattos Omar* Barranquilla

No es casualidad que el Parque Cultural del Caribe se halle a pocos metros del restaurado palacio republicano de la antigua Administración de la Aduana de Barranquilla. Incluso, “la idea era integrar los dos proyectos mediante un puente peatonal que simbolizara la unión de la edificación más emblemática del siglo XX de la ciudad, como lo es la de la Aduana, con la más emblemática del siglo XXI, como quiere ser el Parque Cultural del Caribe en su conjunto”, dice Gustavo Bell Lemus, el hombre que concibió y lideró la realización de estas dos obras.

De hecho, el proceso de revitalización y renovación del centro histórico de Barranquilla, del que el Parque Cultural hace parte, comenzó con la restauración del edificio de la Aduana, a comienzos de la década de los noventa. Desde entonces, allí funciona con éxito un centro cultural administrado por la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta (Clena), que comprende una biblioteca pública, un archivo histórico, un auditorio, una galería de arte y una pinacoteca, entre otros servicios. Pero si el proyecto de la Aduana se ejecutó en apenas tres años, entre 1992 y 1994, durante el periodo en que Gustavo Bell fue gobernador del Atlántico, el del Parque Cultural del Caribe, como dice Carmen Arévalo, su anterior directora ejecutiva, “ha sido todo un parto”.

La iniciativa arrancó a la llegada de Bell a la Vicepresidencia de la República, en 1998. El dirigente e historiador barranquillero, que había quedado con el deseo insatisfecho de que el centro cultural de la Aduana incluyese un museo interactivo de ciencia y tecnología, y que sabía, además, de la necesidad del Museo de Arte Moderno de Barranquilla y de la Cinemateca del Caribe (instituciones fundadas en 1974 y 1986, respectivamente) de contar con sedes propias y adecuadas, pensó que era una buena oportunidad para reunir esos tres proyectos en uno solo y acometer su realización desde su influyente posición. “Le hablé al presidente Andrés Pastrana del proyecto, le dije que deseaba que fuera un legado a la región de mi paso por la Vicepresidencia y que por lo tanto requería de su decidido apoyo, algo que dio en todo momento”, dice.

El 31 de diciembre de aquel mismo año convocó en Barranquilla a los representantes de distintas entidades culturales, a académicos y líderes gremiales de la ciudad con el fin de plantearles la idea. Como resultado, se conformó un comité de coordinación y apoyo para el proyecto.

En marzo de 1999, viajó a Nueva York en una misión gubernamental y coincidió allí con García Márquez, a quien ya le había hablado del proyecto en Cartagena, y con el científico Rodolfo Llinás. Visitó con ellos el Liberty Science Center, en New Jersey, un museo que respondía al modelo que él tenía en mente. Al día siguiente, fue a almorzar con García Márquez al apartamento de Julio Mario Santo Domingo en Manhattan. Bell recuerda: “Durante el almuerzo hablamos del proyecto, sobre el cual Santo Domingo ya estaba enterado por intermedio de su sobrino Pablo Gabriel Obregón, de modo que ya sabía de nuestro interés por el lote de propiedad de su familia, que a mí me parecía ideal para su construcción, por su cercanía con el edificio de la Aduana, pues permitiría complementar el proyecto de la Clena y consolidar la recuperación de la zona. —Y añade—: Gabo expresó allí su entusiasmo y respaldo”.

Santo Domingo se comprometió a estudiar la propuesta de la donación del lote y citó a Gustavo Bell a una reunión posterior en su oficina. Allí, pudo exponerle con más detalles el proyecto. Al salir de aquella reunión, el entonces vicepresidente tenía ya un lugar firme y de 22.000 metros cuadrados para su sueño.

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Al formular en definitiva el proyecto, se resolvió que sería un complejo cultural conformado por el Museo del Caribe —que sería su componente central—, el Museo de Arte Moderno de Barranquilla (MAMB), la Cinemateca del Caribe y una plaza pública. Asimismo, cuando se definió el contenido conceptual del Museo, este se estructuró en tres elementos: historia, cultura y medioambiente de la región. Se invitó entonces a 50 investigadores y creadores de distintas disciplinas para que escribieran ensayos que sirvieran de insumo para el guion museológico. Cumplida esta etapa y elaborado el guion, se convocó a un concurso internacional para escoger el proyecto arquitectónico. La propuesta ganadora fue la del reconocido arquitecto barranquillero Giancarlo Mazzanti.


Render del Museo de Arte Moderno. / Cortesía Parque Cultural el Caribe

Al mismo tiempo, se había puesto en marcha la gestión más difícil: la consecución de los recursos financieros. Para tal fin, se conformó un equipo de trabajo a cargo de la Vicepresidencia de la República y encabezado por Janeth Osorio, con el que trabajaron entidades como el Departamento Nacional de Planeación, el Ministerio de Cultura, Fonade, el Fondo de Regalías, la Clena, la Cámara de Comercio de Barranquilla, la Gobernación del Atlántico y luego la Alcaldía Distrital. Más tarde, en abril de 2000, se nombró a Marcela Blanco Lara como gerente del proyecto. Y en 2002 se creó la Corporación Parque Cultural del Caribe, que ha tenido sucesivamente como directoras ejecutivas a Lucía Ruiz, Carmen Arévalo y María Eulalia Arteta, quien ejerce el cargo en la actualidad.

El Parque Cultural se ha venido construyendo por etapas y subetapas, arduamente. Ha sido una prueba de largo aliento para sus gestores. Gustavo Bell recuerda que hubo periodos muy duros en que el proyecto estuvo al borde de su parálisis total. “Es muy difícil conseguir recursos para la cultura”, explica María Eulalia Arteta.

Un decenio después de su concepción y formulación, se inauguró, por fin, el 24 de abril de 2009, el componente principal del proyecto: el Museo del Caribe, que ocupa un área de 4.500 metros cuadrados y que se sumó a la plaza Mario Santo Domingo, de 12.000 metros cuadrados, inaugurada en diciembre del año anterior, así como a la Biblioteca Infantil Piloto del Caribe (operada por la Clena) y la Sala Múltiple, dos instalaciones complementarias que venían funcionando desde 2004 y 2007, respectivamente. En 2011 se dio al servicio la Mediateca Macondo, constituida por una biblioteca y un centro de documentación multimediático especializados en el Caribe colombiano; curiosamente, cuenta con el valiosísimo aporte de dos bogotanos: una colección bibliográfica de 640 títulos, conformada por libros, catálogos y publicaciones de y sobre la obra de García Márquez, que era de propiedad del escritor Juan Gustavo Cobo Borda, y otra de 896 libros sobre historia y literatura latinoamericanas donada por la profesora Carmenza Kline.

El próximo año se iniciará la segunda etapa del proyecto con la construcción del edificio del MAMB, que tendrá 4.200 metros cuadrados. Ya están asegurados los recursos para la obra, por valor de 12.000 millones de pesos, asignados por el Ministerio de Cultura y la Gobernación del Atlántico, por lo que se espera que se entregue antes de que termine el 2016. Con ella, el costo total del proyecto se eleva a 37.000 millones de pesos. Sin embargo, todavía no está definida la financiación de la sede de la Cinemateca del Caribe, que hace falta para completar el Parque Cultural en su totalidad, y que deberá, por tanto, esperar unos años más.

El arquitecto urbanista Porfirio Ospino Contreras, que no tiene dudas sobre el impacto urbanístico positivo del Parque Cultural del Caribe en el centro histórico, considera que “la lentitud en los procesos de desarrollo urbano constituye un lastre viejo que arrastra la ciudad”. E ilustra: “Por ejemplo, algunas de la obras de renovación que ya habían sido formuladas en el Plan Regulador de 1957, como la construcción de la avenida del Río, apenas se materializaron en estos años; otras que fueron propuestas en los años setenta, como la ampliación de la carrera 50 en el sector donde hoy se levanta el Parque Cultural, se han empezado a hacer solo ahora”.

Pero no hay duda de que la espera ha valido la pena. El Museo es una obra magnífica que, mediante audiovisuales, textos y dispositivos interactivos, complementados por una colección de 251 objetos, le ofrece al visitante un recorrido completo por la prehistoria, la historia, el paisaje, los ecosistemas, las etnias, las expresiones culturales, la vida cotidiana, las músicas, las danzas y las fiestas del Caribe colombiano. Es una experiencia envolvente, de la que participan prácticamente los cinco sentidos. Su diseño y montaje museográficos, que tuvieron un costo de 7.000 millones de pesos, son una creación del brasileño Marcello Dantas, a quien Carmen Arévalo contactó en 2007, después de haber visitado uno de sus trabajos más famosos: el Museo de la Lengua Portuguesa, abierto en São Paulo, en 2006.


Una panorámica del Parque. / Cortesía Parque Cultural el Caribe.

Otro aspecto significativo del Parque Cultural del Caribe, relacionado con su contribución a la renovación urbana del centro histórico y a la parcial rehabilitación social de la zona específica donde se halla, es su vinculación con la comunidad del barrio Barlovento, formado por invasión 54 años atrás y situado a escasos metros, a la orilla del caño de las Compañías, brazo del río Magdalena, que era el punto de partida y de llegada de los buques de vapor que recorrían el país a través de esta arteria fluvial. “Antes del Parque Cultural, nadie confiaba en nosotros por el estigma que teníamos de ser un barrio muy peligroso”, dice Nasly Sánchez Córdoba, que reside con su familia en Barlovento desde hace 26 años y que desde 2009 labora en la institución como enlace entre esta y el barrio.

Bajo la coordinación de ella, el Parque Cultural del Caribe brinda trabajo permanente a habitantes de Barlovento en labores de seguridad y aseo; asimismo, 100 madres cabeza de familia de allí son contratadas para tareas de vigilancia durante los espectáculos masivos realizados en la plaza Mario Santo Domingo. También reciben cursos de diversas materias. Por otro lado, los niños del barrio son los principales usuarios de la Biblioteca Infantil Piloto, donde, además de leer, reciben talleres de pintura, de danza, de manualidades, de lectoescritura, entre otros. “Este proyecto le ha dado un realce al centro y, en particular, a nosotros”, afirma Nasly Sánchez.

Desde su apertura, más de tres millones de personas han sido beneficiadas con la variada oferta cultural y educativa del Parque Cultural del Caribe, de las que unas 450.000 corresponden a visitantes del Museo. “Sin embargo, creo que ni siquiera el 5 % de la población de Barranquilla ha venido a disfrutarlo”, reclama María Eulalia Arteta.

El Parque Cultural del Caribe aspira a ser el símbolo más representativo del futuro del centro histórico de Barranquilla, pues la expresión de avanzada arquitectura contemporánea que encarna su sede se erige como la conexión entre el rico inmobiliario patrimonial de ese sector de la ciudad y la nueva vida que este aspira a tener y a protagonizar en los años venideros de esta bullente urbe caribeña. Para ello, sin embargo, hace falta, como lo reclama la ciudadanía, que la ejecución de la segunda etapa del proyecto se agilice, de modo que no haya que esperar otros 16 años para ver realizado por completo este gran sueño.

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