Foto: Beatriz E. Botero

‘Reuniendo Luciérnagas’, un proyecto que se quedó en la oscuridad

El 15° Salón Regional de Artistas Zona Pacífico, en el Museo la Tertulia en Cali, se ha enfrentado a un gran número de críticas por la falta de organización e información de la curaduría. ¿Qué problemas enfrenta esta muestra?

2015/07/10

Por María Camila Pérez B.

El 3 de julio, en el Museo la Tertulia se inauguró el decimoquinto Salón Regional de Artistas Zona Pacífico, titulado Reuniendo Luciérnagas, una curaduría premiada del Ministerio de Cultura y que tiene como curadores al caleño Herlyng Ferla y al italiano Riccardo Giacconi. A pesar de contar con la ayuda de instituciones y patrocinadores, el trabajo se quedó corto en lo que concierne a la organización y profundización de la muestra, según han dicho varios usuarios y críticos en el portal esferapublica.org (Vea completa la polémica aquí: ¿El Salón Regional en La Tertulia es un fiasco?)

Durante los últimos días, varias personas han criticado el dudoso manejo de las obras enviadas por artistas regionales a través de una convocatoria en la página web del evento. Sandra Patricia Navia, una de las elegidas, publicó en su perfil de Facebook un comentario sobre cómo fue expuesta su obra. “Mi pieza ‘Episodios Maníacos’ perdió toda la manía porque los ‘curadores’ tomaron decisiones arbitrarias y no consensuadas en el montaje de la obra. De 105 dibujos se ven 4 y en total hacinamiento en una vitrina con 15 obras más. No es sólo la carencia de curaduría y museografía es el sin sentido lo que prima en la producción de este evento”. En cuanto a los problemas con el montaje, comentó: “ellos montaron las 105 piezas apiladas de forma que solo se ven las piezas de encima. Detrás de eso pusieron unas esculturas de otro artista que no tienen nada que ver con mi trabajo… en fin, alteraron su esencia…si me hubieran dicho que iba a prestar mi obra para que la montaran y la hacinaran con otras obras no lo habría permitido. No solo alteraron mi trabajo sino también el de otro artista.”

La obra de Navia debía exponerse como una baraja de Solitario para que se vieran todas las imágenes / Cortesía de: Sandra Patricia Navia.

Navia es tan solo una de los 38 artistas cuyas obras han sufrido por el mal manejo de las piezas de los curadores, según le dijeron algunos de ellos a Arcadia. La instalación de Leonardo Amador, por ejemplo, sufrió gravemente el día de la inauguración pues la falta de señalización y de una barrera que separaba al público de la obra causó que las cenizas que formaban la base de su montaje se dispersaran por el salón. Amador afirmó: “Yo monté esa instalación y le dije al curador que necesitaba una cinta para delimitar el espacio y que no hubiera accidentes, pero me ignoró. Luego le pedí unas luces que se direccionaran hacia la escultura, pero también negó eso y me dijo que debía utilizar las luces que tenían disponibles. Nunca me pararon muchas bolas. Fue muy incómodo ver el deterioro de la obra y fue aun peor el hecho de que me ignoraran. Hasta me pidieron reducir el tamaño de la obra para supuestamente solucionar los problemas y evitar complicaciones.” Además, cuenta que cuando pidió una explicación sobre por qué se había dañado su obra, los curadores contestaron, en tono de burla, “Cali es Cali”. Un tercer afectado, Richard Harrison Bravo, reclamó que el marco dorado de su fotografía, que correspondía a su investigación, había sido despintado por los curadores sin mayor preocupación y sin consultarle.

Las críticas también han sido dirigidas a la falta de información sobre cada pieza y a la falta de iluminación que ayude a los asistentes a desplazarse con facilidad y seguridad por las instalaciones de la Tertulia. Carlos Fernando Quintero, autor del blog de crítica de arte Desde la kverna, dice que “la información básica de la exposición, los artistas y las obras brillan por su ausencia. En esta sala solo hay un pendón. Al interior, la oscuridad, rezago de la desproporcionada exposición anterior…apenas deja ver los objetos luminosos y dificulta la movilidad de los espectadores”. Además, Quintero afirma que con Reuniendo Luciérnagas “perdieron sobre todo los artistas y sus obras, porque en esa aglomeración arbitraria, simulacro mal formado de montaje y de intelectualidad, nada se ve, no siquiera se aprecia. Toda la sutileza y ponencia de las obras se pierde en este desproporcionado marisma”.      

Miguel González, crítico y ex curador del Museo la Tertulia, afirma que el Salón Regional tiene otro problema: los objetos en sí. González escribe sobre las piezas: “como curadores me parece que se fueron más por la belleza del objeto que por la profundidad del contenido”. El crítico cuestiona la manera en la que procedieron Ferla y Giacconi y afirma que ambos improvisaron “hasta el punto de acudir a las bodegas del Museo la Tertulia para encontrar lo que pudieran, con tan mal ojo que escogieron la santa de palo y la madera africana, que no son obras de la colección sino un par de adornos de las antiguas oficinas”.

El montaje de Leonardo Amador, antes y después de la inauguración. / Cortesía de: Leonardo Amador.

Resulta extraño que la Tertulia haya permitido que esto sucediera, en especial porque se considera uno de los espacios culturales más importantes de Cali que ha tenido una revitalización en el último año. El curador de planta del museo, Alejandro Martín, contó que “el Museo apoyó el Salón desde el comienzo y le dio libertad a los curadores para hacer la exposición. En este momento los estamos respaldando para responder y revisar los errores que se cometieron durante el montaje de ciertas obras. Los Salones Regionales son eventos muy importantes porque visibilizan el arte en todos los espacios del país”. Además, Martín admitió que lo que más le preocupa es que los artistas no estén contentos con el montaje: “Les hemos pedido a los curadores que hablen con los exponentes para que estén satisfechos. He hablado con otros artistas que sí estuvieron durante el proceso y están contentos, pero también he hablado con una persona que no pudo asistir para solucionar lo de su montaje”. De acuerdo con Martín, el Ministerio de Cultura eligió a los curadores “a través de una de sus convocatorias. Ellos hacen un concurso y eligen a los curadores por región. Antes se contrataban para realizar una tarea específica, pero ahora presentan una idea que compite con otras”.

González considera que “el Ministerio de Cultura, patrocinador de este evento nada barato, debe de asesorarse mejor al escoger los curadores. En este caso fue fallida su designación, y no se podría esperar mucho de Herlyng Ferla, un esforzado artista emergente que ni conceptualiza ni escribe, y poco habla; así como de Riccardo Giacconi, visitante italiano que aterrizó en Cali gracias a [la sede de residencias] ‘lugar a dudas’, y se “quedó” en la ciudad como alternativa”.

La Sala Subterránea del Museo la Tertulia / Foto: Carlos Quintero, Desde la Kverna.

La falta de criterio de la distribución de las piezas y el trato de las mismas es problemático pues “una de las finalidades de los Salones Regionales es precisamente visibilizar las regiones, sus centros de enseñanza [y] sus integrantes. Aquí solamente hay desinformación sobre el artista, ninguna referencia al año en que nació, en donde estudió o en qué ciudad vive o trabaja”, como afirma González.

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