'New Portraits' (2014) / Foto: Robert McKeever

Imágenes ajenas

Con 'New Portraits', su polémica exposición de 2014, Richard Prince está causando un revuelo en el mundo del arte. La muestra, basada en imágenes de Instagram, enfatiza una cuestión warholiana: ¿en qué punto debería considerarse la apropiación como un robo?

2015/06/02

Por María Camila Pérez B.

Andy Warhol, pionero del pop art, creó la serie Marilyn basada en una fotografía promocional de la actriz Marilyn Monroe en 1962. Ese mismo año, y con el mismo método, utilizó el logo de las sopas de tomate Campbell para crear otra obra. Así, aunque el artista transformó la fotografía original a través de la serigrafía, la imagen en la que basó su trabajo no le pertenecía. Cuatro años después, el neoyorquino se vio envuelto en un altercado legal con la fotógrafa Patricia Caulfield, quien lo había demandado por utilizar y modificar sus fotos como parte de la serie Flowers. Después de eso, Warhol optó por usar sus fotografías para evitar demandas y complicaciones legales. Desde ese instante el estadounidense se convirtió en fotógrafo.

El término ‘apropiación’ se utilizó en la década de los ochenta para referirse de manera específica al uso de la obra de un artista para crear una nueva pieza: exactamente lo que hacía Andy Warhol antes de su demanda. Su arte entonces ejemplifica un dilema artístico que continúa vigente hasta hoy: ¿en qué punto una obra deja de ser apropiación para convertirse en robo?

En un caso reciente, el reconocido fotógrafo estadounidense Richard Prince ha sido el blanco de ataques legales y personales debido a las fotos que utilizó  para crear su serie New Portraits, exhibida en 2014 en la Gagosian Gallery, en Nueva York.


New Portraits (2014). Imagen perteneciente a la Gagosian Gallery.

Antes de su inauguración, Prince entró a Instagram en busca de retratos que respondieran a su gusto estético: mujeres semi-desnudas y atractivas que posaban para la cámara. Tras dejar un comentario en cada fotografía, imprimiendo una marca personal sobre ella, el artista tomó capturas de pantalla e imprimió esas imágenes. Avaluadas en $90,000USD, la obra de Prince ha enfurecido a más de uno.

La página web ‘Suicide Girls’, por ejemplo, emprendió una lucha contra Prince imprimiendo las mismas imágenes de la exposición para venderlas a $90USD. “Me molesta que su arte está fuera del alcance para personas como yo y para las personas retratadas en las piezas que vende” afirmó Missy, la fundadora de la página. 

A pesar de la conmoción, esta no es la primera vez que Prince hace algo por el estilo. En 1970, se catapultó a la fama tras re-fotografiar un retrato del vaquero de Marlboro tomado por Sam Abell. En 1983, para su trabajo Spiritual America, utilizó una foto de Brooke Shields, tomada por Garry Cross. Además de la copia fotográfica, el título de la serie hacía una alusión directa al trabajo del fotógrafo Alfred Stieglitz. Años más tarde, en 2011, con su instalación Covering Pollock, Prince sobre-impuso imágenes encima de las fotografías tomadas por Hans Namuth de los cuadros del artista expresionista Jackson Pollock. Para Prince, la apropiación es un ejercicio de todos los días sobre el que ha construido su carrera artística.


Una de las piezas que forma parte de Covering Pollock (2011).

Un detalle curioso es que, hasta el momento, Prince nunca ha perdido en las cortes gracias al tema del fair use o ‘uso legítimo’ que defiende a mucha de la producción artística contemporánea. De acuerdo con esa ley, es legítimo que un artista se apropie de una obra ajena si la transforma lo suficiente para crear algo nuevo. Ese no parece ser el caso ahora, pues la única ‘modificación’ hecha a las imágenes que exhibe son los comentarios ambiguos e incluso sórdidos que él mismo deja.

El arte de Prince ha generado un debate de extremos: mientras unos lo consideran un genio, otros lo ven como un ladrón y un pervertido. Quienes apoyan a Prince afirman que, como artista, tiene todo el derecho de tomar y replantear las imágenes en otro contexto, argumentando que una vez se publica algo en la web el contenido se vuelve de uso libre, así se quiera o no. De acuerdo con Jerry Saltz, reconocido crítico de arte estadounidense, y fiel defensor de Prince, “tenemos que aceptar que las imágenes – incluso las digitales – son materiales, y que los artistas utilizan dichos materiales para hacer lo que hacen. Punto. Desde mi perspectiva, demasiados artistas están casados con nociones deplorablemente anticuadas de copyright, leyes que van en contra suya en casi todos los casos.”

Por otro lado, hay personas que consideran que el trabajo de Prince es una movida sucia que únicamente lo beneficia a él. “Yo soy una estudiante que trabaja, completamente quebrada, y hay un hombre blanco, de mediana edad, ganando muchísimo dinero con mi imagen”, comentó una de las mujeres retratadas, “me enferma un poco. Podría aprovechar ese dinero para pagar mi matrícula.”


Una de las imágenes tomadas por Prince e intervenida con sus mensajes.


Traducción: "Disfruté la vuelta de hoy. Hagámoslo de nuevo. Richard"


El trabajo de Prince pone en duda una cuestión de propiedad que muchos prefieren ignorar, aunque los nuevos medios y las redes sociales que manejamos han desdibujado la delgada línea entre lo personal y lo público. Según Kyle Chayka de la página web Vulture, “hoy la tecnología cambia las cosas. Gracias a las redes sociales todos somos tan visibles como una lata de sopa Campbell: todos somos ‘marcas’, para utilizar la terminología del mercado. Cada día nos exponemos a que nuestras imágenes sean apropiadas, remezcladas, impresas y colgadas en una pared. Solo hace falta un artista con la osadía (o amoralidad) para hacerlo, como Prince.”

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