Guitar, del dúo colombo - chileno Carrasco+Zea.

Rompiendo la barrera del sonido

Este mes se llevó a cabo en Manizales la IX edición de un festival audaz y vanguardista que cada vez cobra más prestigio a nivel mundial: el Festival de la Imagen, organizado por el departamento de Diseño Visual de la Universidad de Caldas. Aquí se unen la biología, los nuevos medios, el arte, la música electroacústica y la neurociencia, entre otras disciplinas: ¿un elogio del caos o un anticipo del futuro?

2010/04/21

Por Eugenio Chahin

Colombia es un país en donde cada cosa parece haberse ganado su propio festival. Frutas y verduras, animales, deidades religiosas, alcoholes, bailes populares y toda las artes de la llamada alta cultura tienen el suyo. En este contexto no resulta demasiado particular encontrarse con que también se celebre un festival de la imagen. Pero, partiendo de que a las imágenes les queda difícil dejarse montar, bailar o comer, ¿en qué consiste exactamente este festival? Eso es lo que la Universidad de Caldas en Manizales se encarga de contestar desde 1997 con el Festival Internacional de la Imagen. Mejor que eso: es lo que sigue preguntándose.

Si bien hay pocos temas tan infinitos como ‘la imagen’, es posible que existan pocas propuestas culturales en el país que tengan la valentía de este Festival. Uno que durante nueve contundentes ediciones ha sabido cortar sus orejas. ¿Las razones? Que ha encontrado un público constante, tan perteneciente al sector del arte especializado como al de la curiosidad accidental, que a través de los años ha ido adelantando un proceso formativo propio e importante. También que, por un lado, ha generado un gran poder de convocatoria, derivado en las intervenciones de invitados notables como los bio-artistas Ken Rinaldo (Estados Unidos) y Eduardo Kac (Brasil), la eminencia del net-art Antoni Muntadas (España) o el multiformalista experto en nuevos medios Peter Weibel (Rusia/Austria). Y, por otro, que ha presentado un implacable desarrollo de contenidos, en donde lo esencial resulta la búsqueda de la imagen sin desdeñar ninguno de los caminos que puedan conducirnos hasta esta. Científicos, filósofos, diseñadores gráficos, antropólogos, cineastas, arquitectos, fotógrafos, programadores de videojuegos, escritores y músicos de todas partes del mundo han mostrado su cara y sus trabajos en la capital de Caldas durante seminarios, proyecciones, performances, talleres, foros y exposiciones. Y también conciertos.

Un sonido vale más que…

Aunque en el Festival de la Imagen existen ejes temáticos vinculados a la tradición visual como ‘Foro Académico de Diseño’, ‘Exposiciones’ o ‘Cine y Digital’, no deja de resultar curioso que con los años –tanto para los organizadores como para los asistentes al Festival– la oferta más buscada durante los cinco días que dura tenga que ver con la imagen como objeto auditivo. De eso, a grandes rasgos, se trata la sección que denominaron ‘Paisajes Sonoros’, una en la que esta vez utilizarán artistas de Polonia, Francia, Venezuela, España, Argentina, Colombia y Alemania para agrupar hallazgos, conceptos y métodos tan diferentes sobre la relación imagen/sonido como sus lugares de procedencia.

Pero un alto acá. Es mejor que, antes de que todo se vuelva más abstracto, Felipe César Londoño, decano de la Facultad de Artes y Humanidades y director de numerosas ediciones del Festival, nos aclare algunas cosas. ¿Qué es un paisaje sonoro? “La imagen también es sonora y el sonido construye imágenes –explica el arquitecto y doctor en Ingeniería multimedial– por eso queremos ir más allá de manipular sonidos urbanos, que es en los que la gente puede pensar cuando se habla de paisaje sonoro, y hemos querido crear en el Festival una sección que aborde todo un proceso creativo existente en donde la imagen no necesariamente debe ser visible para existir”.

Si lo pensamos bien, el oído y la vista son sentidos aliados. El sonido ha guardado desde siempre una estrecha relación con el registro visual en el cerebro (donde traman cosas entre sí tantas veces sin nuestro consentimiento). Porque si un ritmo logra tan fácilmente llevarnos a dibujar malos pasos en la pista de baile es posible que así mismo pueda hacerlo con mundos en nuestra cabeza. Entonces, como si fuera una matroshka rusa, estos paisajes sonoros logran crear un festival dentro de otro.

Ponerse de acuerdo

El paisaje sonoro es una construcción artística que puede ser planteada desde lo auditivo y lo visual. El paisaje sonoro tiene la facilidad de ajustarse a tantas formas y composiciones como podamos imaginar. El paisaje sonoro es el resultado de la unión de sonidos, naturales y artificiales, recogidos en diferentes momentos y dispuestos como ladrillos en la construcción de una nueva obra o pieza. El paisaje sonoro también puede presentarse como una sucesión de imágenes o una proyección de video acompañada por sonidos que pueden alterar, proponer o confirmar nuestra interpretación sobre las mismas. El paisaje sonoro propone una experiencia artística en la que la contemplación de la obra pueda hacerse de una manera semejante a la que se hace de un paisaje común.

Del dicho al hecho

Encontrar alguien que trabaje con paisajes sonoros y que quiera –o pueda– hablar cómodamente sobre su trabajo no es siempre fácil. En noviembre de 2009, sin ir más lejos, el paisajista sonoro Ryogi Ikeda se negó a dar declaraciones sobre la obra que vino a presentar en la Universidad Nacional –en la que intenta expresar el universo matemático a través de sonido–, asegurando que las palabras no podían interpretarla. Por su parte, los artistas polacos Marek Choloniewski (director del Estudio de Música Electroacústica de la Academia de Música de Cracovia) y Lukasz Szalankiewicz (diseñador de sonido y compositor de música digital), invitados este año a Manizales, prefieren no referirse al tema por escrito porque esto les tomaría demasiado tiempo. Pareciera que a algunos de estos artistas les resultara incomodo, incompleto y hasta inadmisible articular el lenguaje escrito para llevarle sus ideas a alguien que no haya repasado La historia del arte de Gombrich recientemente.

Pero no hay que generalizar. El experimentador audiovisual Etienne De France, que expondrá su obra Cuentos de un manatí en el Teatro Los Fundadores, intenta la siguiente definición sobre lo que hace: “(Es) una composición visual y sonora llena de símbolos, una construcción de metáforas, ideas y mensajes a partir de la naturaleza, que permite al observador o al oyente envolverse de manera más libre e íntima con la obra”. Y más concretamente: una narración audiovisual que cuenta con la proyección de imágenes y la creación de sonidos en vivo por el artista, un juego entre elementos orgánicos y virtuales que le ayudan a dar su propio vistazo sobre la construcción de realidad del hombre moderno. Es posible que la síntesis anterior solo hiciera quedar peor a la expresión de lo sonoro a través de lo escrito (sinceras disculpas). Lo único cierto es que esta obra es una de esas cosas que no puede dejar que le cuenten.

Aquí y ahora

Si quisiéramos conocer una de las preocupaciones fundamentales del paisaje sonoro en el presente, solo tendríamos que poner atención a la forma en que artistas como Adina Izarra, de Venezuela, y Óscar Marín, de España, crean sus obras. Izarra toca piezas electroacústicas que, vía internet, son ejecutadas en directo con la colaboración de músicos que en ese mismo momento se encuentran en otro lugar del mundo. Marín compone música a partir de sonidos que recolecta en su cotidianidad y luego va disponiendo durante su presentación en directo. “El espacio, el sonido, las emociones y pensamientos del público, del performance, todo cuenta y creo que hay que arriesgar y no tenerlo todo enlatado o prefijado para poder jugar con todas estas variables y poder generar algo más real y en conexión con el potencial de la situación”, afirma Marín. 

La intervención en tiempo real que puede conseguirse a través de la tecnología, y sus mismas herramientas, son una de las piezas fundamentales en este rompecabezas que se va armando de lo digital y lo análogo indistintamente. Basta echar una mirada al proyecto que presenta el argentino Patricio Proverbio este año en su intervención de Manizales para adivinar por dónde va la cosa. En su DNA Live, el artista, radicado en Berlín, intentará a través de un procesador darles valores musicales a los diferentes ácidos y aminoácidos que componen un gen humano. Como la curva de DNA que podrá generar un científico. Proverbio logra una escala musical en la que cada segmento representa una nota diferente que luego utiliza en su presentación para crear música.

Excéntrico, innovador y diferente, el Festival de la Imagen reúne a un grupo de artistas que bien vale la pena oír y del que cada año hay que estar pendiente. |

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