Luis Roldán

Secreta prudencia. Una exposición de Luis Roldán.

Hace poco mantuve con Luis Roldán una conversación donde hablamos del destierro. De cómo en la Grecia antigua a todo aquel al que le exigían abandonar su país le entregaban la mitad de una piedra.

2014/11/14

Por Ximena Gama

Esta era la única prueba, la única prenda de que alguna vez perteneció a un lugar. No es raro que esta anécdota haya salido en más de una ocasión. Su búsqueda poética ha sido hasta cierto punto territorial.  Esto quizás se debe a que ha vivido más de la mitad de su vida por fuera de Colombia.  De Cali llegó a Bogotá para luego viajar a Paris y radicarse en Nueva York. Un hecho que podría generar algo de desarraigo pero que, contrario a lo  que podría pensarse, su brújula siempre ha apuntado hacia acá. Hacia  los paisajes de la Sabana y hacia el barrio al que llega y donde vive cada vez que quiere escapar del norte. 

De pronto es por ello también que su obra es difícil de ubicar, está llena de exploraciones de  cada uno de los lugares a los que llega y que observa mientras los camina. Ha excedido ciertas narrativas y lenguajes clásicos y, a pesar de tener cientos de resonancias, no se puede encasillar o fijar en un solo punto. No es abstracta, ni formalista, ni política pero tampoco es ingenuamente poética. Más bien se acerca a ese sitio que afirma que las cosas no se  pueden entender lineal y literalmente,  se emplaza en otros espacios temporales que exigen otro tipo de comprensiones. Por ello también renuncia a un espacio tiempo exclusivo de la historia  y se ubica en aquellos tan extraños como lo son el del sueño, el del recuerdo  y el de la ficción.

 A Roldán se le conocía al inició de su carrera como pintor. Se obsesionó con la materia y el color en los paisajes de Santa María y Cezanne. Años después preguntas sobre la memoria, la cotidianidad y el paso del tiempo comenzaron a acecharlo. Para dar cuenta de ellas empezaron a aparecer dentro de sus obras otro tipo de materiales. A partir de ese momento, cajetillas de fósforos, recibos de cajas y sábanas manchadas de grafito se convirtieron en el denominador común de las instalaciones que realizaba. Fue así como en 1996 surgió Calendario donde documentó el día a día con los desechos que encontraba en su lugar de trabajo. También hizo Testimonios (2007) donde indagó por la volatilidad de la palabra y la imposibilidad de dejarla registrada en la memoria. Empezó a tomarse en serio ciertos escenarios de la literatura y, a partir del personaje de  Bergotte en En busca del tiempo perdido, creó una serie de imágenes que giraban alrededor de su muerte (Circunstancias, 20011). En su última muestra (Presión y Flujo, 2014) volvió a un juego formal. De nuevo, a través del encuentro con cosas y desechos, empezó ensamblar objetos. Apareció cierto formalismo pero también reafirmó ese deseo hasta cierto punto minimalista por encontrar cierta ligereza en las líneas y en los movimientos más simples. Pintura, escultura y dibujo  volvieron a juntarse en todo el rompecabezas.

Secreta Prudencia toca cada una de estas capas. En esta ocasión, Luis Roldán parte de la historia de un espía ruso que fue encarcelado en los campos de concentración siberianos. En 1940 a Anton Ovseyenko lo condenaron por 20 años a horas de trabajo forzado (un castigo típico en los gulag que tenía como único objetivo construir las obras de ingeniería y de arquitectura durante la era de Stalin, y que  marcaron el desarrollo industrial de la primera mitad del sigo XX ruso).  Roldán lee su biografía, se interesa por la cotidianidad del preso y, una vez más, por este tipo de historias que se vuelven testimonio, memoria  pero también literatura.  

 A partir de todo ello teje la exposición y, aún así,  con el  paso de las imágenes,  la historia se  convierte en un simple rumor o una  nota a pie de pagina de la misma. La voz del condenado se camufla con una serie de piezas que remiten a la multiplicidad de búsquedas formales y conceptuales que atraviesan toda la trayectoria del artista: la pregunta por el dibujo, por el minimalismo, por la ficción y el tiempo.  Tal y como en los juegos de espías, acá nada es lo que parece.  La imágenes son tan ambiguas que se convierten en trampa para quien las ve. Un kepis se confunde con una pieza del constructivismo ruso; unas gafas y una mesa no cumple su función sino más bien la hacen imposible; un dibujo es producto del reflejo de la luz que rebota sobre hilos y alambres que se posan sobre un muro; una mesa roída que más que desecho sirve para la meditación; y collages o montajes de rostros de personajes de la historia que han sido replicados infinitas veces en libros escolares, los mismos rostros que ya lejanos a nosotros enviaron a hombres como el espía a campos de concentración.

 Desde esta ambigüedad, Roldán logra construir una exposición completamente irónica y la ubica en ese lugar tan extraño que hay entre la tragedia y la comedia. Se burla de nuestra mirada pero también muestra de manera descarnada una situación que parece –pero no- sacada de la historia de la literatura universal. Aquí toda la carga metafórica y literaria se desplaza y se convierte a la vez en una carga política  y, de pronto, testimonial.

 Ovseyenko era casi ciego. En una de sus últimas entrevistas afirmó que gracias a esa condición pudo sobrevivir los 13 años de prisión. En la misma conversación  y, como si fuera un detalle sin importancia, recordó que él era el encargado de contar historias y cantar pequeñas operetas todos los días, aseguraba que fue por aquellos actos “heroicos” que lo dejaron vivir. Ni las pandillas internas de la prisión, ni las fuerzas policiales que lo cuidaban querían renunciar a ese especie de juglar. Quizás Secreta Prudencia le apunta a todo esto. Por un lado, a esa falta de visión como la metáfora perfecta para comprender cómo, en algunos procesos de expiación moral y política, la culpa solo puede ser redimida por aquél que sufre una miopía extrema; pero también para poner en juego ciertos momentos poéticos que por su mismo carácter de ficción interrumpen y hacen posible la respiración en una montaña de atrocidades.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación