La tragedia de Armero fue un desastre natural producto de la erupción del volcán Nevado del Ruiz el miercoles 13 de noviembre de 1985. Foto: Justo Pastor Velásquez Chano

Los niños perdidos de Armero, ¡una causa que nos toca a todos!

La fundación Armando Armero organiza una subasta silenciosa en la galería Valenzuela Klenner, en Bogotá. Del 10 al 23 de septiembre, los interesados podrán ir y apoyar el proyecto de investigación que adelanta la fundación.

2016/09/09

Por Sergio Rodríguez

La madrugada del 13 de noviembre de 1985, Armero desapareció del mapa. Fueron cerca de 23.000 víctimas y varios cientos de niños se perdieron. Los colombianos pudieron ver en televisión cómo salieron vivos, pero la atención se la llevó Omayra Sánchez Garzón. Los otros fueron olvidados y el Estado nunca se preocupó por encontrarlos o saber de su paradero. La fundación Armando Armero, que lidera Francisco González, lleva 10 años trabajando para recuperar la memoria histórica de la tragedia y desde hace un lustro centró su interés en estos niños que sus madres siguen buscando.

Estos proyectos de investigación son costosos y sin el apoyo gubernamental se convierten en epopeyas que pocas personas están dispuestas a liderar. Ni la alcaldía de Armero-Guayabal (donde vive la mayoría de los sobrevivientes) ni la gobernación del Tolima, ni el gobierno central han prestado atención a los llamados de las víctimas. El ICBF prometió ayudar, pero se quedó en promesas -cosa común en este país-. Es por eso que González, desde hace dos meses, ha estado preparando la Subasta Silenciosa, Niños Perdidos de Armero ¡Una causa que nos toca a todos!, a la que se han unido cerca de 40 artistas. La fundación cuenta con 300 historias de niños perdidos y busca con la subasta recolectar los fondos necesarios para compilar más información, publicar dos libros y ayudar a reunir a estas familias rotas por un alud de barro y la desidia de un estado como el nuestro.


Francisco González lidera la fundación Armando Armero. Foto: Ana Vallejo.

¿Por qué existe la necesidad de realizar esta investigación?

Esto es un problema no resuelto en Colombia. Un problema que nadie se había puesto a investigar y, sin ninguna pretensión, si yo no lo hago, si no comienzo a investigar esto, este drama no existiría. En 1985 hubo dos hechos que marcaron al país: la Toma del Palacio y en seguida la tragedia de Armero. Sobre el Palacio de Justicia muchas entidades han investigado: ONGs nacionales e internacionales, el mismo Estado, la academia, todos han dedicado recursos. La única fundación que ha investigado y hecho algo sobre Armero es la nuestra. Comencé haciendo un proyecto de reconstrucción de memoria histórica, que no se había hecho. Recuperar todas las historias a través de dos herramientas principales: el periodismo que es lo más inmediato y la etnografía como trabajo de campo. Pude recuperar mucha de la memoria histórica de Armero y siempre con un foco: los proyectos culturales deben generar desarrollo social y económico.

¿En qué momento se dio cuenta que nadie había trabajado para ayudarles a estos niños perdidos?

El proyecto trata de beneficiar a esta comunidad, que genere empleo y también que, al hacer el duelo, puedan vivir en paz, tranquilos. Pero estaba el drama de los niños perdidos que nadie había investigado. Esto salió, casi de la nada, durante las jornadas de memoria. Madres se me acercaban con una foto y me decían ‘ayúdeme a buscar a mi hijo‘ y yo llegaba al hotel o a Bogotá y decía: ‘qué pasa que estas señoras después de 25 años siguen buscando a sus hijos. Yo perdí a mi padre, perdí a un hermano, pero hice el duelo, ¿estas señoras qué?‘. Entonces me dio por corroborar las historias que ellas me contaban y dije: ‘estas mamás no están locas, estas mamás tienen un drama enorme y sabemos que sus hijos salieron vivos‘.

¿El Estado nunca tuvo interés por esto?

Ni la alcaldía, ni la gobernación, ni el estado. Nadie. Alguna vez tuvimos un asomo con el ICBF que se quedó en promesas. Dijeron: ‘que vamos a patrocinar una investigación, que vamos a abrir archivos, que vamos hacer cosas‘. Entonces hay dos opciones: quedarse uno en la ‘quejadera colombiana‘ o investigar y hacer cosas y cosas. Le cogí mucho aprecio emocional y profesional a la investigación, pero llegó un momento en el que dije ‘esta vaina vale plata. No puedo seguir vendiendo más cosas, bajando mi nivel de vida‘. No le pido un solo peso a ninguna madre: la persona va, le hago la historia, y la muestra de ADN es absolutamente gratis.


Víctimas de la tragedia de Armero. Foto: Justo Pastor Velásquez Chano.

¿Qué resultados ha tenido la investigación?

Nos ha dado dos encuentros por ADN, hace poco tuvimos el de dos hermanas. Ya tenemos cerca de 300 historias. Comenzaron a aparecer niños, hoy adultos, en otros países que se han enterado. Muchachos que me escriben diciendo que son adoptados de Armero, que ‘¿cómo hago para encontrarme con mi familia?‘. Les envío una tableta para el ADN y  los que no pueden viajar envían la muestra. Esto ha ayudado a recopilar más información.

¿Por qué hacer una subasta para recolectar estos fondos?

Este es un país de subastas, a lo que yo le tenía mucha pereza, porque las subastas están un poco prostituidas. Todo el mundo hace subastas que son obras de beneficencia, asistencialismo, que para cunas de niños, que para prótesis de militares, que para policías. Entonces se volvió el país en el que hay que ayudar y le tenía mucha pereza por eso. Con amigos artistas, que avalaban el trabajo de la fundación, fue surgiendo la idea y la fui madurando hasta que dije: ‘no va a ser cualquier subasta, voy a invitar amigos artistas, pero buenos artistas‘. Le comenté a Jairo Valenzuela, de la galería Valenzuela Klenner, y me dijo ‘su proyecto es buenísimo, cuente con la galería‘. Entonces comenzamos a madurar la idea y a gestionar, a conseguir obras y ya son cerca de 40 obras y nos va tocar trancar la generosidad de estos artistas que me tiene impresionado. Lo que el Estado no ha querido hacer, los artistas lo están haciendo apoyando la subasta.

Este es el catálogo de las obras de la subasta.

¿El dinero en qué se invertirá?

Primero haremos un rediseño de la página web, para que pueda aparecer cada niño con su video, con su foto. Toda una reingeniería. Como muchos de los niños están en Alemania, Noruega, Francia, Italia tenemos que traducir la página al alemán, noruego, francés, italiano. Las redes sociales son las que nos sirven para lograr muchos reencuentros. Con este billete vamos a producir dos libros. Uno de memoria histórica en acetatos, que cuesta mucho, pero que es un libro muy lindo, que toca hacer, que toca subsidiar para que la gente pobre de Armero pueda tenerlo. Y otro con los niños perdidos. También vamos a hacer un protocolo (hay que reconstruir toda la historia de cómo se rescataron a los ‘pelados‘) que sirva a nivel mundial para el rescate y tenencia de menores en desastres de origen natural, basado en todas las equivocaciones que hubo en Armero; que es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer y se puede evitar. No voy a esperar a que el Estado nos de plata.

¿Qué ejemplo personal nos puede dar?

Una señora duró más de 20 años fotocopiando la foto de su hijo y diciendo: ‘que me devuelvan a mi hijo‘. Ella sabía que había salido vivo y pegaba la fotocopia en centros comerciales, por todos los pueblos, el día que el niño cumplía años y en Navidad. Imagínate 20 años en esto. Muchas otras madres iban con las fotos de sus hijos por albergues preguntado: ‘¿han visto a mi niño? ¿Han visto a mi niño?‘. Las redes sociales hoy evitan ese desgaste tan berraco. Los medios de comunicación sólo se fijan en esto cuando hay un aniversario. El 13 de noviembre del 2015 se cumplieron 30 años y se hicieron especiales. Ahora tocará esperar a que sean 35, 40, 50 años y supongo que harán más especiales.

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