'Tree' de Paul McCarthy

Regreso al pasado

La destrucción de la instalación “Tree” de Paul McCarthy en París ha puesto el ojo sobre la creciente derechización de la sociedad francesa. Asociaciones ultra cristianas, protestas en la prensa y un sinnúmero de voces parecen cernir un manto de duda sobre un país que ha sido modelo de tolerancia y apertura cultural.

2014/11/26

Por Ricardo Abdahllah

Las personas que fueron a verlo al tercer día quedaron decepcionadas. En lugar de encontrar un plug anal de veinticuatro metros de alto (uno va a ver los plugs anales por su tamaño) junto a la ya muy fálica columna de la Plaza Vendôme, dieron con una mancha verde rodeada por una valla de seguridad. Durante la noche un grupo de tres hombres no identificados había desconectado el ventilador que mantenía inflada la escultura y luego cortado los cables de seguridad que la fijaban.

El autor de la instalación, Paul McCarthy, la había llamado  “Tree” porque su forma hacía pensar en un árbol de navidad.

“Ese objeto es una nueva evidencia de la decadencia de nuestra civilización”, dijo Christine Boutin, presidente del Partido Cristiano Demócrata. Para Tugdual Deville, del colectivo anti-aborto y anti-eutanasia Alliance Vita, se trataba de la representación misma “de la fractura que existe entre el pueblo y las élites”. En un comunicado, la organización católica Civitas exaltó el acto de quienes desinflaron la obra de McCarthy y los comparó con los combatientes de la resistencia durante la ocupación nazi.

“A sus 74 años, McCarthy ha expuesto en todo el mundo sin suscitar ese tipo de reacciones. Ellas y los comentarios nauseabundos que hemos visto en las redes sociales son el síntoma de una sociedad francesa gangrenada”, opina Claire Moulène, encargada de la sección de arte de la revista Les Inrockuptibles.

Desde todos los frentes

Tres tipos de críticas se levantaron contra “Tree”.  Algunos, como el columnista de Le Figaro, Philippe Bilger, acusan a la obra de no corresponder a una idea clásica de la belleza (“Sobre todo en un marco como la Plaza Vendôme con su hotel Ritz y sus joyerías que atraen clientes de todo el mundo”). Otros, como los críticos Eric Conan de la revista Marianne y Philippe Dagen de Le Monde veían en ella el ejemplo supremo de un arte movido solo por la especulación y las reglas del mercado.  “Ese es el punto que evocan los debates serios en los que se critica el arte contemporáneo”, dice Eric Loret, periodista y crítico del diario Libération La visión de las obras nada más que como productos en un mercado no deja de ser una amenaza para el arte”.

 “Es el aspecto inmoral y escandaloso de la obra de McCarthy la razón principal que nos hizo reaccionar. También es importante señalar que el que ama Dios ama también lo bueno y lo bello y que al contrario, el que blasfema es en general un partidario de la fealdad y la inmoralidad”, dice Alain Escada, presidente de Civitas.  Su organización, junto a otros colectivos como Alliance Vita y algunos representantes del movimiento anti-matrimonio igualitario “La Manif Pour Tous”, representan el tercer grupo: los guardianes de la moral.

En el nombre del padre

Si la lista de obras que han generado polémicas es paralela a la historia del arte e incluye acciones más o menos agresivas, como las tres ocasiones en las que el artista Pierre Pinoncelli se enfrentó a martillo a su némesis, el orinal de Duchamp, el hecho de que en pleno siglo XXI y en un estado laico se destruya una obra por motivos religiosos recuerda el precedente de las protestas de octubre de 1988 contra la proyección en París de La última tentación de Cristo.

En esa ocasión, una organización cercana al Frente Nacional, el colectivo Agrif, orquestó una campaña que invitaban a manifestarse en la calle y rayar las sillas de los cinemas que se atrevieran a presentar la cinta. La culminación fue una bomba incendiaria que acabó con el cinema Espace Saint-Michel y dejó trece personas heridas. Tres miembros de Agrif fueron condenados por el hecho que para Escada tiene “responsabilidades compartidas. La mejor manera de evitar que las cosas degeneran es no lastimar a las personas en lo que tiene que ver con lo sagrado”.

Las protestas sin embargo fueron menos notorias durante las décadas siguientes y lo ocurrido con Piss Christ del artista Andrés Serrano es revelador. Aunque la obra, una fotografía que muestra un cristo sumergido en sangre y orina, fue creada en 1987 y Serrano expuso con cierta recurrencia en varias galerías francesas, pasaría casi un cuarto de siglo hasta que la presentación de su trabajo en Avignon, la ciudad de los Papas, levantara la ira de los grupos católicos. El número de manifestantes permitió a algunos de ellos, armados con varillas y martillos, pasar por encima de los guardias de seguridad y vandalizar la obra.

Ocurrió en el 2011, el mismo año en el que la policía antimotines tuvo que intervenir para dispersar a los integristas que buscaban impedir por la fuerza la presentación de la obra Sobre el concepto del rostro de cristo  del italiano Romeo Castellucci en el Théâtre de La Ville, una sala céntrica perteneciente al Ayuntamiento de París.

Entre las instituciones  que convocaron a las dos manifestaciones en Avignon y París, estaban de nuevo Civitas y la Agrif, que tiene el récord de haber perdido cinco procesos contra el semanario satírico Charlie Hebdo, cuya fue incendiada en noviembre del 2011, presuntamente como retaliación por las numerosas ocasiones en las que la publicación ha difundido caricaturas de Mahoma. Islamistas y católicos conservadores tienen en el semanario un enemigo común.

“Ningún creyente, judío, musulmán o cristiano acepta que lo sagrado sea ensuciado con acciones malintencionadas. Para algunos es tabú la negación de los derechos humanos; para otros es la memoria de un genocidio la que no puede discutirse; para nosotros es inaceptable que alguien se burle de Dios”, opina Escada. “No hay nada de paradójico en que dos integrismos religiosos produzcan las mismas amenazas y la misma violencia. Releamos a Voltaire” opina Loret.

¿Una indignación dirigida?

Piss Christ  volvió a causar problemas el pasado 6 de septiembre cuando frente a las amenazas de los integristas, el Museo de Bellas Artes de Ajaccio, en Córcega. La obra, sin embargo, había estado expuesta desde finales de junio sin levantar ninguna polémica. Si la los trabajos de Serrano y McCarthy, las obras de Castellucci (entre ellas su producción actual Go Down Moses) o aquellas presentadas en el Théâtre du Rond Point (como Golgota Picnic del argentino Rodrigo García) suelen ser blanco de sabotajes y manifestaciones callejeras, otros eventos artísticos con contenidos que podrían considerarse eróticos o blasfematorios, se han presentado con toda tranquilidad. En los últimos años, las galerías nacionales del Grand Palais expusieron las fotografías de Larry Clark (ricas en escenas de adolescentes drogándose y teniendo sexo), una retrospectiva de Keith Harring (que mezcla símbolos religiosos y sexuales además de tener una fuerte carga política) y una muestra de  Robert Mapplethorpe  (con imágenes de la escena gay sadomasoquista neoyorquina de los años setenta), sin que ninguno de estos eventos suscitara reacciones fuertes en su contra.

“Simplemente no podemos pedir a nuestros simpatizantes de estar manifestándose todo el tiempo. Hay que establecer prioridades. En el caso de McCarthy, fue el carácter público de ese juguete sexual para sodomitas instalado en el corazón de París” dice Escada.

Las protestas no sólo afectan las manifestaciones artísticas. El llamado de la organización SOS Éducation  contra la exposición educativa “Zizi Sexual », que a partir de los protagonistas de un comic explica a los niños varios aspectos de la sexualidad, recogió casi 50.000 firmas. Hace siete años, cuando dicha exposición se presentó por primera vez los opositores en firmar fueron menos de 7.000.

Para Loret el resurgimiento del populismo de extrema derecha va de la mano con la frecuencia e intensidad de las polémicas. Junto al ascenso del Frente Nacional está la división que generó la proposición de ley del matrimonio humanitario. De la frustración de quienes no lograron detener el proyecto nacieron otros movimientos que se oponen ahora a la adopción por parte de parejas del mismo sexo y a la inseminación artificial para parejas de mujeres. Entre ellos están Primavera Francesa y La ManifPourTous, que a pesar de tener sus distancias con los más tradicionales (Civitas los considera demasiado tolerantes) han participado en las campañas contra varias manifestaciones artísticas en los últimos dos años.

El trabajo de Mcarthy no se basa en la provocación sino en la crítica”, señala Chiara Parisi, directora del Palacio de la Moneda, institución que alberga la exposición “Chocolate Factory”. Ésta, la más reciente creación de McCarthy una fábrica de juguetes sexuales hechos de chocolate que el artista usa como metáfora de la producción en masa. Luego del incidente del plug anal y de que un transeúnte lo increpara e intentara abofetearlo, McCarthy decidió que no se presentaría en ningún evento público en los próximos meses.

 

 

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