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A viajar en globo

El Encuentro Internacional de Arte Contemporáneo de Medeillín (MDE07) comienza en abril a sorprender a los paisas. Globos, murales vivos, fuentes de energía y tatuajes serán las primeras internvenciones.

2010/03/15

Por Mauricio Builes

El artista argentino Tomás Saraceno decidió volar en parapente desde uno de los cerros de Medellín. Fue lo primero que hizo cuando llegó a la ciudad hace veinte días. Volar sobre el Valle de Aburrá era un requisito indispensable para realizar su obra. Saraceno quiere hacer un globo gigante de plástico y lanzarlo desde cualquier barrio y para eso necesitaba conocer las corrientes de aire. Desde hace cuatro años trabaja con globos. Con globos o con cualquier objeto inflable que logre recrear su gran obsesión: las ciudades voladoras. Su trabajo ya ha sido presentado en la bienal de Moscú en 2005 y en diferentes museos de arte contemporáneo de Europa y América.

En menos de un mes Saraceno espera tener tantas bolsas plásticas como para formar un globo de, por lo menos, diez metros de longitud. Algunos colegios y líderes comunales de Medellín han sido los encargados no solo de recoger cuanta bolsa encuentren en la calle sino de unirlas hasta formar la obra. La idea es que el globo se eleve gracias al calor solar. Es decir, no hay mechas encendidas ni ningún otro tipo de combustible.

Pero el cielo no será el único escenario del arte en Medellín. Las quebradas de sus corregimientos también serán intervenidos por una artista. Se trata de Marjetica Potrcis, una arquitecta eslovaca que ya ha participado en las bienales de São Paulo (1996 y 2006) y Venecia (2003). Ella ha decidido aprovechar la riqueza hídrica de Santa Helena –un corregimiento a una hora en carro desde la ciudad– para hacer una obra donde la exclusividad no dependa de la estética. La obra de Marjetica –que se expondrá a mediados de abril– será un generador de energía que le ayude a las personas más pobres de Santa Helena. ¿Que si eso es arte? Sí, dice la artista, es arte contemporáneo.

Como también lo es una planta muerta. Rodrigo Bueno, un artista brasileño interesado en trabajar con las comunidades indígenas de su país y con la gente de las favelas ha elaborado todos sus proyectos a partir de la reivindicación de las plantas y su relación con el hombre. En MDE07 no será la excepción. Rodrigo, junto con el pintor antioqueño Freddy Serna, está construyendo un mural vivo en el café galería La Jíkara en el barrio Castilla, en la comuna noroccidental de Medellín. Freddy prefiere llamarlo “solar ecológico” porque está siendo construido a partir de la basura (plantas muertas y madera) que se encuentren en la calle.

Y para los que no les interesan los talleres o los murales, MDE07 les da la posibilidad de tatuarse una planta en el cuerpo. En eso consiste la intervención del artista colombiano Alberto Baraya, quien participó el año pasado en la Bienal de São Paulo con la construcción de un árbol de veinte metros de longitud. “Todos tenemos que ver con ellas así las odiemos” dice Baraya quien buena parte de su vida como artista la ha dedicado a clasificar las plantas de plástico según su uso: plantas de aeropuerto, plantas como complementos de la moda, plantas de apartamento, de iglesia, de consultorio… y dentro de este listado también están las plantas que se tatúan. Después de una búsqueda de imágenes botánicas en el Museo de Antioquia, Alberto seleccionó cincuenta que fueron repartidas entre los principales tatuadores, de la ciudad para que fueran ofrecidas a las personas que quieran tener una en el cuerpo. Al final del encuentro, el artista regresará donde los tatuadores quienes se comprometieron a tomarle fotos a cada imagen tallada. “Se ofrecen tatoos botánicos”, dice un clasificado por estos días en Medellín.

Así está la oferta de arte contemporáneo en Medellín. Extravagante, moderna, divertida y popular. A partir del 15 de abril las intervenciones públicas, por fin, comenzarán a notarse.

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