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El ilusionismo hecho arte

Daniel Salamanca revisa la obra de Leandro Erlich.

2010/10/19

Por Daniel Salamanca

En estos días he tenido interesantes conversaciones con algunos de mis más próximos amigos, y quienes a pesar de no ser necesariamente artistas, comparten conmigo ese gusto inexplicable por las artes visuales y sus derivados.

Todos parecemos comprender que en ese mundo de utopías visuales se esconde la verdadera esencia del ser humano y su devenir más profundo. Por ello nos interesa. Y entre ese ir y venir de palabras y opiniones aterricé entonces en la maravillosa obra de Leandro Erlich, un argentino de 37 años, que le ha dado la vuelta al mundo con sus inverosímiles instalaciones.

Y es que cuando uno se pone a reflexionar, los artistas siempre han sido algo muy parecido a los magos. Unos tipos y tipas a los que les dieron un papel y un lápiz e hicieron un dibujo. Luego transformaron la arcilla en barro y esto en esculturas. Le dieron vida a personas gracias al buen uso de un pincel y hoy día de una proyección logran recrear un espacio. Esto sin contar mil y un otras formas de ilusionismo y reinterpretación de la realidad, que hacen las delicias del espectador.

Y bien, Leandro Erlich es precisamente uno de esos hechiceros contemporáneos.

Un recreador de espacios y situaciones que aún explicadas, cuestan mucho creer y entender. Les hablo por ejemplo de estar dentro de una piscina, viendo el agua por encima de la cabeza, y no mojarse. De retar la gravedad en una torre sin necesidad de moverse del lugar de visión de la obra, o inclusive, de percibir el reflejo de un edificio desde un interior que en realidad está totalmente cerrado. Y estas son solo algunas de las peripecias visuales que se ha inventado este falso arquitecto. Un prestidigitador latinoamericano al que lo trasnocha la idea de habitar un espacio y la funcionalidad de estos. Un Escher que se pasó a las tres dimensiones y un Georges Rousse que construye, no sólo desde un plano y un punto de vista, sino desde todas las dimensiones, incluidas las perceptivas.

Todas su obras traen intrínseca una reflexión sobre el mundo que habitamos y cómo le damos poca importancia a este y a sus elementos más sencillos. Es el caso por ejemplo de las puertas, escaleras o ventanas, que a pesar de pasar desapercibidas en el día a día, son elementos simbólicos muy fuertes que construyen abstractamente nuestro entorno. Así mismo hace un comentario directo a la no funcionalidad del arte y activa la consciencia crítica del espectador frente a la noción de espacio. Y lo más interesante es que la gran mayoría de sus trucos, a pesar de parecer alucinantes, parten de entendimientos básicos y obvios de la realidad. Porque más que aparatosas maquinarias o ‘gallos’ extra tecnológicos, lo que hace Erlich es poner en escena una serie juegos de percepción basados en mecanismos de refracción de la luz, modificación de estructuras y simulación de ambientes y materiales. Por ello la obra es accesible y genera una lectura por demás, extremadamente lúdica.

Este año estuvo exhibiendo su proyecto Lost Garden en el Museo de arte latinoamericano de Long Beach. Una estructura triangular que gracias a un único espejo, da la sensación de ser un cuadrado perfecto, lleno de flores, plantas y hortalizas. Ilusión, en su máxima expresión.

Pueden, además de visitar su página, encontrar más información en varias de las galerías que lo representan, entre ellas la Sean Kelly de Nueva York, Ruth Benzacar en Buenos Aires o Nogueras Blanchard en Barcelona.

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