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Los Carpinteros: límites entre diseño y arte

Daniel Salamanca reflexiona sobre los límites del arte y del diseño a partir de la obra del colectivo Los Carpinteros.

2010/06/24

Por Daniel Salamanca

Me atrevería a decir que la carpintería es uno de los oficios más antiguos dentro de la baraja de disciplinas en las que se han embarcado los seres humanos. Con empeño y dedicación, sumados a infinidad de herramientas de trabajo, una cantidad considerable de hombres han dedicado su vida a ampollarse las manos, con la única intención de fabricar maravillosos objetos en madera.

Puertas y ventanas, esos portales del tiempo y el espacio, fueron la primera excusa para dedicarse a la tarea de crear. Luego vinieron millones de objetos que hoy en día son diseñados industrialmente y que como su nombre bien lo dice, son fabricados en serie y gracias a una cadena mecánica. Y tanto aquellos hechos artesanalmente por los carpinteros de antaño, como los concebidos para reproducirse en masa por diseñadores actuales, son objetos cuya forma y estructura son interesantes, pero que por sobre todas las cosas, son utilitarios. Y lograr el equilibrio, es tal vez lo más difícil. Esto sin pensar en que todo objeto proviene de una búsqueda y una reflexión conceptual que lo haga tener sentido. Es decir, primero lo primero.

En el límite entre el diseño industrial, la carpintería y el arte, se sitúan un par de creadores cubanos que se han dedicado, como dice la curadora Corina Matamoros Tuma, a “inventar el mundo”. Marco Antonio Castillo Valdés, nacido en 1971 en Camagüey, y Dagoberto Rodríguez Sánchez originario de Caibarien, son dos artistas contemporáneos dedicados a realizar objetos, instalaciones y diseños (pensando en un dibujo que recrea una idea), absolutamente alucinantes. En general su modus operandi es acudir a objetos y piezas que todos reconocemos como comunes, y luego, a partir de esa identificación propia de la costumbre, generar nuevas lecturas y propuestas. Dicho en ejemplos cercanos, se me vienen a la cabeza un montón de situaciones que explican cómo en la cotidianidad cualquier persona utiliza esa chispa creativa sin darse cuenta. Hacer de una cajetilla de cigarrillos una camisetita polo, ponerse una sábana para pasar por fantasma o hacerle bigotes a la chica linda que aparece en la revista.

Esto, llevado al extremo, es la estrategia de LOS CARPINTEROS, quienes convierten una granada en un necessaire y hacen de una montaña rusa un colchón y una cama sui-géneris. Haberlos encontrado ha sido todo un deleite. Y más, cuando proponen ver una de sus instalaciones como si uno estuviera directamente ahí.

Al final queda esa sensación de quiebre que generan los ‘ready’made’ de Marcel Duchamp y abre esa discusión lógica que hace que en general sea difícil saber quien es artista y quien diseñador. La respuesta es simple. Es artista quien decide serlo y diseñador quien hace lo mismo. Cada uno, aunque hace cosas muy similares, a veces inclusive idénticas, responde a los criterios validación que le impone cada una de sus esferas profesionales. Nada más.









Y si no, los invito a mirar el trabajo de dos jóvenes diseñadores industriales colombianos, que cada uno por su lado, se destaca en el panorama del diseño europeo. Les hablo de Felipe Ribón y Juan Pablo Naranjo, quienes poseen sus propios estudios en Francia.

Así mismo, y para quienes les interese, actualmente se exponen en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, los resultado del premio injuve, que son otra muestra de la dificultad por cernir los límites entre esta clase de disciplinas. Igual pasa en la comparación: artista vs cineasta-arquitecto-músico-escritor-periodista. Todo depende de la obra y qué decide ser cada cual.




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